Actriz por naturaleza y, desde hace un tiempo, también conductora, Eleonora Wexler (51) atraviesa un presente laboral intenso y, al mismo tiempo, profundamente personal. Mientras participa del podcast Revolución Hormonal que aborda el fenómeno “PosCua” —la vida después de los 40—, es parte de la serie La hija del fuego, estrenada primero en streaming y recientemente llegada a la televisión abierta, y por estos días está estrenando Los pilares de la sociedad, de Henrik Ibsen, en el Teatro Alvear.
En ese contexto de proyectos y búsquedas, conversó con Priscila Crivocapich para la sección Protagonistas y habló de todo: su momento vital, su hija Miranda, su pareja y la manera en que hoy elige vivir.

“Hay algo que tiene que ver con romper ciertos tabúes"
La charla comienza con una sonrisa cuando se la presenta también como conductora. “Bueno, gracias. Bueno, lo de conductora…”, dice entre risas, y reconoce que al principio le resultó “algo un poco insólito” aceptar una propuesta que no estuviera ligada estrictamente a la actuación. La invitación llegó de la mano de Andy Clar y Beta Suárez, creadoras de contenidos vinculados al universo PosCua, con quienes ya había compartido una experiencia previa en streaming. “Me sentí tan cómoda… empezamos a charlar y fue todo tan fluido”, recuerda sobre ese primer encuentro que terminó siendo el disparador de un nuevo desafío.

El podcast —disponible en Spotify y YouTube— la interpela desde un lugar íntimo. Lo que la terminó de convencer no fue el formato sino el sentido: “Me gusta tanto lo que proponen las chicas y de qué va la cosa… me sentí como parte de un engranaje”. Y amplía: “Si puedo servir en el sentido de contar algo que nos resuene a toda esta generación de mujeres donde no se hablaban de muchos temas”.

Allí aparecen cuestiones que durante décadas permanecieron en silencio: el vínculo con el propio cuerpo, la menopausia, los miedos, la reinvención. “Hay algo que tiene que ver con romper ciertos tabúes… es enorme el abanico de preguntas y de encuentros en este momento de nuestra vida y con mucha plenitud también”, reflexiona. Más que un rol de conducción, lo vive como un espacio de cercanía: “Yo me siento cerca de otras mujeres también. Y es hermoso”.

"Estoy en un momento que me gusta, de más disfrute y menos crítica"
Eleonora Wexler se encuentra en un momento de su vida que disfruta con más calma y menos exigencia consigo misma. “Estoy en un momento que me gusta, de mucho más disfrute y menos crítica conmigo misma, pues todo parte a partir de uno. Disfrutando por ahí de cosas más chiquitas que antes”, comparte.
Sus mañanas transcurren entre su jardín y sus rituales personales: “Me levanto a la mañana, me gusta mi jardín, me gusta tomarme mis mates, me gusta estar con mis animales”. Amante de las mascotas, Eleonora tiene dos perros y recuerda con cariño a los cuatro que tuvo anteriormente: “Para mí es un mundo inentendible sin animales”.


La sensibilidad que transmite también viene de su madre: “Hay algo que me transmitió mi mamá y que, bueno, yo de alguna manera también hice eco ahí, y mi hija es igual. Ella también conecta un montón".
Y agrega, en ese sentido: "Entonces, más es mi encuentro conmigo, con mi pareja, con mis amigos, conmigo. Muchas muchas veces con mi silencio, con mis actividades, con mi profesión. Pero hay algo que siento que está más calmado y eso me hace bien”.

"A pesar de tener 21 años, mi hija sigue manteniendo la misma rutina que cuando nos separamos con el papá"
Pero si hay un territorio donde su voz se vuelve más cálida es cuando habla de su hija Miranda Wassinton, a quien ella llama Miru. “Mi hija es más grande, tiene 21 años”, cuenta, y esa frase funciona como puerta de entrada a un universo cotidiano hecho de rutinas compartidas, silencios y aprendizajes. Tras su separación, cuando la niña tenía siete años, lograron sostener una dinámica que aún hoy se mantiene: días con ella, días con su padre, fines de semana alternados.

“Sigue manteniendo la misma rutina que cuando nos separamos… se queda tres días conmigo, tres días con el papá”, explica. Y agrega una definición que revela la lógica familiar: “Es nuestra única hija”.
Lejos de vivirlo como una fractura, Wexler describe esa crianza compartida como un acuerdo que encontró su propio orden. “A veces uno se plantea ‘¿está bien, no está bien?’… bueno, uno hace lo que puede con lo que puede”, dice con honestidad. Y reconoce que, aunque Miranda gana independencia, todavía disfruta de su presencia en casa.

“Todavía me gusta que esté… ahora se fue todo un mes de vacaciones con su papá y la extraño un montón”. En esa distancia aparecen las videollamadas, los mensajes medidos para no invadir y un aprendizaje mutuo: “Si yo no llamo mucho, ella aparece todo el tiempo. Pero si aparezco demasiado… aprendemos también a disfrutarnos”.
"Mi hija me hace un espejo de dónde estaba yo en ese momento y qué me ayudó o qué me hizo crecer"
Eleonora recuerda su infancia con cariño y sinceridad: sus padres eran cuidadosos, amorosos y exigentes, y ella, rebelde desde muy chica, hacía lo que quería. “Siempre fui de ir para adelante. Me daba la cabeza contra la pared muchas veces, pero así fui”, dice. Reconoce que la exigencia familiar la marcó, pero hoy ve todo con otra perspectiva: “Si hoy eligiera por ahí el camino, me gustaría que sea un poquito más liviano”, reflexiona, sonriendo ante la simplicidad que ahora valora.

Ese aprendizaje se refleja también en su relación con su hija. Para Eleonora, Miru es un espejo que la enseña: observar cómo crece, cómo es y cómo era, le permite mirarse a sí misma y entender lo que la hizo crecer. “La observo a ella, cómo es, cómo era, y me hace un espejo de dónde estaba yo en ese momento y qué me ayudó o qué me hizo crecer”, explica.

“Yo la veo mucho más libre a Miranda… lo mío era mucho más complejo”
Al compararse con su propia adolescencia, encuentra diferencias marcadas. “Yo la veo mucho más libre a Miranda… lo mío era mucho más complejo”, confiesa. Mientras ella trabajaba desde los ocho años y se independizó muy joven, su hija transita otros tiempos. Sin embargo, reconoce una base de valores que se repite: honestidad, integridad, sensibilidad. “Veo algo honesto en ella, algo íntegro, que me gusta”.
Miranda estudia Gestión Deportiva, pero su verdadera pasión son los caballos. Practica equitación desde los dos años y la historia de ese comienzo todavía la sorprende. Todo empezó en un hípico al que fue casi por casualidad, buscando un espacio donde las madres pudieran tomar un café mientras los chicos jugaban.


“Me dice: ‘Mamá, ¿puedo dar una vuelta en pony?’”, recuerda. Dudó, no sabía si podría sostenerse arriba del caballo, pero la prueba fue reveladora: no solo se mantuvo firme, sino que nunca más quiso bajarse. “Nunca más”, resume. Con el paso de los años, amistades y crisis, esa vocación se mantuvo intacta. En ese punto, Wexler encuentra un espejo inevitable con su propia infancia: “Entiendo lo que significa tener una pasión tan marcada… yo tuve una vocación muy marcada de chica: la actuación”.

“Hay algo de contar un cuento que me fascina”
El deporte, de hecho, es otro de los pilares en su vida. Lo vincula tanto al bienestar físico como mental. “Yo me despierto a la mañana y sé que mi día es distinto si empiezo con mi actividad física”, señala, mencionando yoga, gimnasia y danza como prácticas habituales. Más que una cuestión estética, lo define como una forma de orden interno.

En paralelo, su regreso al teatro ocupa un lugar central. Los pilares de la sociedad, de Henrik Ibsen, en una puesta dirigida por Jorge Suárez, la encuentra nuevamente sobre el escenario con una obra que, según describe, mantiene una vigencia sorprendente. Habla de poder, hipocresía social y comportamientos humanos que atraviesan épocas.

El reestreno en el Teatro Alvear —con funciones de miércoles a sábados a las 20 y domingos a las 19— la entusiasma especialmente por el trabajo colectivo. “Somos un equipo… ¿cómo nos potenciamos para que esto lo disfrutemos entre todos?”, se pregunta. Y admite que, aunque los nervios previos al estreno siguen presentes, una vez sobre las tablas todo cobra sentido: “Hay algo de contar un cuento que me fascina”.

“Puedo conversar de cualquier cosa con él y me puedo desnudar a todo nivel. Y eso es clave”
Ese mismo espíritu de compañerismo aparece cuando habla de su vida amorosa. Sin revelar nombres, cuenta que su pareja es productor y que el vínculo nació desde la amistad. “Primero somos amigos… hay algo que nos sorprende mucho del otro porque ya nos conocemos”. Lo que más valora es la admiración mutua y la escucha.

“Puedo conversar de cualquier cosa con él y me puedo desnudar a todo nivel. Y eso es clave”, afirma. Define la relación como un caminar a la par, sin competencia: “Nos potenciamos”. Y reconoce que su manera de amar cambió con el tiempo: “Me siento más plena y más feliz ahora”.
Y agregó: "Somos compañeros y hay algo que tiene que ver con esa concepción del amor que es un poco nueva para mí".

“Hay algo que me lleva a mejores lugares que es vivir el hoy”
Cuando se le pregunta cómo se imagina dentro de diez años, su respuesta revela una filosofía aprendida con los años. “Trato de no imaginarme demasiado… hay algo que me lleva a mejores lugares que es vivir el hoy. Estar acá”. Esa búsqueda de presencia también se apoya en herramientas terapéuticas y creativas: terapia cuando la necesita, yoga, meditación, cursos, baile, estudio constante.

“Soy como una eterna estudiante… ¿qué tengo ganas de hacer?, ¿qué me gusta investigar?”, enumera, convencida de que no todo debe girar en torno al trabajo.

Entre proyectos artísticos, exploraciones personales y vínculos que la sostienen, Eleonora atraviesa un momento de equilibrio que ella misma define sin estridencias pero con certeza. Un presente donde la palabra que más se repite es disfrute y donde, lejos de las urgencias de otras etapas, elige caminar con más liviandad, más conciencia y, sobre todo, con una plenitud que no duda en nombrar.

Fotos: @Christian Beliera
Producción: Maggie Mellas
Video: @Ramiro Palais.
Edicion de video: @CandePetech
Maquillaje y peinado: Nano Maldonado
Agradecemos a: Natalia Antolín, Mono Fuk y Camila Romano por el vestuario.
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