Hay dolores que no encuentran palabras. Y otros que, aun así, necesitan ser escritos para seguir respirando. A ocho meses del crimen de su hijo, Joaco Ruffo, asesinado por su propio padre en un caso que estremeció a la Argentina, Natalia Ciak volvió a un gesto íntimo: abrir el cuaderno que comparte con él y escribirle.
No es solo una carta. Es un testimonio de duelo, de amor y también de transformación. Porque en medio de la tragedia, Natalia habla de un “renacer”, de reconstruirse en un escenario donde nada vuelve a ser igual.
El caso tuvo un giro aún más doloroso cuando el padre de Joaco, señalado como autor del crimen, se suicidó tiempo después. Para Natalia, ese acto significó también el cierre de una posibilidad de justicia judicial. Pero no el final de su lucha.
De la tragedia a la acción: la lucha por la Ley Joaco
Lejos de replegarse, Natalia decidió transformar el dolor en acción. En silencio —como ella misma lo define— continúa trabajando junto a otras personas y referentes en un proyecto clave: la Ley Joaco, un anteproyecto que busca visibilizar y combatir la violencia vicaria en Argentina.
Se trata de un tipo de violencia en la que los hijos e hijas son utilizados para dañar a la madre, muchas veces en contextos de separación conflictiva. Una problemática que, según advierten quienes la impulsan, sigue creciendo.
En los últimos días, el anteproyecto fue presentado ante autoridades de la comisión de Género y Diversidad para su revisión, en un paso concreto hacia su posible tratamiento legislativo.
“Los casos van en aumento”, advierte Natalia. Y su historia, lamentablemente, es prueba de eso.
“Levantate mamá”: la carta completa de Natalia a Joaco
A continuación, la carta completa que Natalia Ciak escribió para su hijo:
"Y un día volví a tomar nuestro cuaderno y escribir.
Sabés Joa, en la vida suceden eventos inesperados y arrasadores que simplemente nos dejan sin palabras. Mamá ya no es la misma, lo llamo "reborn": vuelto a nacer. Re descubrir quién soy, qué tengo para dar, cómo ayudar a muchas otras mamás separadas de sus hijos a base de mentiras, difamaciones, manipulación psicológica, justicia nefasta que solo les señala, pero no abren los ojos a fin de distinguir quién es el agresor real.
Puede ser que quienes me lean vean una mirada feminista, hay padres a la inversa atravesando este calvario, por eso más allá de haber cerrado la página de Joaco pidiendo justicia, la cual no llegó porque fue un acto de cobardía la de su padre quitarse la vida y esta vez lograrlo y en silencio sigo luchando.
Joaco no está ligado a él ni a lo acontecido. Hijo, vos brillás, sos luz, te hacés presente en formas que te representan, llegás a todos los que te conocieron y a los cuales sembraste amor.
Silencio, una palabra que se la asocia a la no acción, a estar paralizado, quietud... pero un gran filósofo Sócrates lo definió como: "Vive en silencio, actúa con amor y deja que tus acciones hablen por ti".
En este duelo que me tocó elijo silencio. Elijo actuar donde discreta y cuidadosamente posas en la sombra, rodeada de personas que me sostienen desde el respeto y el amor. Elijo cuidarme y cuidar porque devolver aquellos actos que recibes con sinceridad también regresan sin importar el modo, porque no llenan tu ego, sino tu corazón.
Tengo una batalla dolorosa por delante, cuando parte ese ser que amamos, algo de nosotros se va con esa persona y es lo más difícil: ceder eso que se ha ido con esa persona. Sé Joa que me viste levantar una y otra vez, tu voz resuena en mi mente: "levantate mamá", ese título no lo cedo, vive en mí eternamente y me levanto más fuerte y más valiente.
No dudes, a vos que lees esta nota y sufrís con impotencia el perder a tus hijos: "No estás loca/co, no estás sola/lo."
Joa y Naty"
Una carta que trasciende lo íntimo
El texto no solo habla de Joaco. También interpela a otras madres, a otras familias, a quienes atraviesan situaciones de violencia invisibilizada.
“En silencio sigo luchando”, escribe Natalia. Y en esa frase hay una definición de época: el dolor no se va, pero puede transformarse en motor.
Su historia hoy también es una causa. Y su carta, un abrazo para quienes sienten que nadie los escucha.



