Amanda Peet compartió uno de los momentos más difíciles de su vida en un ensayo publicado en The New Yorker, donde relató cómo enfrentó un diagnóstico de cáncer de mama mientras atravesaba, al mismo tiempo, la agonía y muerte de sus padres.
A lo largo de su carrera, Amanda Peet construyó un perfil sólido en cine y televisión, con participaciones en películas populares como Something’s Gotta Give (Alguien tiene que ceder), A Lot Like Love (Muy parecido al amor) y The Whole Nine Yards (Mi vecino, el asesino). En la pantalla chica, también se destacó en series como Togetherness y Dirty John, donde mostró su versatilidad para moverse entre la comedia, el drama y los thrillers psicológicos.

Mirá También

"Me entregué y acepté": el fuerte mensaje de Tini de Bucourt tras su tercer diagnóstico de cáncer
Según contó en una entrevista retomada por Infobae, la actriz venía realizándose controles frecuentes debido a la densidad de su tejido mamario. Sin embargo, en agosto de 2025, un chequeo de rutina cambió todo: los estudios derivaron en un diagnóstico que marcaría su año.
“Durante muchos años me han dicho que tengo pechos ‘densos’ y ‘activos’, no como un cumplido sino como una advertencia de que requieren monitoreo adicional”, escribió.

Sus padres estaban ambos en cuidados paliativos
Mientras atravesaba la incertidumbre por su salud, la situación familiar se volvía cada vez más compleja: sus padres, separados desde hacía años, estaban en cuidados paliativos en extremos opuestos de Estados Unidos.
En ese contexto, recibió una de las noticias más duras. “No llegué antes de que mi padre diera su último aliento, pero pude ver su cuerpo antes de que se lo llevaran del apartamento”, relató.
La actriz también confesó el impacto emocional de ese momento y una reacción que la sorprendió: no pudo llorar. Según explicó, esa desconexión momentánea funcionó como una especie de respiro frente al miedo por su propia enfermedad.

"La radiación no fue tan mala comparada con la biopsia"
Días después, llegaron los resultados que trajeron algo de alivio: el tumor tenía características tratables. Sin embargo, una nueva resonancia detectó otra masa, lo que volvió a sumergirla en la angustia.
Finalmente, ese segundo hallazgo resultó benigno y el tratamiento quedó limitado a una tumorectomía y radioterapia, sin necesidad de quimioterapia.
Sobre ese proceso, fue especialmente cruda: “La radiación no fue tan mala comparada con la biopsia, hasta el tramo final, cuando mi pezón quedó carbonizado y con ampollas, como un malvavisco demasiado tostado”.

"El tiempo se acababa"
Pero el dolor no terminó ahí. Poco después, recibió otra noticia devastadora: su madre estaba en sus últimos días. La actriz pudo acompañarla en ese tramo final, en un momento que describió con profunda sensibilidad.

“No estaba segura de si mi mamá sabía que me estaba mirando a mí o si yo era solo una constelación de formas interesantes y sin cuerpo”, expresó.
Con el paso del tiempo, eligió el silencio como forma de despedida. “El tiempo se acababa y, además, ya le había contado todo”, concluyó.



