Silvana D’Onofrio es una de las grandes referentes de la música clásica en la Argentina. Con más de dos décadas de trayectoria, es la única mujer del país que dirige ópera de forma independiente, una tarea que ha sostenido con convicción y pasión, al frente de la compañía que fundó: Música en escena.
Pianista, docente, gestora y directora musical, en pocos días (el 31 de mayo) estrena una versión renovada de La flauta mágica, la última ópera compuesta por Mozart, en la sala Alejandro Casona del Centro Asturiano de Buenos Aires. En esta entrevista con Para Ti, repasa los desafíos de su carrera, reflexiona sobre los estereotipos en el arte y habla de su universo íntimo, donde la música y la vida personal conviven sin fronteras.
“La flauta mágica es una monumental obra que implica un gran desafío”
—Estás al frente de la dirección musical de La flauta mágica dentro del ciclo Música en escena. ¿Qué significa para vos abordar una obra como esta, que es un clásico de Mozart?
—La flauta mágica es una monumental obra que como tal implica un gran desafío para todos los que en algún momento de nuestras carreras transitamos por ella. Para mí, el desafío más importante es poder llevar adelante la partitura tal como la escribió el compositor. Esto es siempre lo más difícil para un director. Yo considero que un director revela su crecimiento en la medida en que puede ofrecer al público una versión que se ajuste en términos musicales a lo que el compositor propuso.

“Esta puesta busca deconstruir la visión binaria de ‘buenos y malos’”
—¿Qué mirada propia le diste a esta puesta? ¿Hay alguna reinterpretación o enfoque especial que quieras contar?
—Flauta mágica es una “obra de arte” porque cumple con una premisa fundamental que es la lectura desde la actualidad. Por lo tanto, no hay miradas propias. Lo que intentamos ofrecer es una lectura de la obra que nos permite comprender muchas cosas del presente más allá de haber sido escrita en el siglo XVIII. En esta oportunidad el público se va a encontrar con una puesta que, conservando los elementos mágicos de la obra, transcurre en la actualidad.
El desafío de esta nueva versión de Flauta mágica se centra en una lectura de la obra que intenta deconstruir la visión binaria “buenos y malos” para ahondar en la disputa por el poder, además de profundizar en cuestiones explícitas del texto que ubican a las mujeres en un lugar de imposibilidad por su propia condición y de la necesidad que “tenemos” de ser tuteladas por un hombre que nos complete.
“Ese hito reforzó un camino que ya venía transitando”
—Fuiste la primera alumna en egresar del Conservatorio “Manuel de Falla” dirigiendo una ópera. ¿Qué recordás de aquel momento y cómo sentís que ese hito marcó tu camino?
—En el año 2002 el conservatorio atravesaba un momento muy difícil. Las políticas de recorte presupuestario estaban desmantelando las cátedras de docentes de extraordinaria trayectoria y fue una propuesta del Mtro. Miguel Ángel Gilardi que las dos estudiantes que egresábamos ese año de la carrera de dirección de orquesta lo hiciéramos dirigiendo una puesta de ópera. Como una herramienta para difundir lo que en el conservatorio se hacía.

En mi caso personal, eso reforzó un camino que en lo personal venía transitando. Yo ya era pianista acompañante en el Conservatorio, porque antes de ser directora hice la carrera de pianista. Por lo tanto, en el momento en que el Mtro. Gilardi me hizo la propuesta, la recibí con mucho entusiasmo y me puse a estudiar y colaborar con los ensayos del coro y la preparación de los solistas. Tengo un recuerdo muy grato de esa experiencia.
“Fue una obra importantísima para mí como músico y como ser humano”
—Uno de tus trabajos fue incorporado al patrimonio del Museo del Gueto de Terezín. ¿Cómo viviste esa experiencia y qué significó para vos como artista y como persona?
—El melodrama Terezin, de la compositora argentina Nelly Gómez, fue una obra importantísima para mí, como músico y como ser humano. Antes de saber de la existencia de esta obra yo había estado en el Gueto de Terezin en un viaje que hice en 2011 a República Checa. A mi regreso de ese viaje le comenté a Nelly que había estado en el Gueto y que esa experiencia había sido conmovedora para mí. Ella me dice: “Yo tengo una obra escrita sobre los niños del gueto de Terezin”.
Inmediatamente le pedí la partitura, que leí fervorosamente la noche en que me fue entregada, y le propuse a la compositora hacerla con puesta en escena. Hicimos dos versiones de esta obra. Una para coro de niños y orquesta en 2013 y otra para coro femenino, dos pianos y percusión en 2017. Esta última versión es la que fue recibida en la República Checa. Las cosas increíbles que tiene la vida: una de las niñas que participó de la primera versión está ahora cantando uno de los roles en esta puesta de Flauta mágica.
“Cada proyecto fue un peldaño más en nuestro crecimiento”
—Sos cofundadora de Música en escena, un proyecto que creció enormemente. ¿Cómo nació esta compañía y cómo la ves hoy, con una identidad ya tan consolidada?
—Hace más de 20 años, cuando me recibí de directora, las posibilidades de dirigir para una mujer eran casi inexistentes. Por lo tanto, con Rosana Santoro decidimos organizar nuestro propio espacio. Música en escena nació como un coro femenino que fue creciendo hasta transformarse en la compañía que es hoy.

En 2012 Rosana decidió continuar su actividad musical en otro campo de acción, más vinculado a la música popular, y quedé yo a cargo de la compañía. La verdad es que desde 2003 hasta la actualidad, cada proyecto ha significado un peldaño más en nuestro crecimiento artístico y eso nos llena de orgullo.
“Soy todo esto junto, todo el tiempo”
—¿Cómo es tu vida más allá de la música? ¿Estás en pareja, tenés hijos? ¿Cómo lográs combinar tu vida personal con el trabajo?
—Estoy casada desde hace 32 años, tengo dos hijas que han crecido dentro de la compañía y forman parte de ella. La mayor es compositora y la más “pequeña” es estudiante de escenografía, vestuario y maquillaje, por lo que creo que Música en escena va a tener continuidad más allá de mí, y eso me hace muy feliz. Además de la compañía, soy docente y subjefa del departamento de música del Colegio Nacional de Buenos Aires, y esa es una actividad que me enorgullece y me hace muy feliz porque la docencia es algo que me apasiona.
En cuanto a combinar la vida personal con la laboral, yo soy esta que soy con mis estudiantes del colegio, los cantantes, músicos y otros integrantes de la compañía (que también son como mi familia) y mi familia. No tengo las cosas en compartimentos estancos. Soy todo esto junto, todo el tiempo. Creo que esta es mi esencia, y así soy feliz.

“El arte está para incomodar al espectador”
—¿Qué esperás que el público se lleve de esta nueva puesta de La flauta mágica?
—Yo creo que el arte está para incomodar al espectador. Flauta mágica tiene muchos momentos de comedia y es una obra con final feliz, pero tiene muchos elementos que nos invitan a reflexionar sobre las relaciones humanas, sobre la mirada de los hombres sobre las mujeres, sobre los mandatos patriarcales, sobre las clases sociales y sus interrelaciones.
Me sentiría feliz si los espectadores salen de la sala con la sensación de que hay cosas por las cuales luchar y que hay conductas que modificar si queremos que nuestros hijos y nietos vivan en un mundo más empático, respetuoso de las diversidades y del derecho que todos y cada uno tenemos a nuestras ideas y elecciones sin tener que ser juzgados por ello.
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