El inicio de la escuela primaria marca un antes y un después en la vida de cualquier chico. No es solo el guardapolvo o la mochila nueva; cambia la dinámica del aula, los espacios se vuelven más grandes, las consignas suben de nivel y la autonomía empieza a ganar terreno. En este despliegue de novedades, hay algo que no podemos dejar pasar: asegurar que los canales de acceso al aprendizaje -la visión y la audición- estén en condiciones óptimas.
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Realizar un control a tiempo es una decisión preventiva de alto impacto. Silvia Ballester, fonoaudióloga, explica que, si bien en Argentina la mayoría de los recién nacidos accede al screening auditivo mediante otoemisiones acústicas, no hay que relajarse. “Es importante saber que existen hipoacusias de aparición tardía que no están presentes al momento del nacimiento y que pueden desarrollarse en los primeros años de vida”, señala la especialista. Por eso, el ingreso a primer grado se convierte en la oportunidad estratégica para un nuevo chequeo.
Un estudio simple para un gran cambio
Evaluar la audición no tiene por qué ser un proceso estresante para los más chicos. La audiometría tonal es un estudio simple, no invasivo y de rápida realización que permite determinar si la audición se encuentra dentro de los parámetros normales. Según Ballester, detectar a tiempo una disminución auditiva “puede marcar una diferencia sustancial en el desempeño escolar y en la experiencia cotidiana del niño”.
A esta edad, es muy común encontrarse con las llamadas hipoacusias conductivas. Muchas veces están asociadas a la propia anatomía infantil: la posición más horizontal de la Trompa de Eustaquio facilita que se acumule mucosidad en el oído medio. Esto genera una pérdida auditiva transitoria que, si se identifica a tiempo con una consulta al otorrinolaringólogo, suele tener tratamiento. La clave, como siempre, es la detección precoz.
Cuando el problema se camufla
Uno de los mayores riesgos de no realizar los controles es que las dificultades auditivas suelen ser "silenciosas". Un chico que no escucha bien no siempre sabe cómo ponerlo en palabras; simplemente se adapta como puede a su entorno.
“Cuando una dificultad auditiva no es advertida, puede quedar solapada y confundirse con problemas de atención, distracción o dificultades en el aprendizaje”, advierte la fonoaudióloga. Al garantizar que escuche correctamente, no solo mejoramos su rendimiento académico, sino también su seguridad personal y su capacidad para participar y disfrutar de la vida en el aula.
El detalle de la respiración: ¿por qué importa?
Además de los oídos, hay otro punto fundamental que los padres podemos observar en casa: cómo respiran los chicos. Ballester destaca que es vital notar si el niño respira mayormente por la nariz o si lo hace por la boca de forma sostenida.
“La respiración bucal sostenida, especialmente cuando el niño no está hablando ni comiendo y mantiene la boca entreabierta, es motivo de consulta con el especialista”, expone la experta. Este no es un detalle menor o puramente estético. Una mala respiración impacta directamente en la calidad de vida, pudiendo afectar el desarrollo de las estructuras faciales, la postura corporal y hasta el nivel de energía. Un chico que respira mal suele estar más cansado, pálido y con menos vitalidad para enfrentar el día escolar.
Acompañar este inicio de la primaria con los controles de salud adecuados es, en definitiva, una forma concreta de cuidar su bienestar integral. Queremos que el aprendizaje sea pleno desde el primer día, y para eso, escucharlos bien es el primer paso.
Fuente: Silvia Ballester – Fonoaudióloga MN: 4447 MP: 2530 – MBA Salud (candidate).
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