Por primera vez en Argentina, la reconocida autora y conferencista internacional Marianne Williamson visita Buenos Aires para presentar su conferencia abierta “Volver al Amor”, un espacio donde explora cómo la energía femenina puede transformar vínculos, liderazgo y vida cotidiana.
Referente global en espiritualidad y transformación social, presenta su conferencia abierta el 8 de noviembre en el Auditorio de Belgrano: está pensada para ofrecer un espacio de reflexión y práctica sobre cómo integrar el amor como principio activo en la vida cotidiana. Además, el 6 de noviembre en el Hotel Regente Palace, Williamson ofrecerá el Workshop Ejecutivo de Liderazgo Consciente, una experiencia inmersiva dirigida a CEOs, ejecutivas, emprendedoras de impacto y todo aquel que busque integrar una mirada consciente a su liderazgo.
La visita de Marianne Williamson representa una oportunidad única para reconectar con la energía femenina como fuerza de sanación, unidad y transformación, invitando a la sociedad a volver al amor como principio creativo y motor de cambio.
Williamson, referente global en espiritualidad aplicada y transformación social, ha inspirado a millones de personas con su mensaje: “El miedo contrae, el amor expande; volver al amor es volver a la verdad y a la potencia creativa”. En esta entrevista, comparte su visión sobre liderar con conciencia, actuar desde el amor y transformar la sociedad, reflexionando sobre los desafíos del mundo actual y la importancia de integrar el liderazgo femenino como fuerza de sanación y unidad.

-Marianne, hablás de espiritualidad aplicada y liderazgo consciente. ¿Cómo definirías “liderar con amor” hoy en un mundo tan polarizado?
-El viejo estilo de liderazgo jerárquico ya terminó. El verdadero trabajo del líder hoy consiste en sostener un espacio para el brillo de los demás, articular una visión y ayudar a que las personas sientan su propio poder y el permiso de expresarlo. Todo se reduce a tratar a los demás con más respeto, incluso en el liderazgo.
Políticamente, el desafío es mayor, porque los patrones políticos y económicos dominantes del mundo son opresivos y carentes de amor. El mundo debe forjar un paradigma basado en la cooperación más que en la competencia, y en la fraternidad y la justicia más que en la separación y la codicia. De lo contrario, no sería razonable asumir que tendremos una vida fácil como especie en los próximos cien años.
-En tus talleres y conferencias enseñás cómo la ética y la sensibilidad pueden transformar a un líder. ¿Cuál es el primer paso para quien desea liderar desde la conciencia y no desde el poder?
-Mi hija una vez me dijo: “La clave para tener buenos empleados es ser un buen empleador.” Exacto. En Un Curso de Milagros se dice: “Solo aquello que no estás dando puede faltar en cualquier situación.” A veces creemos que ser más duros es una buena forma de gestión, pero eso solo genera resentimiento.
Cuando las personas se sienten respetadas, también respetan los límites y la responsabilidad. Cuando un empleado siente un compromiso emocional, cuando percibe un valor personal en el proyecto, trabajará con entusiasmo para que suceda.
-Trabajaste con CEOs, políticos y líderes sociales en todo el mundo. ¿Qué diferencias ves entre liderar por objetivos económicos y liderar con un propósito espiritual?
-Hay una diferencia enorme. Si lo único que hacés es intentar ganar dinero, entonces el negocio se vuelve árido y sin sentido. Pero si vos y los demás sienten que existe un propósito más elevado, que el trabajo puede contribuir realmente a la sanación del mundo, entonces aparece lo que Martin Luther King Jr. llamó “compañerismo cósmico”. Surge entusiasmo, y las personas se inspiran para participar. Hacer las cosas solo por poder o dinero puede dar resultados, pero no durarán.

-En tus campañas presidenciales en EE.UU. afirmaste que la política puede ser una fuerza para el bien. ¿Cómo creés que esa visión podría aplicarse en América Latina, y específicamente en Argentina?
-Como seguramente sabés, Estados Unidos está atravesando un momento muy difícil. Es como si fuéramos un jugador que ha sido enviado al banco por un tiempo, me temo. Canadá, América Latina, Europa, Australia y Japón, entre otros, deben levantarse. Nosotros estamos lidiando con fuerzas antidemocráticas que atacan nuestra democracia; espero que ustedes refuercen, proyecten y expandan la suya. Espero que aprendan de lo que nosotros estamos haciendo mal.
-Afirmás que el amor puede salvar a una nación. ¿Podrías compartir un ejemplo concreto de cómo esta filosofía podría transformar políticas públicas o sistemas sociales?
-La política es, simplemente, nuestro comportamiento colectivo. La Guerra Civil en Estados Unidos fue un acto colectivo de amor, al abolir la esclavitud. El movimiento sufragista femenino fue un acto colectivo de amor, al otorgar a las mujeres el derecho al voto. El movimiento por los derechos civiles fue un acto colectivo de amor, al poner fin a la segregación en el sur de EE.UU. Estoy segura de que en Argentina también abundan ejemplos así.
Cualquier movimiento de justicia social que defienda la dignidad de las personas y su capacidad de prosperar, es amor en acción. Gandhi dijo que “la política debería ser sagrada”. No se refería a algo dogmático o religioso, sino a que las conversaciones políticas deben surgir desde el lugar más profundo de nuestro ser.
Todos tenemos una guerra que a veces ocurre dentro de nuestra mente. Juzgamos, atacamos, nos defendemos. Pero en el plano espiritual todos estamos conectados.
-La política suele verse como un espacio de confrontación. ¿Cómo se puede enseñar a los líderes a actuar con compasión y sin violencia en tiempos de crisis?
-La política debería ser un espacio de voces apasionadas y opuestas, quizás, pero no de confrontación violenta. Debería ser una relación complementaria entre fuerzas que compiten. Los líderes deberían sentir vergüenza pública cuando degradan y rebajan ese espacio convirtiéndolo en algo feo.
-En tu libro Volver al amor, hablás de sanar las relaciones personales y colectivas. ¿Cómo pueden aplicarse esos principios en la vida diaria de quienes no están en posiciones de liderazgo?
-Todos tenemos una guerra que a veces ocurre dentro de nuestra mente. Juzgamos, atacamos, nos defendemos. Pero en el plano espiritual todos estamos conectados, así que en realidad solo nos estamos juzgando, atacando y defendiendo de nosotros mismos. Sin embargo, hay otra manera de ser. Podemos perdonar en lugar de culpar, amar en lugar de temer, y pedirle a Dios que nos muestre cómo hacerlo.
-¿Qué papel ha tenido tu familia, especialmente tu hija y tu nieta, en tu vida como líder y referente espiritual?
-Me han hecho comprender que nada de esto tiene sentido si no intentás estar amorosamente presente para las personas más cercanas a vos.
-Si pudieras dejar un mensaje concreto al pueblo argentino, ¿cuál sería?
-Tengo el mismo mensaje que para cualquier nación: esfuércense por ser la mejor versión de ustedes mismos. (Eso, y gracias por recibirme).
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