Una mesa de comedor amplia, el mar de fondo y dos tazas de café que se vacían mientras el tiempo parece detenerse. En ese escenario, lejos del protocolo y las luces de Madrid, Laurence Debray logró lo que parecía imposible: que Juan Carlos I rompiera el silencio. Durante dos años, la historiadora e hija de figuras clave de la intelectualidad europea acompañó al rey emérito en su retiro, transformando charlas informales en Reconciliación, las memorias que marcan un hito histórico.

Debray, a quien los medios españoles apodaron la "quinta infanta" por el nivel de confianza que generó con el monarca, no es una observadora casual. Su relación cercana con España y su capacidad para "sacarse el yo" y escuchar, le permitieron captar la voz de un hombre que, a sus 80 años, decide dejar constancia de sus cuatro décadas en el trono. Es la primera vez que el rey habla en primera persona, recorriendo desde sus decisiones políticas más trascendentales hasta la intimidad de una vida marcada por el exilio y la resiliencia.
En esta charla exclusiva con Para Ti, Laurence detalla cómo fue el proceso de edición de un libro que "es como el pan", las emociones que afloraron al recordar a su padre y cómo es el día a día de un líder que, a pesar de la distancia física, sigue cada paso de su hijo y sus nietas con la ternura de un abuelo presente.
El proceso de una obra histórica
- Realizaste con un trabajo histórico. Cómo fue la intimidad de crear esa obra junto al rey Juan Carlos. Una vez que consideraron que el trabajo estaba terminado, ¿él te dijo algo? ¿Qué sensación viste en él?
- No es que hay un día que decís "ya está terminado". Me quedé dos años con él y acabamos con un manuscrito mucho más gordo de lo que es hoy. Demasiado gordo. Le dije que yo ya había cumplido, pero un libro es como el pan: hay que dejarlo reposar para que levante. Necesitás distancia para soltarlo. Después de seis meses lo retomé con los comentarios de mi editor, que me decía que era "demasiado espeso". Ahí lo repasamos todo con el rey e intenté cortar, quitar repeticiones y compactarlo.
El momento más emotivo fue cuando llegué de Francia a Abu Dhabi con el libro ya impreso. Para él, hasta ese momento, era algo abstracto: hojas o archivos en el ordenador. Nos abrazamos porque yo estaba muy emotiva diciendo "ya existe el libro". Creo que para él fue un inmenso alivio. No sé si se dio cuenta al principio de que el proceso sería tan largo. Un libro mínimo lleva un año o dos; seas rey o seas un don nadie, es así.
- ¿Cómo describirías esos momentos de trabajo? ¿Él te dictaba o eran charlas?
- Charlas informales. En una mesa de comedor grande, donde se ve el mar, los dos sentados tomando café. Yo le dejaba escoger los temas porque hay días que uno tiene ganas de hablar de ciertas cosas y otros no. Él guiaba y luego yo lo ponía por escrito. Al día siguiente discutíamos esa versión y corregíamos, porque la meta era que estuviera como si él fuera hablando, con sus emociones. Tuve que quitar mis propios automatismos para que él tuviera su propia voz. Es un trabajo importante para alguien acostumbrado a escribir: sacarse el "yo", retirarse y ponerse para él.

La sensibilidad detrás del monarca
- Se nota una emotividad fuerte en los hechos que repasa el libro, los detalles, cómo está contado todo. ¿Notaste que él se emocionó particularmente con ciertos temas?
- Sí. Detrás del militar y del rey hay una persona muy sensible. Se emocionaba cuando hablaba de su padre; le brillaban los ojos. Con la edad uno se emociona más, y también porque se van acortando los temas de conversación cuando mucha gente querida ya quedó en el camino.
Él es un gran líder que cambió el rumbo de su país y lo hizo con una visión a largo plazo. Tiene la fuerza mental de no agobiarse por las críticas actuales de la prensa; él dice: "las próximas generaciones me juzgarán". Esa es la diferencia entre un político y un rey. Los políticos dependen de la elección del año siguiente o del sondeo; un rey mira la historia.
- ¿Cómo ve a su hijo, el rey Felipe VI, ocupando ese lugar? ¿Y a sus nietas?
- Es el fan número uno de su hijo. Se impresiona porque sabe que Felipe lo tiene difícil con un contexto político complicado. Su mayor orgullo es haber podido dejarle la corona, algo que él no pudo heredar de su padre. Respecto a sus nietas y su nuera, lo ve con mucha ternura y atención, como un abuelo. En su casa tiene fotos de su familia, de sus hijos, de amigos esquiando o en su barco. Al principio las paredes estaban blancas porque no pensaba quedarse cinco años; ahora ya se instaló, puso cuadros y fotos.
El exilio y los asuntos pendientes
- ¿Él siente que en algún momento podrá regresar a España?
- No lo sabe. No depende de él, depende de su hijo, del gobierno y del contexto nacional. Vive el día a día para no amargarse con una incertidumbre.
- ¿Hubo algo que no quiso contar?
- No. Desde el principio sabía que tenía que hablar de todo. Es una persona de trato muy fácil, no pone trabas. Tiene una memoria increíble; te cuenta la gran historia por "la puerta pequeña", por detrás, y eso me gustó mucho.
Respecto a sus amores y a la reina Sofía, hubo una discusión sobre hasta dónde llegar con los detalles. A mí los temas de vida privada no me interesaban tanto, pero sabía que había que tratarlos. Al escribir el libro originalmente en francés, personajes como Bárbara Rey no tienen relevancia allá. Pero a la reina Sofía la reconoce como una parte muy importante. Es muy sincero con ella; admite su vida privada pero mantiene un afecto y un respeto inmenso hacia ella. Se hablan y tienen buen trato, el problema es que no se vem porque ella no viaja a verlo.
- ¿Cómo es su día a día hoy?
- Tiene una vida muy arreglada, muy militar con sus horarios. Hace gimnasia, lee la prensa, se levanta a tal hora. Es mentalmente muy fuerte. A pesar de sus problemas de movilidad por las operaciones de cadera y rodilla, es un resiliente. Su obsesión es estar fuerte para participar en las regatas, así que se entrena mucho.
- Como autora, ¿qué sentís al ver la obra terminada?
- Una gran responsabilidad, porque es un libro que va a quedar en la historia. No es una novela que pasa de moda en un año. Es un honor haber participado. Me produce mucha satisfacción que esté siendo tan bien recibido, especialmente por los jóvenes en España; eso a él lo conmueve mucho: ver su imagen retratada desde sus propias palabras.

