La vida de la periodista Daniela Ballester cambió por completo en cuestión de segundos el 19 de febrero pasado. Un ACV hemorrágico la enfrentó a una experiencia límite que, según sus propias palabras, la hizo sentir por primera vez que podía morir.
A un mes de ese episodio, la periodista habló con Catalina Dlugi en su programa de La Once Diez y compartió un relato íntimo y conmovedor sobre lo que vivió.
“Cuando quise caminar, no pude”
Ballester recordó con claridad el momento en el que todo empezó. Estaba sola, con el teléfono en la mano, cuando su cuerpo dejó de responder como siempre.
“Cuando pasé por el ACV por suerte estaba con el teléfono en la mano y podía hablar porque estaba sola. Cuando quise caminar no pude”, contó.
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El desconcierto fue inmediato: la imposibilidad de moverse y la sensación de que algo no estaba bien marcaron el inicio de una situación crítica.

El momento en el que sintió que podía morir
Más allá de lo físico, lo que más la impactó fue lo emocional. Por primera vez, sintió de manera concreta la cercanía de la muerte.
“Sentí por primera vez la sensación de que podía morirme, ahora estoy más feliz que nunca”, expresó.
Esa vivencia, tan extrema como transformadora, le dejó una nueva perspectiva sobre la vida.
Qué le dijeron los médicos
Con el paso de los días y tras varios estudios, los especialistas lograron determinar que el ACV estaría vinculado a una condición genética.
“Lo que tengo es algo genético, probablemente lo tengo desde chiquita y en un momento se despertó”, explicó.
Además, remarcó que no había factores evitables que pudieran haber desencadenado el episodio, algo que le generó cierta tranquilidad.
Una vida saludable que no anticipaba el cuadro
La periodista también contó que llevaba una rutina saludable: hacía actividad física varias veces por semana, se alimentaba bien y no consumía alcohol.
“Voy al gimnasio, hago baile, como sano… no hay mucho que yo deba hacer”, señaló.

La frase que la marcó
En medio del proceso, una frase de uno de sus médicos le quedó grabada y le permitió encontrar calma.
“Un rayo no cae dos veces en el mismo lugar. Mi rayo ya cayó donde tenía que caer”, recordó.
Hoy, ya en recuperación y sin secuelas, Daniela Ballester atraviesa esta etapa con otra mirada: más consciente, más agradecida y, como ella misma dijo, “más feliz que nunca”.


