Hay palabras que se ponen de moda. A veces, por la repetición, otras porque sirven para englobar un cúmulo de cosas que previamente no tenían nombre y otras porque son recurrentes o representan una tendencia social.
Bueno, una de esas palabras es “procrastinar”. Cada vez más gente se acerca a terapia o necesita buscarle una vuelta a esa sensación. En términos amplios, procrastinar es patear para adelante algo que nos da incomodidad enfrentar o comenzar a accionar.
La procrastinación no es pereza necesariamente, si bien muchas veces se las emparenta. Hay gente que está todo el día haciendo cosas y así y todo procrastina. En ese caso no es tanto “fiaca” sino una forma de evitar una emoción incómoda, como puede ser el miedo, la inseguridad, la falta de claridad.
La procrastinación se puede dar en cualquier área de nuestras vidas. Por ejemplo cuando postergamos ir a un médico, tiramos para delante una charla, o contratar a alguien, o despedir una persona que sabemos está complicando la cultura de nuestra empresa.
Nadie domina todas las escenas
Lógicamente, no solemos procrastinar en todas las áreas sino en aquellas que tenemos menos desarrolladas. En ese sentido, todos fluimos -incluso desde niños- más en algunos aspectos de la vida y nos cuestan más otros.
Por ejemplo, un artista que tiene un mal día va a pintar, pero dudosamente salga a hacer una acción comercial, a menos que ya la haya tenido agendada previamente. Un contador, muy probablemente, preferirá estar sentado en su silla con su Excel, en lugar de dedicar ese tiempo a planificar una estrategia creativa.
Si bien esto es habitual, para poder sentirnos plenos (o lo más cercano a ello), las distintas facetas de nuestra vida deben estar medianamente alineadas. No alcanza con que seamos un 10 en nuestra profesión si obtenemos un aplazado en materia de salud. Tampoco estaremos del todo completos o conformes si somos un éxito en nuestras relaciones, pero manejemos pésimo las finanzas.
Si bien todos tenemos áreas donde nos sentimos más cómodos, hay un momento de la vida en el que llegamos a un límite emocional, físico o mental en el que ya no estamos dispuestos a seguir tolerando algo, tirándolo para delante.
Es el momento en el que decimos: “Hasta acá llegué” y tomamos una decisión firme que cambia nuestra dirección. Allí es importante detectar el nuevo camino que se emprende. Lo que nos da una satisfacción duradera, en general, no es tanto alcanzar metas, sino sentir que avanzamos, crecemos y nos movemos hacia algo mejor.
Entender para poder cambiar
El primer paso para poder cambiar, para dejar de procrastinar, es entender el porqué. Cuál es la razón que nos lleva a querer una cosa pero hacer otra. Se debe descubrir de dónde viene el boicot y apuntar a ponerle fin.
Y la hipnosis, entre otras herramientas, permite conectarse con aquel momento, aquella situación, el disparador que nos hizo actuar de cierta manera. Es habitual, también, que en terapia finalmente nos demos cuenta que, a la larga, el dolor que provoca la inacción termina siendo más profundo y duradero que la incomodidad que se quiere evitar.
También existen ciertos ejercicios y recomendaciones que pueden ayudar. Lo cierto es que la procrastinación no se vence sólo con “fuerza de voluntad”, sino vinculando la acción con algo que realmente nos importe. El ejercicio de escribir en una hoja de papel -no alcanza con pensarlo- por qué esa tarea es importante para nuestra vida o negocio y qué consecuencias tendrá no hacerla.
Otro buen consejo es dividir un objetivo grande en pasos muy pequeños y específicos, de forma que no haya tanta resistencia inicial a la acción. Por ejemplo, si el objetivo es correr y nos planteamos pasar de no hacerlo a meter 10 kilómetros, es muy probable que nunca comencemos. Pero si pensamos en metas cortas, como 3 kilómetros, luego 5 y así, las chances de dejar de procrastinar serán más altas.
Una posible recomendación es enfocarnos y visualizar el resultado, no la actividad. Por ejemplo, cerrar los ojos 1 minuto e imaginamos habiendo terminado la tarea: cómo nos sentimos, qué alivio o beneficio obtuvimos, cómo reaccionan los demás. En el running, ya que estamos con ese ejemplo, funciona muy bien.
Un truco que puede funcionar es apalancarse contándole a otra persona lo que vamos a hacer. El no querer fallarle o quedar mal, es probable que nos genere un impuso positivo a actuar.
En ese sentido es importante tener en cuenta que el gran desafío, aquí, no es lograr una súper meta, sino mover aquello que, por no querer enfrentarlo o tirarlo siempre para más adelante, nos deja quietos. Con el freno de mano puesto. Lo que da una satisfacción duradera no es tanto llegar a ese objetivo increíble que pudimos habernos imaginado, sino sentir que avanzamos, que crecemos y nos movemos hacia algo mejor.
Fuente: Paula Echeverria, terapeuta RTT certificada
Suscribite al newsletter de Para Ti
Si te interesa recibir el newsletter de Para Ti cada semana en tu mail con las últimas tendencias y todo lo que te interesa, completá los siguientes datos:


