La transparencia de los muros vidriados, que generan capas visuales sucesivas y profundas, le dan a este proyecto una identidad única: una sucesión de espacios fluidos y donde se respira armonía, tejen el ADN de esta casa, proyecto conjunto de los arquitectos Mirandolina Di Pietrantonio y Roberto Carratù, el estudio Oon Architecture y el interiorismo de Luciana Urteaga.
Se trat de una vivienda vanguardista, que resume en tres palabras -síntesis, calma y liviandad- los fundamentos de su espíritu.
El living: el corazón de la casa/caja de cristal

Fluidez, calma y conexión con el entorno es lo que propone este living concebido como un gran estar abierto. El río y la vegetación se integran visualmente gracias a los paños de vidrio de piso a techo que difuminan los límites y refuerzan la idea de continuidad entre interior y exterior.
La pared opuesta, íntegramente revestida en mármol (diseño de Luciana Urteaga en mármol Luxury White), suma otra nota de diseño.
Todo el interiorismo acompaña este gesto arquitectónico con una distribución flexible. El equipamiento se organiza de forma orgánica sobre una superficie neutra. Los pisos de gran formato en tono gris suave, las alfombras aterciopeladas y los textiles naturales aportan textura sin estridencias, en sintonía con el espíritu contemplativo de la vivienda.
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La nobleza de los materiales

La elección de materiales nobles y una paleta cromática serena refuerzan la atmósfera de calma de esta propuesta.
Los sillones modulares de gran escala en tonos piedra y arena abrazan a las mesas bajas (ambos de Roche Bobois) y de arrime (diseño de Luciana Urteaga) sobre las alfombras color piedra (Roche Bobois).


El espacio se prolonga hacia el comedor y la cocina en un único gesto continuo, donde cada sector se define sin cerramientos, solo mediante el equipamiento y la luz. En uno de los extremos, un jardín interior aporta frescura y vitalidad, reforzando la relación con la naturaleza incluso desde el núcleo de la casa.
Un comedor sobrio y elegante

Este ambiente conjuga con sobriedad y elegancia dos espacios esenciales: el comedor y la cocina de concepto abierto. La propuesta integra ambas funciones en un mismo lenguaje visual, donde cada elemento ha sido pensado para equilibrar estética y uso.
El diseño monolítico de la isla, materializada en Dekton lunar, dialoga con el resto del espacio sin imponerse, acompañada por banquetas de madera natural y cuero claro (Nosten) que aportan calidez y continuidad con el comedor. Y la iluminación lineal (La Feliz) acompaña de manera casi imperceptible.

En continuidad, la mesa de comedor en madera natural con bordes redondeados (Nosten) se extiende generosa y sin artificios, acompañada por sillas tapizadas en cuero claro con estructura de madera maciza (Nosten) y por las lámparas Flag, diseño de Cristian Mohaded.
Al fondo, un mueble de piso a techo que oculta la funcionalidad detrás de superficies lisas y continuas.
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La importancia de la distribución y la circulación

Una biblioteca XL llega desde el pasillo de distribución hasta el ambiente que ocupa el escritorio y sala de tevé. Su diseño, de lenguaje limpio y proporciones verticales, está compuesto por módulos de madera kiri con entrepaños en un tono neutro, generando un ritmo visual armonioso que acompaña el recorrido.
Cada nicho fue pensado para albergar libros y piezas decorativas con curaduría precisa: esculturas monocromáticas, cerámica artesanal y pequeños acentos de color que aportan vitalidad sin romper la sobriedad del conjunto.
La integración con el muro es impecable, como si la biblioteca naciera de la propia arquitectura, mientras que el piso gris de gran formato y el mobiliario de líneas suaves refuerzan una estética contemporánea, serena y sofisticada.
En contrapunto a la biblioteca, el escritorio de línea escultórica (diseñado para el estudio por United Stone) suaviza la geometría del entorno.
Lo acompaña un sillón ergonómico (Solsten). Completa este ambiente un área de estar con sofá bajo de líneas depuradas frente a un mueble empotrado en madera kiri que incorpora almacenamiento discreto y un nicho para la pantalla. Cortinas (Hunter Douglas).
En el hall de distribución donde imperan la doble altura y los tonos monocromáticos (blancos, piedra y grises), la arquitectura se transforma en atmósfera.
La luz natural proyecta diagonales vivas sobre los muros lisos y define con precisión las geometrías del espacio.

En diálogo con esa presencia intangible, una escultura mural blanca realizada por la arq. Mirandolina Di Pietrantonio se apoya sutilmente sobre un bloque de piedra natural, aportando textura al ingreso. La iluminan las lámparas de formas escultóricas Levante (Luceplan) que refuerzan la verticalidad del espacio. Cortinas Pirouette (Hunter Douglas) tamizan la luz.
Este espacio no solo funciona como transición entre interior y exterior, sino como una declaración de principios: aquí, el habitar se entiende como un acto contemplativo, donde cada elemento invita a detenerse, observar y respirar.
La casa de cristal contada por sus creadoras: “un refugio para el alma”

“La búsqueda de la quietud, de la luminosidad y de las proporciones son las directrices fundamentales de esta propuesta”, cuenta a para ti DECO la arquitecta Mirandolina Di Pietrantonio, una de las autoras de este proyecto.
Según describe Luciana Urteaga, a cargo del interiorismo, los dos niveles que conforman la casa “han sido concebidos como un recorrido de yoga que permite reencontrar el contacto entre cuerpo, mente y alma; un espacio donde retirarse y recuperar la calma y el silencio interior, cualidades esenciales para favorecer nuestro bienestar”, cuenta.


Los grandes ventanales conectan visual y sensorialmente con el exterior: el río y el paisajismo —diseñado por @neny_paisajista— se funden con la casa, la invaden con su calma y su ritmo orgánico, volviéndose parte esencial de la experiencia de habitar.
“Más que una vivienda, este proyecto fue la oportunidad de crear un refugio. Un espacio que, sin estridencias, invita al bienestar, al silencio y a una conexión profunda con lo esencial”, concluye Urteaga.
El dormitorio principal: un lugar de relajación

En la suite principal la paleta neutra dominada por tonos arena, piedra y blanco cálido, establece una atmósfera de absoluta serenidad.
El protagonismo lo tiene una cama de líneas puras, con base suspendida y cabecera corrida (diseño del estudio Luciana Urteaga), que integra mesitas flotantes, todo en madera clara mate.
Las texturas juegan un papel clave: el muro liso con acabado artesanal crea profundidad visual, la alfombra amplia y mullida (Kalpakian) define el área de descanso y la ropa de cama (Angelina Linen) evoca una estética hotelera. Al frente, una consola baja en madera natural con cubierta laqueada, sostiene a la tevé. El ventanal de piso a techo conecta el interior con una terraza privada, inundando el espacio de luz natural y verde.

En perfecta continuidad con el dormitorio, el baño en suite redefine el concepto de integración espacial. El vanitory de líneas depuradas y volúmenes sólidos se materializa como una gran pieza escultórica que parece emerger del suelo sin esfuerzo.

El espacio se baña de luz natural gracias a los ventanales de piso a techo que miran a un jardín interno, reforzando la conexión con el exterior. Las cortinas de lino filtran suavemente la luz, siempre acompañadas por blackouts (Hunter Douglas).
La revolución de la fusión interior y exteriores

El quincho abierto y luminoso redefine la convivencia entre interior y exterior, fusionando comedor, parrilla y estar en un solo gesto arquitectónico.
La transparencia domina el espacio gracias a los muros de vidrio de piso a techo que permiten que la vegetación circundante se convierta en un elemento más del interiorismo.
La zona de estar se concibe como una pausa dentro del recorrido. Los sillones de proporciones generosas (Roche Bobois) están tapizados en un tono piedra claro que refuerza la sensación de pureza y liviandad, mientras que la mesa baja central, de forma orgánica y superficie texturada, actúa como pieza de anclaje y punto de encuentro visual.

En el comedor del quincho, la mesa con cubierta de Neolith y estructura de madera dialoga en armonía con las sillas de madera de líneas suaves y proporciones generosas (todo de Nosten), mientras que la barra materializada en Dekton lunar aporta solidez y sofisticación. Frente a ella, una hilera de bancos altos refuerza el carácter social del espacio.
El detalle escultórico lo aportan las luminarias colgantes (La Feliz) y el centro de mesa (Rina Menardi).

La relación con el entorno fue un aspecto determinante del proyecto. A través de las grandes aberturas, el paisaje exterior —con especial protagonismo del río y el jardín— se incorpora al interior, diluyendo los límites entre arquitectura y naturaleza. El diseño paisajístico (llevado a cabo por Neny Paisajista) dio forma no solo al jardín, sino también a cada terraza, escalera y al ingreso.

Desde el acceso, un recorrido escalonado se insinúa entre la vegetación tropical, con árboles de pequeño porte y un mar de flores violetas y blancas. Los grandes ventanales permiten que especies de gran porte se proyecten visualmente al interior, borrando los límites entre adentro y afuera. Todo respira una continuidad orgánica.
Producción: Victoria Blanco. Fotos: Christian Beliera.



