El clean look, símbolo de naturalidad y perfección, empieza a quedar atrás. En su lugar, crece una belleza más creativa, donde el maquillaje vuelve a ser protagonista.
Piel luminosa, maquillaje casi invisible, cejas peinadas hacia arriba y rodete pulido. Durante años, esa fue la imagen dominante en belleza. El clean look -también conocido como clean girl aesthetic- se instaló como ideal aspiracional en redes y rutinas diarias.
Pero ese modelo, que parecía inquebrantable, empieza a mostrar señales de desgaste. En los últimos meses, la conversación cambió y nuevas formas de llevar el maquillaje empiezan a ganar lugar.

Cuando el clean look deja de sentirse natural
El atractivo inicial del clean look estaba en su promesa: verse natural. Después de una etapa marcada por el contouring intenso y el maquillaje cargado, la idea de una piel fresca resultó un cambio claro.
Sin embargo, esa naturalidad escondía una construcción más compleja. “El look natural perfecto no era tan natural: requería rutinas extensas de skincare, productos específicos, iluminación estratégica y, muchas veces, filtros digitales”, explica Sabrina S. Alberti, especialista en marketing cosmético, innovación y desarrollo de producto.
Con el tiempo, ese minimalismo extremo empezó a percibirse repetitivo y predecible. “El resultado fue una estética que pretendía parecer effortless pero que en realidad establecía un nuevo estándar de perfección difícil de alcanzar”, detalla.
Más color y más juego: el giro que marca la tendencia
En paralelo, otras estéticas comenzaron a ganar terreno. La escena beauty se llena nuevamente de color, texturas y propuestas más visibles.
Sombras vibrantes, delineados gráficos, brillos y combinaciones inesperadas vuelven a aparecer tanto en redes como en looks editoriales. “La nueva etapa de la belleza parece moverse en dirección opuesta: después de años de neutralidad, la creatividad vuelve a ocupar el centro de la escena”, señala Alberti.

En este contexto, el maquillaje deja de esconderse y recupera protagonismo. La búsqueda ya no pasa por una piel perfecta, sino por explorar distintas formas de expresión.
El maquillaje como forma de expresión cotidiana
Detrás de este cambio también hay un contexto más amplio. En un escenario atravesado por la saturación digital y la incertidumbre, el maquillaje aparece como un espacio accesible para experimentar.
“Cambiar un delineado, probar colores intensos o crear looks inesperados se transforma en una forma simple de expresión y de escape”, agrega la especialista.

En esa lógica, el maquillaje recupera un sentido más lúdico. Deja de ser solo una herramienta de corrección para convertirse en una forma de juego y de construcción de identidad.
Un cambio de etapa, no una desaparición
El giro no implica la desaparición total del clean look. Algunos de sus valores siguen presentes.
“Las preocupaciones por la calidad de los ingredientes, la transparencia de las marcas y las formulaciones más cuidadas siguen siendo relevantes”, remarca Alberti.
Lo que cambia es la forma en que se construye la imagen. La estética minimalista pierde centralidad y convive con propuestas más expresivas.
Un nuevo ciclo en la belleza
Las tendencias en belleza funcionan por ciclos. Después de un período dominado por la naturalidad extrema, el movimiento hacia una estética más libre aparece como una evolución.

“El maquillaje invisible empieza a ceder espacio a una etapa más colorida y menos rígida”, concluye Alberti.
En este nuevo escenario, la perfección deja de ser el objetivo principal. En su lugar, gana terreno algo más flexible: la posibilidad de experimentar y jugar con el propio rostro.
Sabrina S. Alberti es Especialista en Marketing Cosmético, Innovación y Desarrollo de producto.


