En medio del clima competitivo de los Juegos Olímpicos de Invierno, un rumor tan inusual como llamativo comenzó a circular en medios europeos y redes sociales: la supuesta utilización de inyecciones de ácido hialurónico en la zona genital por parte de algunos saltadores de esquí con el objetivo de obtener una ventaja aerodinámica. La versión, difundida inicialmente por el diario alemán Bild, rápidamente fue bautizada en internet como “Penisgate” y encendió debates, bromas y también preguntas serias dentro del mundo deportivo.
Cómo nació la versión
Según lo publicado por el medio alemán, la hipótesis apunta a que ciertos atletas podrían intentar modificar temporalmente su volumen corporal -inyectando ácido hialurónico en el pene para agrandar hasta dos centímetros el miembro- antes de las mediciones oficiales de los trajes de salto, un procedimiento que en esta disciplina es clave porque determina cuánta tela puede utilizar cada competidor. En teoría, una mínima variación en la superficie del traje podría traducirse en mayor sustentación durante el vuelo.

La creencia —que hasta ahora no está probada con evidencia concreta— sugiere que un pequeño aumento en la superficie podría dar una ventaja en términos de aerodinámica, una especulación que ha generado debate, humor y escepticismo a partes iguales en redes sociales y medios de comunicación
La idea, sin embargo, se mueve más en el terreno de la especulación que en el de la evidencia concreta. No hay pruebas documentadas ni deportistas identificados que respalden la práctica, pero el tema ganó visibilidad por lo inusual del planteo y por el antecedente reciente de sanciones a equipos que habían manipulado trajes para mejorar su rendimiento.
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Qué dicen los organismos deportivos
Ante la repercusión mediática, tanto la Agencia Mundial Antidopaje (WADA) como la Federación Internacional de Esquí y Snowboard (FIS) se pronunciaron públicamente. Desde la WADA señalaron que están al tanto de los rumores y que evaluarían cualquier evidencia real que pudiera surgir, aunque remarcaron que no existen casos confirmados ni investigaciones formales abiertas por el momento. También aclararon que el ácido hialurónico no figura actualmente en la lista de sustancias prohibidas.
Por su parte, la FIS fue aún más categórica al calificar la versión como “sin fundamento” y afirmar que no hay indicios de que deportistas estén recurriendo a este tipo de intervenciones para obtener ventajas competitivas.

Por qué generó tanto revuelo
El salto de esquí es uno de los deportes más estrictos en cuanto a reglamentación técnica. Las mediciones corporales y los controles de equipamiento son extremadamente precisos, y cualquier alteración que pueda interpretarse como intento de ventaja despierta sospechas inmediatas.
En ese contexto, una teoría que mezcla estética corporal, rendimiento deportivo y reglamento técnico resultó suficiente para convertirse en tema global.
Ácido hialurónico: para qué se usa realmente
Más allá de la polémica deportiva, el ácido hialurónico es una sustancia ampliamente utilizada en medicina y estética. Se trata de una molécula que el cuerpo produce de manera natural y que tiene la capacidad de retener agua y aportar hidratación y volumen a los tejidos.
De acuerdo con información de instituciones médicas y portales científicos especializados en dermatología y medicina regenerativa, sus usos más frecuentes incluyen rellenos dérmicos faciales, tratamientos para mejorar la elasticidad de la piel, aplicaciones en odontología estética y también infiltraciones articulares para aliviar dolor en casos de artrosis de rodilla. En oftalmología y en procesos de cicatrización también tiene aplicaciones específicas debido a su biocompatibilidad y bajo riesgo de rechazo.
Su empleo está considerado seguro cuando se realiza bajo supervisión profesional y con productos aprobados, aunque como cualquier procedimiento médico puede presentar efectos adversos si se aplica sin control adecuado.
Entre la curiosidad y la desinformación
Por ahora, la historia se mantiene en el terreno de los rumores y la especulación mediática. No existen sanciones, investigaciones oficiales abiertas ni pruebas que confirmen que esta práctica esté ocurriendo en atletas olímpicos. Lo que sí dejó en evidencia es cómo, en la era de las redes sociales y la viralización instantánea, una hipótesis llamativa puede transformarse rápidamente en noticia global.
El ácido hialurónico, lejos de ser un elemento vinculado al dopaje deportivo, continúa siendo una herramienta médica y estética con usos concretos y regulados. La controversia olímpica, más que revelar un nuevo método de ventaja competitiva, funciona como recordatorio de que no todo lo que circula con fuerza en internet tiene respaldo científico ni confirmación oficial.
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