El caso de María Unger Reimer, que semanas atrás logró escapar de una colonia menonita en La Pampa, volvió a poner en agenda lo que ocurre dentro de estas comunidades cerradas. Ahora, una nueva historia refuerza esa preocupación.
Se trata de Katherina Neufeld, quien a sus 30 años decidió huir de la Colonia Menonita Nueva Esperanza, en la zona de Guatraché, junto a sus hijos, y comenzar una nueva vida lejos de ese entorno.
Pero el camino no fue sencillo. Tras su escape, dos de sus cuatro hijos fueron retirados sin su consentimiento en Macachín por integrantes de la comunidad, lo que derivó en una intervención judicial urgente.
Finalmente, el Juzgado de Familia de General Acha ordenó la restitución de los menores, otorgó el cuidado personal a la madre, suspendió el contacto con el progenitor y dispuso medidas de protección.
El reencuentro se concretó horas después. Hoy, Katherina puede volver a estar con sus cuatro hijos y empezar a reconstruir su vida.
Katherina: “No aguantaba más”
En diálogo con el medio Diario Textual, Katherina fue clara al describir cómo era su vida dentro de la colonia:
“Es muy cerrada en la colonia. Mi marido siempre trata mal a los chicos y trata mal a mí y a los chicos y no me gusta. No aguantaba más, hace muchos años”.
Su testimonio expone no solo una situación personal, sino también un contexto más amplio dentro de estas comunidades, donde —según relató— muchas mujeres atraviesan situaciones similares.
“Tomábamos muchas pastillas para los nervios”
El impacto emocional de esa vida también quedó reflejado en otro de sus relatos: “Antes yo tomaba muchas pastillas para los nervios y ahora casi termino de tomar las pastillas. En la colonia las mujeres, casi todas las mujeres, tomaban mucho medicamento para los nervios, son muy nerviosas allá por lo que pasa”.
Sus palabras dan cuenta de un malestar profundo y sostenido en el tiempo, que comenzó a revertirse tras su salida.
“Ahora me siento bien”
A pesar de todo lo vivido, hoy su presente es distinto. Cuando le preguntaron cómo se siente, su respuesta fue breve pero contundente: “Bien, ahora me siento bien”.
Lejos de la colonia, su prioridad es clara: reconstruir su vida. Buscar escuela para sus hijos, conseguir trabajo y adaptarse a una nueva realidad forman parte de este proceso. “No vuelvo más”, aseguró.
Su historia, al igual que la de otras mujeres que lograron salir de estos entornos, vuelve a poner el foco en la necesidad de garantizar derechos fundamentales, especialmente cuando hay niños involucrados.
Foto de portada: ilustrativa.




