La sexta y última jornada de Argentina Fashion Week se vivió en el Palacio Libertad con una energía especial. Como todo final, no fue solo un cierre, sino también una síntesis: distintas miradas, distintas generaciones y una misma intención de expresar a través de la moda.
En pasarela, las colecciones hablaron de procesos, de emociones y de identidad. Desde lo artesanal hasta lo conceptual, pasando por la moda infantil, cada diseñador presentó su universo con una impronta clara y personal.
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Betina Pellegrino: el valor del diseño vivo

Con más de dos décadas de trayectoria, Betina Pellegrino reafirma su esencia desde un lugar muy genuino: el hacer. Su propuesta se construye desde el proceso, donde cada prenda es resultado de pruebas, decisiones y una mirada sensible sobre lo cotidiano.


La colección se apoya en la exploración de texturas, estampas y formas que no buscan imponerse, sino acompañar. Hay una idea clara de comodidad, pero también de permanencia: prendas pensadas para durar, para ser parte de la vida real.

Ese concepto de “Diseño Vivo” atraviesa toda la propuesta. Nada es rígido ni definitivo. Todo evoluciona.



Acquachiare: la infancia como universo creativo

Con “Fábula”, la diseñadora Alejandra Recouso propone algo más que una colección para Acquachiare: un relato. Inspirada en los libros y en la imaginación que atraviesa la infancia, la propuesta construye un universo donde lo sensorial y lo emocional se encuentran.

Los materiales juegan un rol clave. Terciopelos, tejidos italianos y detalles como el smock se combinan con denim y gabardinas, logrando un equilibrio entre lo delicado y lo funcional.

La paleta —que mezcla rosados, púrpuras, verdes y tonos neutros— refuerza ese espíritu lúdico, pero con una estética cuidada. Acquachiare entiende la moda infantil como algo más profundo: identidad, movimiento y expresión.




Colección Acquachiare. 
Colección Acquachiare.

Valentina Musa: vestir como acto de integración

“Puentes” no es solo una colección, es una idea. Valentina Musa propone integrar en lugar de separar, y esa premisa se traduce en cada look que pisa la pasarela.

Tradición y vanguardia, materia y espíritu, arte y moda: todo convive sin jerarquías. La diseñadora no busca definir una silueta única, sino abrir posibilidades.

Hay algo silencioso pero potente en su propuesta. Una elegancia que no necesita imponerse, que aparece en los detalles, en las caídas, en la forma en que cada prenda acompaña el cuerpo.

Para Musa, vestir es mucho más que cubrir: es revelar.




