Juan de Montreal es algo más que comedia ya que detrás del personaje existe una historia digna de admiración e inspiración. En 2012, su hija Abril tuvo un derrame cerebral al nacer lo que provocó una parálisis del lado derecho de su cerebro. Si bien los pronósticos no eran buenos, la pequeña logró mostrar mejoría a través de los años y hoy es una estrella más en las redes sociales del humorista.
Músico, influencer y creador de contenido, el argentino de 44 años-hoy radicado en Estados Unidos-lleva un mensaje muy importante a los hogares. No sólo fomenta la lucha contra el bullying sino que difunde un mensaje de fe y de superación frente a las adversidades de la vida. Para él, hacer reír a los demás no es solo un trabajo: es una forma de transformar el dolor en esperanza.
En diálogo exclusivo con Para Ti, Montreal revela cómo es abrir las puertas de su casa a millones de seguidores en el mundo.
-¿Cómo fue pasar de hacer humor y música en la iglesia a ser un influencer reconocido?
-Pasar de humorista de contenido para cristianos a humorista general fue un poco casual. Fue algo que realmente pasó y yo me dejé llevar, porque tenía una meta, un propósito, que era hacer reír a la iglesia, a los cristianos, con situaciones reales. Pero realmente, abarcar a todo el público, a la familia, es algo que me da un poquito más de satisfacción y también lugar a poder inspirar, más allá de las cuatro paredes. Poder llevar el mensaje de alegría, de amor, de familia, y de Dios, por qué no, de una manera sana, didáctica, contando mi historia. Creo que ameritaba y merecía que la gente, que todo el mundo conociera nuestra historia y no solamente un nicho.
-¿Cómo empezó la idea de hacer humor y qué figuras te inspiraron para hacerlo?
-La idea de hacer humor empezó en mi casa: mis hermanos y mis papás fueron mi primer público. Mis hermanas, sobre todo, se reían mucho de mis payasadas, y eso me inspiró muchísimo. Si pienso en una figura del medio que me haya inspirado, me inclino por el humor sin malicia: Los Tres Chiflados, Mr. Bean, El Chavo del 8, Chaplin, e incluso Jim Carrey. Ellos formaron parte de mi crecimiento como humorista. El movimiento gestual, el uso de gestos y mímica, han sido un desafío que me encantó implementar en mi carrera. Creo que eso es parte de lo que he aprendido de estas grandes figuras del humor.
-La historia de Abril, tu hija, inspira a muchísimas personas. ¿Cuándo decidiste hacer pública tu experiencia de ser su papá?
-Con Abril comencé a grabar nuestra historia porque veía avances, veía progreso, y también Abril, de bebita, me veía con cámara en mano, y se acostumbró a que la cámara es parte de la casa. Entonces, cada vez que prendía la cámara, ella sonreía, quería estar, se me acercaba, buscaba la cámara, vamos a decir. Y me di cuenta que exponerla en sus lados positivos, en sus logros, de triunfos, de victorias, era algo positivo, algo que podría inspirar más que causar criticas en la gente. Entonces, decidimos exponerlo, sin ser tan explícitos, cuidadosos, y siempre mostrando triunfos o avances de ella.
-¿Qué mensaje le darías a aquellos que quieren visibilizar sus propias historias y no se animan?
-Siempre existe una gran barrera al mostrar tu vida personal, porque hay muchos temores: al qué dirán, a que te juzguen, a hacer el ridículo o a que la historia no inspire. Pero creo que la genuinidad, la originalidad, ser real, mostrar un enojo o una alegría, genera en la gente amor, interés y confianza. Mostrar la vida personal es jugársela un poco, porque es abrir la puerta de tu casa. Pero si lo hacés como creador de contenido, manejando tus límites, eso es válido. Es importante no abrir toda tu intimidad, ni desmantelar todo, sino contar una parte. Quizás la más feliz, o a veces la más oscura, pero no toda tu identidad. Porque ahí sí, se puede volver vulnerable. Con Abril, no mostramos muchos detalles ni días de crisis. Hay días que dejo de grabar, porque no puedo mostrar todo. Ese es el balance.

-Me encantaría conocer tu historia de amor con Walky, tu esposa ¿cómo se conocieron?
-Con Walky, fue un encuentro de rockstar. Yo bajaba de un escenario con una guitarra, y aparecían tres chicas caminando hacia mí para saludar. La del medio era Walky: una morocha con rulos como palmeras, un vestido rosado corto, sus gafas, y una voz bien aguda. Cuando me saludó y la vi, con ese carisma y ese aura me deslumbró. Ya no veía tres chicas, veía solo a una. Así comenzó una amistad, ella era danzarina de la iglesia. Danzaba y yo rockeaba, tuvimos una linda amistad por tres años. Luego, fuimos novios dos años, y nos casamos. Pasamos miles de historias y aventuras, pero lo que más me conquistó de Walky fue su forma de ver la vida. Más allá de ese cuerpazo y una belleza descomunal, su espíritu aventurero, su alegría, y su esencia fue lo que más me conquistó de ella.
-¿En qué momento Walky decide sumarse a tus videos? ¿Fue su decisión o vos la animaste?
-Aunque no lo crean, Walky tenía pánico escénico. Su primera vez en un escenario fue en uno de mis shows, cuando me faltó quien me acompañaba. Se presentó ante 15 mil personas, y ese fue su debut. Tenía muchos temores para hablar, pero fue algo que ella decidió: verse en la cámara, aprobarse. Tenía miedos por el qué dirán, porque es comedia y ella es muy cuidadosa, siempre perfecta. Pero entendió que lo mío es comedia y que me estaba acompañando. Adoptó el sueño como propio. No era su sueño principal, a ella le gusta más estar detrás de cámaras, pero por amarme y apoyarme, empezó dándome una mano y terminó poniendo todo. Le gustó, lo disfruta, quizás no tanto como yo, pero la cámara ya es parte de su día a día, y lo disfruta también, igual que yo.

-¿Cómo manejás el hater en las redes sociales? ¿Te afecta o es algo que no le das importancia?
-Para mí, el hate es algo que puede tener un lado positivo. Al principio, cuando comencé, quería cerrar mis canales porque me afectaban. Pero fui comprendiendo que es parte del mecanismo de las redes sociales. Sin haters, no tenés quien te defienda. Sin haters, no hay debate, y hoy la gente se mueve mucho por confrontar. Muchas críticas las expongo no porque me afecten, sino porque remueven el algoritmo. Así, uno ve quién te apoya y quién te defiende. No le doy más importancia que a los mensajes positivos, porque esos los disfruto, pero también uso el hate como estrategia. A veces expongo un comentario para inspirar o, por qué no, para confrontar. Si el usuario puede criticar, el creador puede responder. Esto tiene su función, y no hay restricción. Así que disfruto a los haters, los aprecio, y que se queden, porque a veces alimentan más que quienes te animan.
-¿Cuál es la satisfacción más grande que te dio estar en este mundo influencer?
-Poder llegar a tantos hogares, caminar y que un niño me abrace o me pida una foto, ese contacto con la gente, el abrazo, es increíble. Una de las cosas que hago en mis shows es sacarme fotos con todo el público presente. Si son 800 personas, saco 800 fotos. Si son 3.000, saco 3.000. Es mi forma de retribuir. Soy una persona que agradece. Si me aman, devuelvo amor, y si me odian, devuelvo amor igual. Es parte de mi esencia. Desde mi infancia, mi papá me enseñó a abrazar, agradecer y ver lo positivo. Para mí, que mi contenido entre en sus casas ya es suficiente, más que monetizar. La risa de las personas es mi adrenalina, mi gasolina. Podría decir que la risa es mi vitamina A, B, C y D.

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-¿Qué proyectos tenés para este año?
-Este año 2026 viene con muchas sorpresas. Lo primero tengo un libro a punto de salir. Es un libro que cuenta nuestra historia, en estilo novela, y me encanta, porque este proyecto viene con una película. Esa es una de las cosas más lindas. Luego, voy a entrar a un reality show de 40 días en Republica Dominicana. Es un desafío, porque ni Walky ni Abril van a estar, así que estaré sin celular. También se viene el Mundial, y seguiremos como creador cubriendo a la selección Argentian. Y una sorpresa muy grande: un proyecto para niños con discapacidad en Estados Unidos. No puedo adelantar mucho, pero a mediados del año lo anunciaré. Me encantaría que sea primicia aquí en para ti. Lo mas hermoso es que será en beneficio de quienes más lo necesitan.
Agradecimientos a Verónica Fernández de Soto.



