La historia de amor entre Griselda Siciliani y Luciano Castro no es nueva. De hecho, se remonta a principios de los años 2000, cuando ambos daban sus primeros pasos fuertes en la televisión y el teatro argentino.
Por entonces, eran muy jóvenes y vivieron un romance breve pero intenso. Según contó la propia Siciliani en distintas entrevistas, ese primer vínculo fue tan apasionado como desordenado, propio de dos personas que todavía estaban creciendo y buscando su lugar, tanto a nivel personal como profesional.
Con el paso de los años, cada uno siguió su camino. El actor formó familia y tuvo hijos, mientras que la actriz también construyó su vida personal lejos de él. Sin embargo, el destino volvió a cruzarlos cuando ambos estaban en momentos distintos, más maduros y con otra mirada sobre el amor.

El reencuentro se dio en un contexto laboral y, casi sin buscarlo, el vínculo empezó a reactivarse. Esta vez, con más calma, menos idealización y una conexión mucho más consciente. Tal como revelaron personas cercanas a la pareja, decidieron darse una nueva oportunidad, pero sin apurarse.
Aunque al principio intentaron mantener el bajo perfil, las imágenes y los gestos de cariño comenzaron a circular. Paseos juntos, salidas cómplices y, finalmente, la confirmación llegó cuando Griselda compartió la primera foto oficial como pareja en sus redes sociales.
A partir de ese momento, el romance dejó de ser un rumor y pasó a ser una historia asumida públicamente. Ambos dejaron en claro que estaban disfrutando del presente, sin presiones ni etiquetas forzadas.
La crisis entre Griselda Siciliani y Luciano castro
Como toda pareja expuesta, la relación atravesó momentos de tensión. En los últimos meses, circularon versiones de crisis e incluso rumores de infidelidad que involucraron a terceros. Frente a eso, tanto Siciliani como Castro optaron por el silencio o respuestas muy medidas.
Lejos del escándalo, eligieron preservar la intimidad y continuar con su vida cotidiana. Según trascendió, la decisión fue no alimentar versiones mediáticas y resolver puertas adentro lo que les corresponde como pareja.
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Hoy, el vínculo sigue en pie, aunque bajo sus propias reglas. La actriz ha sido clara al expresar que no cree en los mandatos tradicionales: no conviven, no tienen apuro por casarse y priorizan el bienestar personal y familiar.
Castro, por su parte, se mostró respetuoso de esa postura y aseguró en más de una oportunidad que se trata de una relación basada en el diálogo y la libertad. Una historia que demuestra que, a veces, el amor no se termina: solo espera el momento indicado para volver.
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