Cada inicio de año se repite la misma escena frente al espejo o el escritorio: estiramos el brazo un poco más, buscamos el ángulo de luz perfecto o terminamos agrandando la letra del celular. Esa sensación de que "el brazo no nos alcanza" se vuelve el tema de conversación obligado en los reencuentros tras las vacaciones. Lo que durante el descanso bajo el sol pudo pasar desapercibido, hoy, frente a la computadora y los mails, se convierte en un obstáculo cotidiano que genera frustración.
La presbicia, conocida popularmente como vista cansada, es un proceso fisiológico natural asociado al paso del tiempo. "El cristalino es la lente natural del ojo que permite enfocar a distintas distancias. Con los años, pierde elasticidad y disminuye su capacidad de acomodación, es decir, de enfocar objetos cercanos", explica el Dr. Matías Deprati. No es una enfermedad, sino un cambio esperable que suele manifestarse a partir de los 40 años, pero que nuestra vida hiperconectada pone a prueba constantemente.
El "efecto vuelta a la rutina"
¿Por qué parece que el problema apareció de un día para el otro al volver a la oficina? No es casualidad. Durante el verano, solemos estar en ambientes abiertos, con luz natural y con una demanda visual de cerca mucho menor. Sin embargo, al retomar la agenda laboral, el esfuerzo se multiplica.
Según el especialista, "el regreso al trabajo, las jornadas prolongadas frente a pantallas y la vida hiperconectada hacen que un problema que durante el verano pudo pasar desapercibido se vuelva evidente". Esta exigencia visual constante actúa como un disparador que nos obliga a dejar de ignorar esos pequeños gestos que veníamos haciendo para compensar la falta de nitidez.
Señales cotidianas que no conviene ignorar
A veces no lo asociamos directamente con la vista, pero el cuerpo nos envía señales claras. Estar atentas a estos detalles es el primer paso para recuperar la comodidad en el día a día. Entre los signos más comunes, el Dr. Deprati destaca "la necesidad de alejar el celular para leer, la sensación de falta de nitidez en distancias cortas, la fatiga ocular al final del día y, en algunos casos, el dolor de cabeza asociado al esfuerzo visual".
Si bien los anteojos de lectura son la solución más conocida y segura, para muchas mujeres activas —especialmente en las etapas iniciales— su uso constante puede resultar incómodo o poco práctico. "Llevarlos a todos lados, ponérselos y sacárselos de manera constante o depender de ellos para tareas puntuales genera rechazo", señala el médico. En un ritmo de vida dinámico, esta dependencia suele percibirse como una interrupción constante a la agilidad que el trabajo hoy nos demanda.
Más allá de los anteojos: nuevas alternativas
Para quienes buscan opciones menos rígidas, la ciencia médica ha desarrollado alternativas que se adaptan mejor a la rutina moderna. Una de ellas son las gotas oftálmicas con pilocarpina en baja concentración, que deben ser indicadas exclusivamente por un profesional bajo receta.
"Este tratamiento actúa reduciendo transitoriamente el tamaño de la pupila y aumentando la profundidad de foco, lo que permite mejorar la visión cercana durante varias horas", detalla el especialista. Esta posibilidad de "flexibilizar" el uso de anteojos es un gran cambio para muchas personas. "A diferencia del uso permanente de lentes, esta opción permite trabajar sin ellos durante tramos del día —por ejemplo, en la jornada laboral— y combinarlos solo cuando es realmente necesario", agrega Deprati.
Esta herramienta es especialmente valorada por personas de entre 40 y 55 años con presbicia leve. Como explica el doctor, el objetivo no es siempre reemplazar los anteojos, sino "adaptar la solución a la rutina real y a cada actividad", permitiendo mayor libertad de movimiento.
La clave es personalizar
Es fundamental recordar que cada ojo tiene sus tiempos y necesidades. No existe una solución única que funcione para todas de la misma manera. "El tratamiento adecuado depende del grado de presbicia, de la salud ocular general, del estilo de vida y de las necesidades visuales de cada paciente", advierte el especialista.
En plena era digital, ya no tenemos por qué resignarnos a la incomodidad de ver borroso. La consulta médica es el paso esencial para descubrir que, hoy más que nunca, es posible volver a enfocar lo que importa con total claridad.
Fuente: Dr. Matías Deprati (MP 98.130), director médico de Laboratorio Elea


