Tenía 24 años, un uniforme recién estrenado y una responsabilidad enorme: coordinar la atención de los heridos que llegaban desde las islas. Alicia Reynoso era jefa de enfermería del hospital reubicable de la Fuerza Aérea en Comodoro Rivadavia, una pieza clave en el sistema que recibía, estabilizaba y evacuaba a los soldados que venían del frente de Malvinas.
En ese hospital —que no podía acumular pacientes porque en cualquier momento podía llegar otro avión con heridos— Alicia y su equipo trabajaban contrarreloj. No solo curaban: contenían. Eran, muchas veces, el primer rostro amable que esos chicos de 18 años veían después del combate.
Pero cuando la guerra terminó, su historia quedó en silencio. Durante décadas, su rol —y el de otras enfermeras— no fue reconocido en igualdad de condiciones. Recién en 2021, tras una larga batalla judicial, Alicia logró ser reconocida como Veterana de Guerra.
Hoy, a los 70 años, sigue hablando. Recorre escuelas, da charlas y sostiene una consigna que repite como una misión: “malvinizar”. En esta entrevista con Para Ti, repasa lo vivido, la lucha contra el olvido y por qué, para ella, Malvinas sigue siendo una herida abierta.

El reconocimiento que tardó décadas
-En tu DNI figura “heroína de Malvinas”, ¿cómo fue para vos lograr eso y qué sentiste cuando se concretó?
-Yo estaba en Paraná. Una vez que obtuve el juicio afirmativo como Veterana de Guerra, venía la segunda parte. Sí, me lo hicieron enseguida. Primero, sin el logo correspondiente. Lo mandé de nuevo una segunda vez, pero lo mandaron con el logo en masculino. Una tercera vez, recién allí pude lograr que pusieran “Veterana de guerra, heroína de Malvinas”.
La verdad es que no me siento una heroína, yo soy una patriota. Los héroes están allá, los 649. Nosotros solamente seguimos su legado, que es sembrar Patria, regar la memoria, para que Malvinas no sea olvidada.
“Tuvimos que alzar la voz”
-Decís regar la memoria, sembrar la Patria. Sabemos que muchas mujeres como vos que estuvieron allí prestando servicio hoy se encargan de llevar esta voz por todo el país. ¿Por qué lo hacen y cuál es el objetivo?
-Las enfermeras veteranas de guerra reconocidas por el Congreso, con medalla y diploma, algunas estamos reconocidas plenamente mediante juicio, otras no. Desde el primer momento que yo empiezo a hablar, no fue motivo para no “malvinizar”. Lo hacíamos en los colegios, las escuelas, las cárceles, todos los lugares donde nos pedían. Porque esa era la cosa: nos habían olvidado e ignorado tanto tiempo que tuvimos que alzar la voz y, una vez que la pudimos levantar, saltar esa barrera del “no se puede hablar”. Una vez que empezamos a hablar, lo hicimos a través de eso.
Y realmente, somos 14 —ahora 12, porque dos ya no están más entre nosotras— llevamos la palabra, el diálogo, hacia una paz. Esa misma palabra y ese mismo diálogo no lo tuvieron quienes nos enviaron a una guerra totalmente desigual.
Estamos sembrando el diálogo para que nunca más nadie pueda mandarnos a una guerra. Y si las recuperamos, como las vamos a recuperar, sea a través de tratados internacionales, las leyes, el diálogo que tendría que haber sido desde un principio.

El dolor del olvido
-No debe haber sido nada fácil estar allí, sea cual fuere el rol que tocó cumplir. ¿Este olvido que mencionás fue aún peor de todo lo que les pasó allí?
-Creo que dolió muchísimo más porque en la desmalvinización de la que tanto se habló, ahora era hacia nosotras. Mis compañeros, los médicos que estuvieron conmigo, mis superiores, ellos no hablaban de nosotras, no nos recordaban.
Así que en 2009 levanté la bandera por la visibilidad de la mujer, no paré más. Empecé a hablar después de 30 y pico de no hablar de este tema y será mi lucha hasta el fin de mis días, hasta que la última veterana de guerra sea plenamente reconocida.
Fijate vos que una de las fallecidas recibió su veteranía 15 días post mortem. Se fue de este mundo sin saber que le habían dicho “sí”. Es muy feo que te consideren una NN entre ellos, siendo que estuvimos en el mismo lugar, haciendo los mismos trabajos, teniendo los mismos miedos, bajo las órdenes de guerra, bajo el mismo gobierno de facto y bajo el mismo código de justicia militar. O sea, no tuvimos ningún tipo de beneficio y después tampoco lo tuvimos.
Ellos sí, nosotras no. Entonces yo dije “¿por qué?”. Es una desigualdad terrible. Y ahí empecé la famosa lucha, después se juntaron otras compañeras.
El 1º de mayo de 2021, después de una década, logro la veteranía plena. Mis otras compañeras se suman. Quizás porque algunas de ellas todavía estaban como personal militar y no podían protestar. Se sumaron, gracias a Dios, y hoy estamos todas juntas luchando por lo mismo: primero, que reconozcan a las que faltan; segundo, para que no nos olviden. Porque estas mujeres hicieron algo por la Patria desde una labor genuina. Porque no solamente estábamos en el hospital, sino que hacíamos las evacuaciones aeromédicas, lo que conlleva volar en un contexto de guerra como el que estábamos.
El miedo, el peligro lo teníamos todos, salvo que de las enfermeras se olvidaron.
-Siendo que hay una nómina donde figuran las personas que convocaron para ir a las islas, ¿por qué cuesta tanto que sean reconocidas oficialmente?
-Yo creo que Malvinas tiene varios dueños, según las luchas. Y Malvinas es tuyo, es mío, es de todos, mientras la bandera del enemigo esté flameando en ese pedazo de tierra.
Me pasaron un mapa muy lindo que lo voy a empezar a mostrar en las escuelas para que entiendan que las islas están en la plataforma continental, no es que están en la estratósfera. Si algún día, por esas cosas de la naturaleza, el mar se retirara, vamos en colectivo a las islas, como vamos a Salta o a Córdoba. Más que nada para que los chicos entiendan por qué se luchó, por qué estuvimos tan cerquita de que sean nuestras. Faltaban, por ahí, unos días más.
Pero están ahí. Hay 649 héroes esperando a que volvamos, pero no con una guerra. Quienes llevamos estas medallas tenemos el honor. Pero también nos quedaron grabadas tres palabras: el horror de una guerra, el dolor de una guerra y el olor de una guerra. Por eso no queremos que se vuelva a repetir nunca más.

La guerra desde adentro
-¿Qué se decían cuando sentían miedo? ¿Cómo luchaban contra esos temores que las atravesaban?
-Las enfermeras militares somos asistenciales en tiempos de paz y operativas en tiempos de guerra. Quiere decir que algo teníamos de preparación, muy poquita. Yo soy primera promoción y entré en el año 80, tenía dos años de formación. Creo que cada uno hizo lo mejor que pudo desde el lugar que le tocó y a cada uno la guerra lo atravesó de una manera diferente, por más que hayamos estado en el mismo lugar.
Sabemos que lo hicimos de la mejor manera. Además de las tareas propias de la enfermería, yo como instrumentadora quirúrgica, implementamos algo que había que hacer: la contención de esos jóvenes valientes que venían de un infierno, que nos encontraban a nosotras vestidas de verde, con un grado, pero con un tono de voz diferente, un trato diferente, un olor diferente, quizás lo que ellos necesitaban ver cuando llegaban de ese infierno.
Te recuerdo que la instrucción militar de muchos de los soldados jóvenes fue la guerra misma, porque habían ingresado hacía poquito. Sin embargo, no se achicaron. Ellos tenían un patriotismo, nos decían: “nosotros queremos volver, curame rápido, avisale a mi mamá que yo estoy bien, pero yo quiero volver”. Y no se quejaban del dolor. No decían “me duele”, sino “¿dónde está mi mamá?, llamen a mi mamá, avísenle a mi mamá”. Y nosotras éramos unas pibas, dos años más que ellos. Entonces contuvimos a ellos, a nuestros compañeros.
Cuando juntábamos la última gasa, limpiábamos todo porque no sabíamos cuándo venía otro avión y ahí nos conteníamos entre nosotras. Yo vengo de una familia católica. Entre las cartas que me llegaban, abiertas, me llegaban estampitas, medallitas, que yo llevaba conmigo. Creo que los que no eran católicos se hacían porque en algo tenés que creer, porque no te preparás para morir. El que te dice que no tuvo miedo, miente.
Sin embargo, los soldados llamaban a su mamá. Estaban desorientados en tiempo y espacio, venían con deficiencia en los alimentos, pero querían volver con 18 años. Enfrentamos a la OTAN, porque no era solo el Reino Unido.
-¿Por qué no se permitía que las mujeres estén en el territorio de conflicto propiamente dicho?
-Teníamos un brigadier de sanidad y la orden precisa era que ninguna mujer podía andar sola por ningún lado. Había mucha gente, muchos hombres exaltados, nosotras éramos muy jovencitas. La orden era andar de a dos o tres y mucho menos cruzar a Malvinas. Y nadie cruzó.
-¿Vos sabés cuál es la verdadera historia que se cuenta sobre una mujer que cruzó a Malvinas?
-Una de nuestras compañeras quiso cruzarse. Lo hizo desobedeciendo una orden, en un avión que iba para allá, un C-130. Pudo cruzar, pero no bajarse porque hubo un bombardeo, así que el avión carreteó y se volvió. Eso le sirvió a ella para estar reconocida desde el principio. Está bien, cruzó cinco minutos, pero se olvidó de sus compañeras. A mí, que era la jefa, no me lo dijo, ni a sus compañeras. Nos enteramos muchos años después. Ella incluso decía que era tripulación, pero ninguna es tripulación de nada. Nosotras éramos enfermeras destinadas en el hospital reubicable. En el momento de subir al avión éramos tripulación en ese momento: piloto, copiloto, mecánicos, médico y enfermera.
Bajábamos y nadie era específicamente tripulación.
-¿Recordás qué sentiste cuando les dijeron que podían volver porque había terminado el conflicto?
-A mí me sacaron de Comodoro los primeros días de junio, me mandaron a la Escuela de Aviación a hacer un curso de oficiales. Fui una de las primeras mujeres oficiales de la Fuerza Aérea. Estaba en Córdoba cuando me enteré y me dio mucha bronca. Yo quería estar con mis compañeras. Me puse a llorar y el instructor me sacó de clase porque nos manifestaron que se terminó la guerra. Mal dicho: no se perdió la guerra, hubo un cese de hostilidades. Eso significa que están todas las campanas abiertas para dialogar. Nadie perdió la guerra, menos Argentina, menos la Fuerza Aérea.
Ese fue un día triste. Quería estar con mis compañeros, pero no me lo permitieron. Me pude encontrar con ellos recién al otro año.
-Se habrá generado un lazo único entre ustedes...
-Más que nada con mi familia. Soy la más chica de ocho hermanos, mi mamá viuda nos hizo estudiar a todos. Yo los quería ver, porque las cartas son cartas. Incluso mis hermanas me mandaban cartas con estampillas, nunca me llegaron, las abrían. Yo quería ver a mi familia.
-¿No te dejaron ver ni siquiera a tu familia?
-Enseguida no. Tuve el primer franco 15 o 20 días después. Me fui a Buenos Aires, de ahí tomé un colectivo a Gualeguaychú, estuve unas horas. Comimos un asado esa noche, vinieron mis hermanas y después me volví porque tenía que estar a las 6 de la mañana en la Escuela de Aviación. Fueron pocas horas, pero me sirvió. Necesitaba que mi mamá me viera bien.

“Malvinas sigue siendo una herida abierta”
-¿Qué es lo que hoy más te importa que se recuerde de Malvinas?
-Creo que Malvinas debería ser una política de Estado. No hay forma de que se puedan negar, más allá del partido político que gobierne. Tiene un solo color: celeste y blanco. También debería implementarse en los colegios alguna materia que hable de Malvinas, porque es una herida que todavía está muy abierta. Y está abierta por los olvidos.
Mis compañeras y yo estamos todo el año, no solo el 2 de abril. Porque es eso: sembrar Patria, regar la memoria, poner en valor lo que estas mujeres hicieron. No esperar 200 años para que alguien se acuerde. Y los nombres: tenemos identidad. “Las enfermeras de Malvinas”... muchas estamos vivas, tenemos nombre y hay que respetarlo.
El rol de la mujer en las Fuerzas Armadas
-¿Cómo ves hoy el rol de la mujer en las Fuerzas Armadas?
-Cuando ingresamos, fue como una prueba piloto. Nos gritaban “andá a lavar los platos” y respondíamos “sí, eso también lo hacemos”. Pero hoy vemos pilotos de combate mujeres, de transporte, y eso significa que podemos estar de igual a igual cuando la Patria lo requiere.
De todos modos, voy a creer que las Fuerzas Armadas creen mucho en la mujer cuando vea una comandante femenina. Todavía no la he visto.
La razón de mi vida
-¿Qué es Malvinas para vos?
-Para mí Malvinas es todo, es la razón de mi vida. Cuando empecé a levantar la bandera sola, me tiraron piedras, me amenazaron, me pegaron, me empujaron. Pero no paré más. Eso es malvinizar una causa: aunque te ninguneen, cuando la verdad es la verdad.
Hay que malvinizar desde la verdad y desde la esperanza, para que volvamos a tener un país entero y en paz.
Fotos, video y edición de video: Cande Casares

