A sus 46 años, Juan Ignacio Chela, uno de los grandes referentes de la Legión Argentina del tenis, encontró una nueva forma de entender el amor y la vida. Alejado de las canchas y de las luces del deporte, el ex número 15 del mundo y su esposa, Verónica Alonso, adoptaron a dos niños haitianos después de un proceso que duró más de cinco años.
“Adoptamos dos chicos de Haití: un nene de 3 años y una nena de 5. Empezaron el jardín, estamos felices, es algo que deseábamos hace mucho tiempo. Nos cambió la vida”, contó Chela en diálogo con el periodista Sebastian Torok de La Nación.
Una decisión que nació del corazón
El extenista explicó que siempre quisieron ampliar la familia y que, tras informarse sobre diferentes caminos, encontraron en Haití la posibilidad que más se ajustaba a su deseo y realidad.
“Conocimos familias que habían adoptado allí, nos interiorizamos sobre el proceso y nos cerró por todos lados. Fue largo, nos agarró la pandemia en el medio, pero valió la pena. Hoy estamos viviendo esta aventura con felicidad”, dijo.

Ayson y Milove, de 3 y 5 años, ya se adaptaron a su nueva vida en la Argentina. “Empezaron el jardín y nos llenaron la casa de risas”, compartió Chela, quien se muestra emocionado en cada palabra.
Un camino de resiliencia y fe
El deportista también atravesó un duro momento personal: en 2021 fue operado por un aneurisma cerebral y le colocaron dos stents. Aquella experiencia, sumada a la adopción, marcó un antes y un después en su vida. “Hoy estoy enfocado en ser padre, en disfrutar de lo simple. La vida me enseñó a valorar cada día”, afirmó.
Paternidad y nuevas prioridades
Lejos de las exigencias del circuito profesional, Chela dedica todo su tiempo a su familia. “Estamos abocados al 100% en ser padres. Es un cambio enorme, pero hermoso. Ellos nos enseñan más de lo que nosotros podemos enseñarles”, reconoció.
Con ternura y compromiso, el extenista demuestra que hay victorias que trascienden los trofeos. Su historia y la de Verónica reflejan que el amor no entiende de fronteras, y que a veces, las mejores conquistas no se logran en una cancha, sino en el corazón.
En un mundo donde la paciencia escasea, la historia de los Chela es un recordatorio de que las cosas más valiosas llegan cuando se espera con amor. Ayson y Milove no solo cambiaron su hogar, sino también su manera de mirar la vida.
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