Perfil de un abusador: cómo actúan y por qué son difíciles de detectar
 

El perfil del abusador: por qué el poder y la confianza son sus mejores escondites

El perfil del abusador por qué el poder y la confianza son sus mejores escondites
La reciente acusación contra un empresario de alto perfil por abuso sexual infantil reabrió un debate urgente. La especialista en criminología Laura Quiñones Urquiza explica las estrategias de manipulación, el mito de la infancia traumática y cómo el entorno familiar se convierte, muchas veces, en el escenario del peligro.
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La noticia impacta, pero el patrón se repite. Cuando surge una denuncia de abuso sexual infantil que involucra a figuras de poder -ya sean empresarios, profesionales o referentes sociales-, la primera reacción suele ser el desconcierto. ¿Cómo puede ser que alguien con una vida aparentemente "normal", una familia constituida y éxito profesional, sea capaz de semejantes actos? La respuesta, según los expertos, reside en la capacidad de camuflaje y en la manipulación del entorno.

Para entender este fenómeno, es vital despojarse de los prejuicios sobre cómo "debería" verse un delincuente sexual. La especialista en perfiles criminales Laura Quiñones Urquiza señala que, en muchos casos, las señales de alerta no son evidentes a simple vista. Esto ocurre especialmente con los denominados pederastas ocasionales o situacionales. Según explica la experta, estas personas "pueden estar casadas, tener pareja y llevar una vida convencional, lo que las vuelve extremadamente difíciles de detectar para el ojo no entrenado".

Diferente es el caso de los pederastas exclusivos, quienes solo eligen a menores como objeto sexual. Quiñones Urquiza sostiene que ellos "sí suelen ser más fáciles de identificar porque, por lo general, no se les conoce una pareja adulta y demuestran una preferencia marcada por pasar tiempo con niños, incluso más que sus propios padres".

El arma de la confianza y el peso del uniforme

Uno de los puntos más inquietantes del análisis de la especialista es cómo el abusador utiliza su posición social o profesional para anular las defensas de las familias. El poder no solo se ejerce a través del dinero, sino de la investidura. Quiñones Urquiza menciona que figuras "como los curas o los médicos logran ganar la confianza de los padres debido al respeto que impone su rol". El uniforme o el cargo actúan como una garantía de seguridad que, en la práctica, puede ser una trampa.

Esta dinámica de confianza ciega permite que el abusador no necesite salir a "cazar" a sus víctimas. En contextos de cercanía, como el caso del empresario actualmente bajo sospecha, "el delincuente no busca activamente menores en otros ámbitos, sino que aprovecha a los amigos de sus propios hijos. Los niños vienen a casa a través de alguien en quien confían, y los padres depositan su tranquilidad en ese vínculo". Es este acceso facilitado lo que les permite perpetuarse en el tiempo y continuar con los abusos sin levantar sospechas inmediatas.

La elección de la vulnerabilidad

No todos los niños son elegidos al azar. El perfilador criminal analiza que estos sujetos suelen elegir a quienes perciben como emocionalmente más vulnerables. Quiñones Urquiza detalla que suelen poner el foco en chicos que atraviesan procesos de divorcio, que provienen de familias disfuncionales o monoparentales. En esos momentos de confusión o necesidad de afecto, el abusador aparece como una figura proveedora de atención y cariño, utilizando esa carencia como un arma de manipulación.

Cuando el abuso ya ocurrió, y ante la imposibilidad de muchos niños de poner en palabras lo sucedido, el cuerpo y el arte hablan. La especialista indica que "en los dibujos suelen aparecer formas fálicas y que es común observar regresiones, como volver a orinarse en la cama". Sin embargo, recalca que estas señales no deben tomarse de forma aislada, sino como parte de un contexto de cambios de conducta.

El mito del abusador abusado: manipulación hasta el final

Existe una creencia muy arraigada de que todo pederasta fue una víctima en su infancia. Sin embargo, Quiñones Urquiza es tajante al desmitificar esta idea basándose en estudios científicos. "Solo el 30% de los delincuentes sexuales detectados sufrió abusos físicos, y un porcentaje aún menor fue víctima de abuso sexual durante su niñez".

Para la especialista, "este mito es utilizado por muchos pederastas ocasionales -quienes suelen tener diagnósticos de personalidad antisocial o psicopatía- como una herramienta de manipulación". Al decir que fueron abusados, buscan equipararse al lugar de las víctimas, logrando que el foco de la justicia y la sociedad se corra de la persona dañada hacia ellos mismos. Es una estrategia de control que demuestra el nivel de peligrosidad y frialdad con el que operan.

A diferencia de los delincuentes sexuales de adultos, que suelen iniciar su vida delictiva entre los 18 y 21 años, el pederasta reconoce sus inclinaciones mucho antes, generalmente entre los 14 y 16 años. Entender que el abuso no es un impulso incontrolable, sino muchas veces un acto motivado por el poder y la dominación, es el primer paso para proteger a las infancias de quienes usan su prestigio como escudo.

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