"Siempre juntas, Ra": el mensaje que hoy acompaña la espera de una hermana en terapia tras el accidente en Adamuz - Revista Para Ti
 

"Siempre juntas, Ra": el mensaje que hoy acompaña la espera de una hermana en terapia tras el accidente en Adamuz

Días antes de la tragedia ferroviaria, Ana García Aranda le dedicó un posteo lleno de amor a su hermana Raquel. Hoy, esa mujer está internada en terapia intensiva, embarazada de cinco meses, mientras su familia espera que ambas vidas resistan.
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“No podía acabar el año sin darle las gracias a mi hermana/mejor amiga por los momentos tan especiales que me regala”. El posteo es Ana García Aranda, la sobreviviente del accidente del tren en Adamuz que se viralizó por su testimonio hablando de su hermana Raquel y de Boro, el perro que estuvo perdido y finalmente apareció. El posteo es del 28 de diciembre. No hay dramatismo, ni despedidas, ni frases solemnes. Solo gratitud, amor y una certeza dicha sin miedo: “Siempre juntas, Ra”. Un brindis, un corazón rojo, una promesa de esas que se escriben sin pensar que pueden ser puestas a prueba tan pronto.

Días después, esa frase quedó suspendida en el tiempo. Ana García Aranda tiene 26 años. Raquel, su hermana mayor, 32. Son malagueñas, viven y trabajan en Madrid. Raquel es abogada, Ana profesora. Comparten algo más que un apellido: se llaman “hermana/mejor amiga”. Lo escriben así, sin elegir entre una cosa u otra.

Ese fin de semana habían vuelto a Málaga para ver a su abuela enferma. Un viaje breve, familiar, casi rutinario. El regreso a Madrid lo hicieron juntas, en el tren Iryo que descarriló en Adamuz. Raquel está embarazada de cinco meses. Viajaba en el vagón 7, con Boro, el perro de ambas, apoyado a su lado. Ana iba sentada unas filas más adelante.

“El tren empezó a ir muy rápido”, recordaría después Ana. Luego vino el ruido, el movimiento imposible, la oscuridad. El vagón quedó suspendido en una inclinación que no terminaba de caer. Y en medio de ese caos, Ana se giró.

Vio a su hermana. Ese gesto mínimo se convirtió en algo definitivo. “La miré como despidiéndome”, diría más tarde. Como si el cuerpo hubiera entendido antes que la mente.

Raquel perdió el conocimiento. Ana intentó llegar hasta ella, pero no pudo. Había hierros, restos del tren, personas heridas. Alguien le gritó que estaba pisando a una niña. Y se detuvo. A ella la sacaron por una ventana. Desde afuera, volvió a mirar hacia adentro y gritó lo único que podía decir:
—“¡Está embarazada!”

Ese dato activó el rescate. Los bomberos entraron. La sacaron. La ambulancia se la llevó. Desde entonces, la vida de Ana transcurre en una sala de espera sin relojes.

Raquel permanece internada en terapia intensiva. Está sedada e intubada. Sufrió una fractura vertebral y un traumatismo craneoencefálico. Los médicos que controlan su evolución con cautela. El estado es crítico y estable, esa combinación que obliga a las familias a aprender a esperar.

Hay una certeza mínima que sostiene todo: el bebé tiene latido. No hay pronósticos. No hay garantías. Solo ese pulso que insiste.

El posteo de Ana volvió a circular. Las palabras se leen hoy con otra densidad. “Por seguir queriéndonos siempre tan bonito”. “Por seguir formando este equipazo toda la vida”. Frases que no sabían que estaban dejando constancia de un vínculo que ahora pelea contra lo impensado.

En medio del caos también desapareció Boro, el perro que viajaba con ellas. Ana cree que Raquel intentó protegerlo en el impacto. Su búsqueda se volvió viral. Porque incluso en las tragedias, lo pequeño importa. Porque el amor no distingue tamaños.

En ese mismo posteo, Raquel le respondía a su hermana: "Ay que lloro... Solo puedo decir que te adoro y que para mí es un regalo la relación que tenemos y lo que nos queremos. A seguir viviendo la vida juntas. Te adorooo❤️❤️"

Adamuz, un nombre que hasta ayer era apenas un punto en el mapa, quedó cargado de historias suspendidas. De familias esperando. De promesas que hoy duelen de otra manera.

Y mientras tanto, en algún lugar del hospital, una mujer duerme. Su cuerpo sostiene dos vidas.
Y una hermana, afuera, sigue aferrada a esa frase escrita sin miedo, sin presagios, sin saber: "Siempre juntas, Ra... A seguir viviendo la vida juntas".

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