El jueves 18 de septiembre, el Senado de la Nación sancionó la Ley Nicolás, completando el camino legislativo que había iniciado en diciembre de 2023 con la aprobación en Diputados. La norma instala un principio básico: que cuidar la vida y la salud no depende del azar ni del coraje de las familias, sino de protocolos, controles y formación que reduzcan al mínimo los daños evitables. La votación fue con amplia mayoría y dejó un mensaje claro: mejorar la seguridad de pacientes y equipos sanitarios es una prioridad.
La ley fija un marco jurídico e institucional para garantizar una asistencia sanitaria segura, de calidad y centrada en las personas. ¿Qué significa en la práctica? Establece protocolos de actuación, sistemas de auditoría y vigilancia, verificación periódica de la aptitud profesional, y la incorporación de herramientas de simulación para prácticas que requieren destrezas técnicas.
También, impulsa la historia clínica digital encriptada e interoperable, clave para evitar pérdidas de información y mejorar la trazabilidad de la atención. En paralelo, promueve formación en seguridad del paciente y humanización de la medicina desde la universidad. Todo apunta a aprender de los errores y a prevenir eventos adversos antes de que ocurran.
El motor social de la ley es la ONG "Por la vida y la salud. Por vos, por mí, por todos", integrada por familias de todo el país que atravesaron situaciones de mala praxis. La preside Gabriela Covelli, mamá de Nicolás Deanna, quien murió en 2017 a los 24 años. Desde entonces, Covelli convirtió el duelo en trabajo colectivo para que otras familias no repitan ese camino. El nombre de la ley homenajea a Nicolás y resume una consigna: que ninguna partida sea en vano.
¿Qué sucederá luego de la sanción de la Ley Nicolás?: reglamentación y aplicación
Con la sanción parlamentaria, el próximo paso es la reglamentación por parte del Poder Ejecutivo (Ministerio de Salud) y su implementación federal junto a las provincias. Especialistas y organizaciones remarcan que el desafío no termina con publicar el texto en el Boletín Oficial: hará falta capacitación, supervisión y compromiso institucional para que los estándares lleguen al consultorio, al quirófano y a cada guardia.
Desde el jueves de la votación, Gabriela Covelli dice sentir una emoción serena, más cercana al deber cumplido que a la felicidad. En una charla íntima con Para Ti, sostuvo que ninguna ley le devuelve a su hijo, pero le da sentido a la lucha y al amor que lo rodeó en vida.
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A su vez, determinó que el objetivo nunca fue “castigar” a alguien, sino evitar que se repita. Apuesta a un cambio de paradigma: contar lo que pasa, no tapar errores, aprender de ellos y enmendarlos a tiempo.
Por otro lado, subrayó que no busca dinero ni indemnizaciones; quiere poder entrar a un hospital sin miedo, con la certeza de que hay controles psicofísicos, físicos y cognitivos periódicos para quienes atienden y de que se cumplen los protocolos. También, adviertió que la ley es un punto de partida y que cada familia será custodia de su cumplimiento, acompañando a quienes pidan la historia clínica o reclamen información sobre su tratamiento. Y deja una guía simple para el día a día: atender a cada paciente como si fuera un hijo propio.
Esta ley convierte en política pública lo que durante años fue un reclamo: transparencia, capacitación y sistemas de calidad que respalden a pacientes y profesionales. Empuja a que los errores no se nieguen ni oculten, sino que se registren, analicen y eviten. Y, detrás de cada artículo, hay madres, padres e hijos que hicieron de su dolor una herramienta de cuidado para todos.
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