Las vacaciones no suelen empezar con una discusión. Pero muchas veces terminan en una. No por falta de amor, sino por algo menos visible y más profundo: el modo en que convivimos cuando el tiempo deja de ser fragmentado y se vuelve continuo.
Cada verano se repite la escena. Parejas que regresan más cansadas que antes de viajar. Familias que hicieron promesas de “no discutir” y vuelven con tensiones acumuladas. Amistades que regresan con silencios incómodos. Aquello que debía relajar, tensa. Lo que se idealiza, expone.
Las vacaciones, lejos de ser un paréntesis del día a día, funcionan como una verdadera prueba emocional.
Desde el Coaching Ontológico entendemos que los vínculos no se tensan por el tiempo compartido, sino por la ausencia de conversaciones significativas. Cuando pasamos de elegir estar con otros a convivir de manera permanente, emerge con fuerza algo que muchas veces queda oculto durante el año: nuestras formas de pedir, de callar, de interpretar y de reaccionar emocionalmente.
No se trata solo de una percepción subjetiva. Según el Observatorio de Psicología Social de la UBA, los conflictos de pareja y familiares aumentan durante períodos de convivencia prolongada. Investigaciones de la Universidad de Barcelona advierten, además, que uno de los principales detonantes de esas tensiones es la ausencia de acuerdos previos: expectativas no habladas que, en convivencia intensiva, chocan de frente.
Durante el año convivimos “por partes”: horarios diferentes, rutinas, pausas, espacios personales. En vacaciones, todo eso se diluye. Quedamos cara a cara con el otro… y también con nosotros mismos. Aparecen preguntas incómodas pero necesarias:
¿Descansamos del mismo modo?
¿Necesitamos la misma cantidad de espacio personal?
¿Qué ocurre cuando uno quiere planificar y el otro improvisar?
¿Qué interpretamos como desinterés, rechazo o falta de compromiso cuando, en realidad, son necesidades distintas?
Desde una mirada ontológica, el conflicto no es el problema. El problema es no nombrarlo. Muchas personas viajan esperando que el descanso ordene lo que no se habló durante el año. Pero el descanso no ordena vínculos. Los vínculos se ordenan conversando.
Aquí aparece una clave fundamental del bienestar vincular: los acuerdos. No se trata de listas rígidas ni de negociaciones interminables, sino de conversaciones sinceras que habiliten claridad. Hablar de lo que cada uno necesita para sentirse bien, de lo que no está dispuesto a resignar, de las tensiones que ya existen y sería ingenuo negar.
Las vacaciones no fracasan porque discutimos, sino porque seguimos esperando que todo fluya sin incomodarnos. Y convivir sin incomodidad no existe. Lo que sí existe es la posibilidad de transformar la fricción en conversación, la expectativa en conciencia y la reacción emocional en aprendizaje.
Tal vez el verdadero descanso no sea evitar el conflicto, sino animarnos a atravesarlo sin dramatizarlo. Porque cuando dejamos de idealizar las vacaciones, empezamos a usarlas para algo mucho más valioso: revisar cómo nos estamos vinculando cuando el tiempo deja de apurarnos.
Cinco claves para convivir mejor en vacaciones
1. Hacer visibles las expectativas
No sufrimos por lo que ocurre, sino por lo que esperábamos que ocurriera. Nombrar expectativas antes o al comienzo del viaje evita reproches silenciosos y conversaciones pendientes.
2. Distinguir hechos de interpretaciones
En convivencia intensiva, la mente construye historias rápidamente. Volver a los hechos concretos permite descomprimir tensiones y evitar discusiones basadas en suposiciones.
3. Acordar espacios personales sin culpa
Pedir tiempo a solas no es alejarse del vínculo, es cuidarlo. Los espacios individuales fortalecen la convivencia y previenen resentimientos.
4. Transformar quejas en pedidos claros
La queja desgasta y genera defensas. El pedido ordena la relación y habilita respuestas responsables. Decir qué necesito es un acto de madurez emocional.
5. Leer el conflicto como información
El conflicto no es una falla del vínculo: es una señal. Escucharlo permite revisar acuerdos, ajustar expectativas y crecer relacionalmente sin dramatizar.
Las vacaciones no vienen a salvar vínculos, pero sí pueden revelarlos. Y a veces, ese espejo incómodo es la mejor oportunidad para volver del descanso con algo más valioso que fotos: conversaciones honestas que estaban pendientes de ser dichas.
Fuente: Yamila Martorell, psicóloga, MCoach, Vicepresidente de la Asociación Argentina de Coaching Ontológico Profesional AACOP
Suscribite al newsletter de Para Ti Deco
Si te interesa recibir el newsletter de Para Ti Deco cada 15 días en tu mail con las últimas novedades e ideas inspiradoras sobre decoración & lifestyle, completá los siguientes datos:


