Antonela Roccuzzo protagoniza la tapa de abril en Harper’s Bazaar México. La imagen es impecable: luz perfecta, joyas de Tiffany & Co., estilismo cuidado al detalle. Pero lo que queda no es solo lo visual.

Hay algo más. Algo que no se ve en la foto, pero se siente en sus palabras. Una especie de pausa. De claridad. De momento bisagra. Porque esta no es solo una tapa: es el reflejo de una mujer que está cambiando.
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La frase que resume todo
En medio de la entrevista, Antonela dice algo simple. Pero potente: “Me estoy valorando a mí misma de una forma distinta, poniéndome también en el centro”. No lo dice desde el ego. Lo dice desde el aprendizaje. Desde ese lugar al que muchas llegan después de años de estar para otros, de sostener, de priorizar, de acompañar. Y ahí es donde su historia deja de ser solo suya.

Si hay algo que atraviesa todo su relato es la maternidad. “Lo que más me cambió a mí como mujer fue convertirme en mamá”. No es una frase nueva. Pero en su caso se vuelve concreta, cotidiana, real.

Thiago, Mateo y Ciro no son solo nombres: son el centro de su mundo. Durante años, todo giró alrededor de ellos. Sus tiempos, sus decisiones, su energía. Como nos pasa a muchas. Pero la maternidad, en su historia, no es solo entrega. También es transformación.

Cuando los hijos crecen… algo cambia

Hay un momento que no siempre se nombra, pero que todas identifican. Cuando los hijos dejan de ser tan chicos. Cuando ya no necesitan lo mismo. Cuando el tiempo empieza a abrirse un poco.

Y ahí aparece algo inesperado: una misma. “Mis hijos están más grandes ahora y eso me permite disfrutar algunas cosas de mí misma que antes no podía”. No es culpa. No es ruptura. Es evolución.Es empezar a preguntarse: ¿qué quiero yo ahora?

La decisión que cambió su vida: irse

Antes de todo eso, hubo otra transformación igual de fuerte: dejar Argentina. Antonela se fue muy joven. Dejó su casa, su familia, sus amigas. Todo lo que era conocido. “Mi familia era mi nido, donde me sentía protegida”. Y salir de ese nido no fue fácil. Pero ese movimiento también la empujó a crecer: “Me retó a moverme, a resolver, a salir de mi zona de confort”.

Irse no fue solo un acto de amor. Fue un proceso de construcción personal.
Su vida se fue armando en distintos lugares: España, Francia, Estados Unidos. Pero hay algo que nunca se diluyó: “Siempre llevé a mi familia y mis costumbres en el corazón”. Esa mezcla entre adaptación y raíz es lo que hoy la define.

Porque podés cambiar de país, de idioma, de rutina. Pero hay cosas que se quedan con vos para siempre.
Detrás de las campañas, las marcas y los eventos, hay otra escena. Mucho más simple. Ahí no hay producción. No hay estética. Hay vida. Y quizás ahí está la clave de por qué conecta tanto: porque, en el fondo, es reconocible.

En medio de todo, hay una decisión que también habla de su momento: involucrarse. Como embajadora de "Estudiar es Mejor", trabaja para mejorar el acceso a la educación en Argentina, impulsando la construcción de escuelas en zonas vulnerables.

No es solo presencia. Es compromiso. Y también una forma de mantenerse cerca de ese lugar que siempre sigue siendo suyo.

En la tapa de Harper’s Bazaar México, Antonela aparece impecable. Pero lo interesante no es cómo se ve, sino lo que transmite: calma, seguridad, madurez, autenticidad

Ya no hay necesidad de demostrar. Hay algo mucho más poderoso: habitar quién es. Lo que cuenta Antonela no es excepcional. Es profundamente común. Ese momento en el que: los hijos crecen, la vida se estabiliza un poco y aparece una pregunta incómoda pero necesaria. ¿Dónde quedé yo en todo esto? Y, más importante aún: ¿Cómo vuelvo?

Las fotografías estuvieron a cargo de Danny Cardozo, con el estilismo de moda de Juliana Jucá. El maquillaje fue realizado por Carolina Banegas y el peinado por Dafne Evangelista. El PR de Antonela estuvo a cargo de María Costa de Travy, mientras que la dirección de arte fue de Daro Rosas. La entrevista y edición general estuvieron a cargo de María José Guzmán.

