Elegir un perfume, ya sea para uso personal o para regalar, es mucho más que encontrar una fragancia agradable. Un aroma expresa personalidad, estilo de vida y hasta la forma en que nos vinculamos con los demás. El perfume correcto no solo acompaña: comunica quiénes somos.
Según explica Nina Lamaison, especialista en fragancias y creadora de perfumes que conectan aromas, emociones y recuerdos, la elección ideal no debe hacerse al azar. Existen claves que ayudan a encontrar una fragancia que genere conexión, identidad y memoria.
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Pensar en la persona, no solo en el aroma
El primer paso es mirar más allá del frasco. Antes de elegir, conviene preguntarse: ¿la persona es activa o tranquila? ¿Prefiere lo clásico o lo moderno? ¿Busca pasar desapercibida o dejar huella?
Un perfume bien elegido no se impone: se integra naturalmente a la identidad de quien lo usa. Cuando eso sucede, el aroma se vuelve parte del lenguaje personal.
Entender las familias olfativas y lo que transmiten
Las familias olfativas funcionan como un verdadero mapa emocional que orienta la elección. Cada una transmite sensaciones diferentes:
- Florales: evocan delicadeza, romanticismo y sensibilidad.
- Amaderados: expresan elegancia, seguridad y sofisticación.
- Orientales o ambarados: sugieren intensidad, sensualidad y profundidad.
- Cítricos: transmiten frescura, energía y naturalidad.
- Gourmand: aportan calidez, cercanía y notas dulces reconfortantes.
Conocer estas categorías permite elegir con mayor intención y coherencia, alineando el perfume con la identidad de quien lo llevará.
Considerar el estilo de vida
El perfume ideal también dialoga con la rutina. Quienes tienen jornadas extensas o entornos laborales formales suelen inclinarse por fragancias equilibradas y versátiles. En cambio, estilos de vida más creativos o sociales permiten aromas más expresivos y con mayor carácter.
La clave está en que el perfume acompañe sin desentonar, potenciando la presencia en cada contexto.
Elegir según el momento y el entorno
No todos los perfumes funcionan igual en todas las situaciones. Las fragancias frescas y luminosas suelen acompañar mejor el día y los climas cálidos, mientras que los aromas más envolventes y profundos destacan en la noche o durante las estaciones frías.
Pensar en el contexto ayuda a que el perfume no solo complemente, sino que también eleve la experiencia.
El poder de construir memoria
El perfume tiene una cualidad única: fijar recuerdos. Un aroma puede transportar a un momento, una persona o una etapa de la vida con una intensidad sorprendente.
Por eso, cuando una fragancia está bien elegida, deja de ser un objeto y se transforma en una huella emocional. Elegir un perfume es, en definitiva, elegir una forma de presencia: una decisión sensorial, pero también profundamente emocional.

