Una casa, un clan y la necesidad de no soltarse: la historia de cómo nace una marca "familiar" - Revista Para Ti
 

Una casa, un clan y la necesidad de no soltarse: la historia de cómo nace una marca "familiar"

casaclan destacada
Sol e Ilan Szpigiel cuentan cómo una infancia marcada por mudanzas y un ritual familiar que se sostenía a pesar de todo terminó convirtiéndose en Casaclan: una marca que busca vender pertenencia.
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Hay historias que se sienten antes de contarse. Como cuando abrís la puerta de una casa y el aire ya te dice que ahí pasó algo: una mesa que fue punto de reunión, un sillón que guardó confidencias, cajas apiladas que crecen como una marea silenciosa y un departamento que, sin querer, se convirtió en el corazón de una marca.

Casaclan nació así: en una casa real, con tres hermanos reales —Micaela (30), Sol (27) e Ilan Szpigiel (22)— y una idea que, al principio, no tenía forma de empresa. Tenía forma de abrazo.

Su historia empieza mucho antes de la ropa. Empieza en la experiencia de mudarse, de dejar atrás amigos, rutinas, lugares, y aprender a armar hogar de nuevo. "En todo lo que son mudanzas uno deja muchos amigos, deja una vida, arranca de cero", contó Sol. Y en ese “arrancar de cero”, algo se mantenía firme.

"Nosotros estábamos todo el día juntos y teníamos un poco esa hermandad que, fuera de que todo cambiaba, eso se mantenía", agregó. Ahí apareció el concepto que después sería nombre, estética y filosofía: el clan como refugio, como base, como casa portátil.

Con los años, la vida se acelera. Y lo que era encuentro espontáneo se vuelve un lujo difícil de sostener. Pero ellos tenían un ritual: estar juntos. "Los sábados era como un ritual de estar los tres juntos", recordó Sol. Hasta que ese ritual empezó a costar.

"Cada uno empezaba a agarrar su laburo, empezaba a crecer… y costaba un poco mantener eso", añadió. En 2022, Micaela propuso algo que no sonaba a emprendimiento, sino a salvavidas emocional.

Casaclan está atravesado por la historia familiar.
Casaclan está atravesado por la historia familiar.

"Quiero que hagamos algo juntos, que sea como nuestro lugar de encuentro”, explicó Ilan. Ahí nació el plan: hacer algo entre hermanos, algo que los obligara a volver a esa mesa, a ese “nosotros”.

“Casaclan”: un nombre que ya estaba escrito en la familia

Casaclan no se “inventó”: apareció. Ya vivía en la intimidad familiar, en una frase repetida, en una forma de moverse. “Todo el mundo decía: ‘tu familia es un clánico, se mueve uno, se mueven todos’”, contó Sol.

Y cuando el grupo familiar se amplió y entraron las parejas, el apodo quedó sellado. “Cuando hacemos el grupo familiar… le ponemos Casa clan”, recordó. Era perfecto: se armaba en esa casa y era para ese clan.

Los comienzos fueron chicos. Ínfimos, de hecho. Y por eso mismo, genuinos. “Estamos hablando de un emprendimiento que arrancó literalmente con menos de 200 dólares”, aseguró Ilan. Compraron buzos lisos, hicieron estampas con Canva y las primeras ventas fueron entre el círculo cercano.

Armamos los primeros cuatro modelos… que obviamente se vendieron en family”, declaró Sol. Las fotos, igual de caseras: amigos como modelos, el celular como cámara, edición a pulmón. Locaciones encontradas donde se podía.

No teníamos presupuesto, así que dijimos: con lo que tenemos, resolvemos”, afirmó Ilan. Y la casa empezó a mutar. Primero, una pieza con cajas. Después, dos. Después, el living. Después, todo.

Todo el tiempo se reinvirtió durante dos años… más cajas, más buzos, más prendas”, explicó Sol. La imagen se vuelve fácil de imaginar: el sonido del papel adhesivo, el olor a tela nueva, etiquetas, bolsas, cajas que ya no entran, pasillos cada vez más angostos. Una casa que era hogar y, a la vez, máquina.

Hubo un momento en el que Casaclan se volvió también un reloj: el calendario de despachos, la presión de cumplir, la adrenalina del “sold out”.

"Casaclan", un espacio de pertenencia.
"Casaclan", un espacio de pertenencia.

La gente se enfermaba y hacía sold-out de productos en preventa”, dijo Sol. Y entonces llegaban las noches largas. Noches donde la casa dejaba de dormir.

Viernes 4 de la mañana toda la familia ayudando a despachar todos los pedidos… una locura”, agregó. Ahí aparece la postal más fuerte de toda esta historia: jóvenes de veintipico, con la edad exacta para salir, pero eligiendo quedarse. Las manos cansadas, la música de fondo, el mate o el café, el cuerpo pidiendo cama, pero la mente encendida.

Preferíamos quedarnos acá y armar y despachar… porque la felicidad de lo que pasaba después… era indescriptible”, aseguró Ilan.

En 2023 decidieron dar el salto: fabricar desde cero. Pero se encontraron con el muro de siempre: cantidades imposibles para una marca que trabaja con drops únicos.

Te pedían 200, 300 del mismo modelo”, explicó Sol. Hasta que apareció un taller, un viernes de lluvia y un padre que abrió una puerta que no esperaban.

Veo algo en ustedes que realmente hace mucho tiempo no lo veo… me hacen acordar cuando yo empecé… los voy a agarrar y los voy a ayudar”, contó Sol.

Ese llamado fue un antes y un después: moldería propia, telas elegidas por ellos, procesos completos. Y también una validación emocional: alguien vio lo que ellos ya sentían.

“No es solo ropa”: una experiencia y un uniforme para pertenecer

En Casaclan, el producto puede cambiar. Lo que no cambia es el concepto. “Nosotros no vendemos ropa, nosotros vendemos una experiencia y una familia”, dijo Sol.

Ilan lo pone en palabras simples: al principio no soñaban “una marca” como objetivo final. Soñaban el hacer. “Cuando arrancamos no es que dijimos: ‘che, vamos a tener una marca de ropa’. Sino que dijimos: ‘che, ¿qué podemos hacer?’”, aseguró.

Y también explica por qué el primer disparador fue la calle, el día a día, lo que ellos mismos usaban.

Nos gustaba mucho toda la parte de los buzos oversize que capaz no estaba llegando a Argentina… y nosotros nos vestíamos así”, dijo Ilan.

Esa idea se convirtió en comunidad: “mesa chica”, mejores amigos, clientes que se reconocen entre sí. Un lenguaje compartido.

Casaclan=familia.
Casaclan=familia.

El uniforme del clan”, dijeron ellos, en modo broma, pero con una verdad clara detrás: pertenecer.

Con el crecimiento, la casa se volvió imposible para la vida cotidiana. Y ahí pasó algo que, para cualquier marca, sería impensado: los padres decidieron mudarse para que el proyecto pudiera respirar.

Nuestros papás deciden mudarse… y nosotros decidimos quedarnos con el departamento”, dijo Sol.

Lo remodelaron por completo y lo convirtieron en showroom, depósito y oficina. Pero lo importante no es el “local”. Es lo que representa.

No había un lugar más icónico… que la casa del clan, donde todo se creó de cero”, dijo Sol. Y cuando los clientes entran, sienten que ya estuvieron ahí.

Los clientes no pueden creer que está la mesa… y de repente ellos estaban sentados en ese sillón”, contó Sol.

La llamada impensada y el futuro, sin perder el origen

En octubre de 2025 llegó el mensaje que no se cree: la invitación vinculada a la Fashion Week de Nueva York.

Yo dije: ‘estafa piramidal’… un link yo no me meto ni en pedo”, dijo Sol. Pero era real. Y, como siempre, se activó el clan: todos juntos, a contrarreloj, armando una cápsula nueva. Con ese lema que los define: First Brothers.

Mica, Sol e Ilan cuando eran chicos.
Mica, Sol e Ilan cuando eran chicos.

Mientras sueñan con seguir creciendo, insisten con el mismo norte: fortalecer Argentina, provincia por provincia, sin perder el corazón comunitario.

Primero queremos cubrir todo lo que sentimos que es nuestro espacio… hay un mercado enorme”, dijo Ilan.

Casaclan se construyó con algo que no se compra: constancia, familia y esa sensación de “volver a empezar” como forma de vida. Mudarse, recomponer, crear hogar, armar comunidad.

Y tal vez por eso la marca conecta: porque no se trata solo de buzos, drops o tendencias. Se trata de algo que todos entendemos, aunque no lo digamos: la necesidad de pertenecer.

Mica, Sol e Ilan cuando eran chicos.
Mica, Sol e Ilan cuando eran chicos.

Como si cada caja apilada, cada madrugada de despacho y cada prenda con una frase escondida dijera lo mismo, bajito, al oído: cuando todo cambia, lo único que te salva es tu gente.

No es que viene y te compra un buzo para comprar un buzo… necesita que tenga su espacio y ser parte”, dijo Sol.

Y ahí, en esa idea, Casaclan vuelve a su origen. Porque su historia no es solo la de una marca que crece, sino la de tres hermanos que encontraron una manera de repetirse lo mismo, una y otra vez, como promesa: vamos a volver a empezar, pero esta vez no estamos solos.

Fotos: Diego García

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