Nacida en Tucumán, Camila Plaate ha construido una carrera sólida en cine y televisión, con proyectos como El motoarrebatador o la serie sobre Fito Páez. Hoy, se enfrenta al desafío más importante de su trayectoria: protagonizar Belén, la película dirigida por Dolores Fonzi que representará a la Argentina en los premios Oscars y Goya 2026.
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La historia, inspirada en un caso real que impulsó la discusión sobre la legalización del aborto en el país, pone a Plaate en el centro de un relato con fuerte impacto social y emocional.

A continuación, la entrevista completa en la que la actriz comparte sus sensaciones, el proceso creativo y la importancia de este proyecto para su vida personal y profesional.
Camila Plaate: "Pensé en todas las mujeres que pasaron por estas injusticias"
–¿Cómo te sentiste al enterarte de que ibas a interpretar a Belén en una película tan potente y cargada de contenido social?
–Me sentí principalmente identificada como mujer, como tucumana y como madre. Esto me atraviesa cotidianamente y es una fuente de inspiración para mis proyectos en general. Luego, me llena de orgullo y felicidad haber tenido la oportunidad de interpretar a Belén, que fue un hecho bisagra para la discusión de la legalización del aborto y dio voces a tantas personas que pasaron por situaciones similares. El caso Belén vino a romper el silencio e hizo muchísimo ruido: el tema aborto se transformó en una opinión pública. Interpretar este personaje es repensar la historia, y eso fue una gran responsabilidad y entrega hacia la película.

–¿Qué sabías del caso real en el que se inspira la película? ¿Investigaste antes de arrancar o fuiste descubriendo todo durante el rodaje?
–Me enteré del caso Belén a través de la comunicación social, principalmente en las calles, en las marchas, por cuerpos vivos que reclaman sus derechos. No había tanto manejo de redes y los diarios no decían nada sobre lo que pasaba. Después ya todas hablábamos sobre Belén y la legalización del aborto. Investigamos mucho. Somos Belén, el libro de Ana Correa, fue como una biblia para la construcción del personaje: no solo por los hechos políticos que atraviesa esta historia, sino también porque permite ver a una chica con sueños y anhelos. También hablé mucho con amigas y mujeres de diferentes generaciones que pasaron por la experiencia de un aborto. Iba mucho a los hospitales públicos de Tucumán a observar, escribía lo que pensaba en un diario y hacía anotaciones. No dejo de sorprenderme el grado de impunidad con el que se manejaron, y aún se manejan, sobre nuestros cuerpos y nuestros derechos.

–¿Cómo fue trabajar con Dolores Fonzi como directora, y además protagonista, en un proyecto tan íntimo y emocional?
–Trabajar con Dolores fue genial, muy generoso y cuidadoso en todas las etapas. Me brindó información desde el primer momento: música, lecturas, cuestiones técnicas, análisis de la película. Tiene una sensibilidad muy amplia sobre la actuación que permitió trabajar con mucha confianza. Dolores es profunda y generó en cada día de rodaje un clima amoroso y divertido.

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–La película está ambientada y filmada en Tucumán, tu tierra natal. ¿Qué significó para vos que este relato se desarrollara en tu provincia?
–Fue mucha emoción y responsabilidad. También creo que es una oportunidad que conecta al resto del país con sus identidades y raíces. Tucumán tiene un rol muy importante en la historia argentina y sigue siendo un territorio de luchas y resistencia. Pensar que este proyecto se filmó allí me genera orgullo y alegría.

–¿Hubo alguna escena durante el rodaje en la que sentiste que estabas atravesando algo más allá del personaje?
–Sin duda, la escena del quirófano. Fue un momento de mucha intensidad. Pensaba en todas las mujeres detrás de cámara que pasaron por estas injusticias. Me quedé callada mucho tiempo, no había manera de bajar mi tensión. Belén estuvo muy presente para mí en ese momento.
–¿Qué desafíos personales te planteó interpretar a alguien atrapada en un sistema injusto?
–Más que un desafío, fue un estímulo. Sumar mi granito de arena a esta película que expone injusticias estructurales y, al mismo tiempo, brinda esperanza, fue un honor enorme.

–En otros trabajos participaste de proyectos como El motoarrebatador o la serie documental de Fito Páez. ¿Cómo ves tu evolución como actriz desde esos papeles hasta ahora?
–Belén me pidió un nivel de entrega que nunca había tenido. Tuve que aumentar de peso y hacer mucha actividad física para generar masa muscular. También trabajé con Francisca Ure, mi coach actoral, para construir esa dualidad entre fragilidad y fuerza. Fue un papel al que le di mucho más de mí que en los anteriores.

–¿Hay algún director o actriz con la que soñás trabajar en el futuro?
–Me gustaría trabajar con Lucrecia Martel, que siempre tiene una mirada alternativa. Y admiro profundamente a Cristina Banegas, Mercedes Morán y Claudia Cantero.
–¿Qué te gustaría que el público se lleve de Belén y de tu interpretación?
–Que se llene de esa fuerza colectiva que nos une y nutre. Que se lleve la fuerza, sensibilidad y dignidad con la que Belén habita el mundo.
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