En un aula de la Escuela media N°27, en la esquina de Chacabuco y Roca, Avellaneda, la rutina de un día escolar se quebró con un estruendo de golpes que nadie quiso o supo detener. Isaías Ezequiel Mendoza, de 15 años, quedó tendido en el piso, casi sin vida, tras una golpiza descomunal propinada por un compañero de 16 años, apenas por un asiento.
Evelyn, la mamá de Isaías, relató en el programa de Sergio Lapegüe: “Lo saqué casi muerto”. Según la denuncia de la familia, la profesora a cargo no solo no intervino, sino que habría ayudado a que Isaías no pudiera defenderse.
“Mi nene entró al aula después de salir del comedor. Se sentó en el fondo, y apareció este chico —el agresor— que le dijo que se levantara, que le diera la silla. Isaías le respondió que no, y entonces le dio un cachetazo. La profesora, en vez de separarlos, le agarró los brazos a mi hijo y no lo dejó defenderse. Así le pegaron en el pecho, en la cara… Mi otra nena va al mismo grado", relató por teléfono en el programa de Lapegüe..
Los minutos se convirtieron en eternidad. Isaías sufrió un paro cardíaco dentro del aula y permaneció sin asistencia durante veinte minutos. Desde el día del ataque, el chico permanece en terapia intensiva en coma inducido y con respirador. "Esperamos un milagro", dije su mamá desesperada.
"Mi hijo sigue igual: conectado a un respirador, en el hospital Fiorito de Avellaneda. Necesita un milagro. Mientras lo golpeaban, a mi hija le sacaron el celular para que no pudiera avisar. En el colegio primero pensaron que era un simple desmayo. Pero esto no empezó ayer: hace rato que venimos advirtiendo que muchos chicos entran con armas blancas", enfatizó la mamá.
El agresor, identificado solo como L., de 16 años, fue detenido y enfrenta cargos por tentativa de homicidio. Pero está con prisión domiciliaria porque presentó un certificado de salud mental. Mientras tanto, la Fiscalía de Menores N°6 de Lomas de Zamora, a cargo del doctor Collazo, investiga el caso.
El motivo de la golpiza parece trivial, casi absurdo: un asiento. Pero la violencia que explotó sobre Isaías muestra la fragilidad del cuidado en un entorno que debería proteger. Sus compañeros, testigos silenciosos y aterrados, siguen impactados por lo que presenciaron, y ya algunos se presentaron como testigos en la comisaría.
"Cuando mi hija me llamó yo estaba a cinco cuadras. Isaías estaba en el primer piso, solo. Yo lo saqué casi sin vida. Los profesores estaban abajo", cerró indignada la mamá de Isaías.
La comunidad escolar y la familia exigen respuestas: cómo fue posible que un adolescente quedara en estado crítico, sin auxilio inmediato, y cómo la complicidad de un adulto —la profesora— pudo permitir que esto sucediera. La vida de Isaías, suspendida entre la esperanza y la incertidumbre, es hoy un grito que reclama justicia y un examen profundo sobre la seguridad y la ética en las escuelas públicas de Avellaneda.
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