Florencia Bonelli: "Escribo lo que me atraviesa, porque no se puede evitar"
 

"Escribo lo que me atraviesa, porque no se puede evitar": Florencia Bonelli, entre la ficción, el despertar espiritual y el amor por sus lectoras

Florencia Bonelli
La aclamada autora presenta "Yo soy el viento", el esperado final de la trilogía La casa Neville, y reflexiona sobre su proceso creativo, la conexión con sus lectoras, su evolución espiritual y su nuevo desafío: escribir para chicos. Una charla íntima donde la autora revela su costado más auténtico.
News
News

Florencia Bonelli está presentando "Yo soy el viento", la novela que sella su trilogía La casa Neville y que develará el destino de Manon, esa heroína tan tangible, encantadora y cautivante, como solo ella sabe crearlas.

En una charla íntima y profunda, la célebre escritora repasa parte de su proceso creativo, ahonda en detalles de cómo pensó esta historia (sin spoilers, por supuesto) y también adelanta lo que está por venir.

Pronta a sumergirse en el mundo infantil, de la mano de El príncipe del bosque, un cuento largo que escribió para su sobrino, Felipe, Florencia se anima a nuevos desafíos y deja las puertas abiertas a otros escenarios posibles dentro de su carrera.

Y se encuentra en un momento que define como "especial", dado que se aproxima su cumpleaños.

-Después de tanta espera para tus lectoras llegó el final, que además te movilizó tanto escribirla…

-Sí, porque encima la parte dos (No quieras nada vil) terminó muy mal. No quiero decir nada para no arruinar la intriga, pero quedaron muchísimos cabos sueltos.

-¿La tercera parte fue un desafío por eso?

-Totalmente. Porque tenés que cerrar todo, que no quede nada sin resolver. A mí me gusta que cada personaje tenga su culminación. Siempre escribo un final feliz, pero también abierto, porque en ese momento son felices… pero quedaron tantas cosas por cerrar que fue todo un tema. Había que explicar mucho, desvelar identidades que durante toda la historia no se sabían.

-Me imagino las teorías de tus lectoras

-¡Eran muy graciosas! Escuchar o leer las teorías sobre quién era tal o cuál personaje… teorías conspirativas totales. Me hacían reír, porque me decían: "Esto es una teoría falopa, pero te la cuento igual". Nos divertimos mucho con eso. No digo nada porque quiero que lo descubran, pero muchas eran muy creativas.

-Tus lectoras están muy cerca tuyo, deben sentir que te acompañan en la historia

-Sí, pero el camino de la historia es muy mío. Ahí no entra nadie. Aunque a mí me encanta que estén ahí, revoloteando. Yo escribo primero para mí, sin duda. Pero una vez que ellas entraron en mi vida, ya no puedo obviarlas. Mientras investigo, todo el tiempo pienso: "Esto quiero contárselo a ellas". Por eso las investigaciones son cada vez más grandes, y los libros, más extensos. Es para mí, pero también para ellas. Son protagonistas.

-Ese vínculo que se generó con tus lectoras, ¿te lo imaginabas al principio?

-Para nada. Cuando publiqué por primera vez hace 25 o 26 años, no me lo esperaba. En 2003, cuando publiqué Marlene, Miguel (N. de R., Miguel Ángel Gallo, esposo de Florencia Bonelli) me sugirió poner mi email en la solapa. Me dijo: "Así te hacen una devolución". Y lo puse. Es el mismo mail que tengo hasta hoy. Era todo muy raro todavía, no existían las redes. Empezamos antes de todo eso.

-¿Te empezaron a escribir mucho por mail?

-Al principio no tanto, después sí. Hoy es más por redes, aunque sigo recibiendo mails. Me acuerdo perfecto de la primera persona que me escribió. Hoy es una gran amiga y colega. Nos conocimos personalmente en un viaje, nos juntamos en el Tortoni, y desde entonces somos íntimas. El año pasado cumplimos 20 años de amistad. Todo nació gracias a los libros y al mail que me sugirieron poner.

-¿Las redes sociales cambiaron mucho ese vínculo?

-Sí. Tienen cosas malísimas, pero a mí me han dado mucho. Me permiten conectar con lectoras, amigas, mi familia, que vive lejos. Como todo en la vida: depende cómo lo uses. Hay luz y sombra, siempre. Estamos en una dualidad.

-Decías que uno escribe para uno, por lo que lo atraviesa… ¿Tus libros siempre fueron una forma de buscar respuestas?

-Sí. Empecé a escribir a los 26 o 27 años, y mentalmente era muy infantil. Estaba dormida. Una vez que empezás a despertarte, a tomar conciencia y a entender un poco más (porque nunca terminás de entender nada), ves el camino que recorriste. Eso está reflejado en mi obra. Son 26 años escribiendo. Sería triste no haber evolucionado. Empecé muy joven, recién salida de un sistema educativo terrible, adoctrinador, ciego. De a poco fui descubriendo mi verdad. Nunca la terminás de entender, pero se nota esa evolución, sobre todo a partir de Caballo.

-¿Escribís con la intención de compartir esa evolución?

-Sí. Si algo me hizo bien, pienso que puede hacer bien a otros también. Trato de que mis libros me hagan bien a mí, pero también a quienes los leen.

-¿Te atraviesa lo que estás viviendo en ese momento?

-No lo puedo evitar. Lo que me atraviesa tiene que estar, es parte de mí. Por eso no podría escribir por encargo, porque "está de moda tal tema" o "se están publicando muchos libros sobre esto otro". No podría. Una sola vez una editora me sugirió escribir algo para adolescentes, porque estaba con las sagas nacidas que van más hacia ese público. Pero yo quiero ser auténtica y libre al escribir.

-¿Te sentís libre escribiendo?

-Es de los pocos lugares donde me siento libre. Los seres humanos no somos libres nunca, pero hay ciertos ambientes donde se logra algo de libertad. Y no quiero que eso se altere. Escribo lo que me nace. Si no me nace, va a salir mal. No sería genuino. Lo que vuelco es lo que me está atravesando, porque no se puede evitar.

-Hoy se habla mucho de si algo "envejeció bien o mal". ¿Cómo te llevás con mirar hacia atrás tus propios libros?

-Yo creo que es una cuestión de respeto hacia una misma. Si dentro de unos años leo algo mío y siento que ya no estoy ahí, está bien. Porque en ese momento sí lo estaba. A veces veo dedicatorias que hice en libros… Hace años que no practico el catolicismo, pero en su momento les dedicaba los libros a la Virgen. Y digo: "Eso está. Así tiene que quedar". Esa era yo en ese momento. Para bien o para mal, es la foto de ese instante. Lo que hay entre eso y esto es evolución. Punto.

-En tiempos de tanto revisionismo, ¿cómo te posicionás frente a las críticas al pasado con la mirada de hoy?

-No podés juzgar el pasado con la mentalidad de ahora. Hay una evolución en el medio. Si nosotros llegamos hasta acá, es porque otros antes vivieron muchas cosas. No seamos tan crueles con nuestros antepasados. Hay que respetarlos. Los viejos son más sabios que nosotros. Y muchas veces todo nació a partir de ellos. Lo que pasa es que hay como un interés por generarnos angustia, disconformidad, no aceptación…

-¿Y hoy, en qué momento estás?

-Estoy en una etapa bastante especial. En mayo cumplo 54 años. Me encantaría poder seguir siempre escribiendo y evolucionando hacia una versión no egoica de mí misma. Estar muy conectada con el otro, con su dolor, con su necesidad. Es difícil, el ego está ahí, pero ese es mi camino: tratar de calmarlo con amor. Porque la única forma de calmar el ego es con amor, hacia uno mismo y hacia los demás. El ego no desaparece del todo, lo necesitamos. Somos estos, en esta encarnación. Pero podemos tener un ego evolucionado.

-¿Y es algo que trabajás conscientemente?

-Sí, es un trabajo diario, minuto a minuto. En cada pensamiento, cada decisión, cada enojo, cada euforia. Fijate que la gente sabia, realmente evolucionada, habla poco. No tiene momentos de euforia ni de depresión. Están en otro plano. Ojalá yo pueda transitar ese camino, si la conciencia suprema me lo permite. Y seguir escribiendo, porque escribir me hace feliz. Pero bueno, está todo en manos de Dios.

-¿Tenés algún período histórico que te interese especialmente para tus novelas?

-Todos me interesan. Aunque siempre tengo dando vueltas el tema de la Segunda Guerra Mundial. Tengo muchísimo material que fui reuniendo a lo largo de los años. Tal vez algún día escriba sobre eso. Fue uno de los peores momentos de la humanidad. Y no sólo la Segunda, la Primera también. Se habla poco de la Primera Guerra, pero fue terrible. Ahí se usaron los primeros gases, como el gas mostaza… Pero por ahora vuelvo a lo contemporáneo.

-¿Hay alguna época que sentís que no podrías abordar?

-Sí, la antigüedad. El ser humano de esa época era diametralmente opuesto a lo que somos ahora. Me resultaría muy difícil generar algo verosímil. Si vamos al Imperio Romano, por ejemplo, hay que ser muy experta. La mentalidad de ese tiempo era otra. A veces leo historiadores expertos y me digo: “Madre mía, ¿qué están diciendo?”. Eran como otra especie. Recién en el Alto Medioevo se empiezan a ver algunos comportamientos similares a los nuestros.

-¿Y si lo abordaras desde un recurso como los viajes en el tiempo, como en Outlander?

-Claro, ahí hay una posibilidad. Diana Gabaldon encontró la forma: una mujer contemporánea que viaja al pasado. A priori parecía raro, pero uno se engancha. Y mirá, con todo lo que hoy sabemos de física cuántica… No es tan loco. La mente se te abre. No somos sólo materia: hay dimensiones, planos. Los físicos cuánticos dicen que somos un holograma, y que el cerebro es un decodificador. ¿Quién te dice? Quizás no lo percibimos con los sentidos que nos tocaron, pero no suena tan descabellado.

-¿Y mientras tanto, qué sigue en el presente inmediato?

-Hoy tengo un encuentro con grupos de lectoras, influencers y docentes. Porque estoy publicando un libro para chicos. Es un cuento bastante largo, se llama El príncipe del bosque, y van a ir algunos docentes, lo cual me encanta.

-¿Cómo surgió ese cuento?

-Lo escribí para mi sobrino Felipe cuando tenía 7 u 8 años. Mi mamá me decía que él siempre le pedía que le inventara cuentos, pero ella tiene cero imaginación. Así que le dije: “No te preocupes, mami, yo te escribo uno largo y vos se lo leés por partes”. Así nació. Y le gustó mucho. Después, charlando con la gente de Planeta, les conté que lo tenía y se engancharon. Lo ilustró Martín Mirón, que es un chico talentosísimo. Quedó precioso. Se lanza ahora en la Feria del Libro.

-¿Tiene tu misma impronta que tus novelas para adultos?

-Sí, totalmente. Es fácil verme ahí. Hay mucha enseñanza, está el sabio, la importancia del amor… Es un cuento de un reino de fantasía. Pero estoy muy presente yo también.

-¿Y puede ser el comienzo de una nueva etapa como autora?

-No lo sé. Nunca digo nunca. Hace 20 años dije que nunca iba a escribir la continuación de Lo que dicen tus ojos, y después hice la saga Caballo de fuego. Así que no puedo decir nada. Hoy por hoy no se me ocurre, pero la inspiración llega. Las ideas aparecen.

Florencia Bonelli transita con naturalidad entre temas que parecen dispares -la creación literaria, la conexión con sus lectoras, la astrología, el autoconocimiento espiritual- y los entrelaza en un relato profundo y muy humano.

"Cuando descubrí la astrología, fue un antes y un después".

En este tramo de la charla, Florencia Bonelli habla de cómo ese "lenguaje sagrado" la ayudó a comprender a los demás, a sí misma y hasta a sus personajes literarios.

-¿Hubo algo de tu camino espiritual que hoy te resuena diferente?

-Sí. En su momento, había cosas que me interesaban o que probé, pero después me di cuenta de que no me cerraban. No podía entrar, no encontraba el lugar… No me sentía cómoda. Así que la verdad, eso envejeció mal para mí.

-¿Y qué te hizo cambiar la mirada?

-La astrología, la espiritualidad, te enseñan algo clave: cada uno está haciendo su camino. No critiques, no mires con juicio. Cada uno tiene su momento. Imaginate si viniera un sabio como Ramana Maharshi, o Yogananda, o Robert Adams, que fue discípulo de Ramana… Si me viera, pensaría: "Bueno, esta es una chimpancé todavía". Pero está bien. Todos estamos en distintos estadios.

-¿Eso te dio paz?

-Sí. Por eso te digo que para mí, ese modelo anterior envejeció mal. Cada quien tiene su búsqueda, su proceso. Hoy es común escuchar: "Me voy a hacer la carta natal", "Voy a leer el tarot". Y así vamos despertando.

-¿Ese despertar también viene del dolor?

-Claro. ¿Sabés qué es muy importante? La agresión que recibimos de quienes nos quieren controlar. Eso te despierta más todavía. Yo sigo a un sabio italiano, Fausto Carotenuto, que dice: "Este es el mejor momento para vivir". Y vos pensás: "¿Cómo va a ser, si el mundo parece un manicomio?". Justamente por eso. Porque cuanto más caos hay, más te obliga a despertar.

-¿Y cómo lo vivís vos?

-Y… uno mira a los sabios y están en paz, en silencio. Y uno está corriendo detrás de los impuestos, la plata, las obligaciones… Vivimos metidos en el ego. Pero este cuerpo, esta vida, es solo un disfraz. Un pasaje. Un día esto termina y volvés a la fuente.

-¿Y cómo hacés para recordarlo en el día a día?

-Es un trabajo diario. Porque los problemas, las angustias, las heridas que una trae, te sacuden y te meten otra vez en el ego. Pero hay personas que son esas lucecitas que ves en el cielo y que también están acá, en la tierra. Y a veces pienso que mi literatura puede ser eso para alguien.

-¿Un canal?

-Exacto. Un canalcito que el otro percibe, que le ayuda a encontrar su camino. Me lo dicen muchas lectoras: "Estaba agobiada, agarré tu libro y fue como encontrar alivio". Y ahí entiendo: sirvo para algo. No es para mi gloria personal. Es siempre estar al servicio del otro. Esa es mi guía.

-¿Nunca pensaste en escribir desde ese lugar más explícito? ¿Un ensayo, algo más testimonial?

-La verdad, no. No se me ocurre. No me siento capacitada para eso. Quizás podría contar alguna vivencia, si a alguien le interesa. Pero prefiero usar la ficción. Mis personajes canalizan todo eso que voy aprendiendo. Por ejemplo, creé un personaje, indio, que es como la síntesis de todos los maestros que me inspiran. Lo necesité crear. Y a veces dicen cosas que yo no sé ni por qué las dicen…

-¿Sentís que canalizás?

—Puede ser. Un amigo me lo dijo: "Vos canalizás". Tal vez sea así. Si eso sirve, si le hace bien a alguien, ya está. Porque hay mucho dolor. Mucha enfermedad también. Y muchos parches.

-¿En qué sentido?

-Estamos todos con inflamación, tomando pastillas, sin preguntarnos por qué nos enfermamos. Yo estoy en una etapa más natural, gracias a mi hermana Carolina -la doctora Caro, le digo-. Ella es paisajista, pero tiene una conexión profunda con las plantas. Me curó una tendinitis con quercetina. Después de gastar una fortuna en médicos y fisioterapeutas, no me servía nada. Y ella me dijo: "Probá con quercetina, bromelina, vitamina C y aceite de coco".

-¿Y funcionó?

-Una maravilla. Empecé a tomarlo, me lo compré en una herboristería, y en poco tiempo podía volver a apretar un trapo, cosa que antes me dolía muchísimo. Todo natural. También la cúrcuma con pimienta es buenísima. Hay mucha sabiduría en lo que hacían nuestras abuelas. Por eso digo: estamos volviendo. Entre todas nos estamos curando con plantas.

En esta nueva etapa, Florencia Bonelli escribe con el alma abierta, como si sus personajes fueran faros que alumbran desde la ficción pero vibran con verdades profundas. No da consejos, no se sube a ningún púlpito. Solo canaliza. Y eso, dice, quizás sea suficiente.

"Si sirvo para eso y eso le hace bien a alguien, bienvenido. Hay mucho dolor, y si mis libros pueden acompañar, entonces ya tiene sentido".

Suscribite al newsletter de Para Ti 

Si te interesa recibir el newsletter de Para Ti cada semana en tu mail con las últimas tendencias y todo lo que te interesa, completá los siguientes datos:

 
 

Más Para Ti

 

Vínculo copiado al portapapeles.

3/9

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit.

Ant Sig