Tiene 71 años y llegó a la cima del Volcán Lanín tras superar un diagnóstico
 

Un desafío que comenzó con un diagnóstico de sobrepeso: la historia de Amalia, una mujer de 71 años que llegó a la cima del Volcán Lanín

Amalia Figueroa destacada
Tiene 71 años, superó un diagnóstico de sobrepeso y depresión y logró uno de sus mayores sueños: alcanzar la cima del Volcán Lanín tras años de preparación y perseverancia. Te contamos la historia de Amalia Figueroa.
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A veces, los sueños toman forma en los momentos más difíciles. Y cuando finalmente se cumplen, borran cualquier obstáculo que haya existido en el camino. Así puede resumirse la historia de Amalia Figueroa, una mujer neuquina de 71 años que trabajó como empleada doméstica y niñera, y que logró concretar uno de los desafíos más exigentes de su vida: llegar a la cima del Volcán Lanín, a 3.776 metros de altura.

El pasado domingo 18 de enero, Amalia vivió una experiencia que quedará grabada para siempre en su memoria. Junto a Cristina Ganem y Natalia Artezana, dos compañeras de travesía y colegas del deporte, emprendió el ascenso final que culminó con la concreción de un sueño postergado.

Según relató al Diario Río Negro, no era la primera vez que intentaba alcanzar la cumbre. Dos años atrás, había quedado a tan solo 200 metros, pero debió regresar por cuestiones de tiempo y seguridad. “No daban los tiempos porque demoramos mucho y a mi hija le agarró vértigo”, recordó.

Lejos de frustrarse, Amalia transformó esa experiencia en aprendizaje. Durante los años siguientes se entrenó con disciplina, estudió el recorrido y se preparó física y mentalmente para volver a intentarlo. En ese proceso fue clave el acompañamiento de Ganem, nadadora de aguas abiertas de 60 años, y Artezana, con experiencia previa en el Lanín.


Amalia, Cristina y Natalia. Foto: Mejor Informado
Amalia, Cristina y Natalia. Foto: Mejor Informado

Este domingo, a la 1.30 de la mañana, empezamos a subir desde el refugio hacia la cumbre. Estuvimos nueve horas trepando la montaña y a las 10 de la mañana cumplí mi sueño”, contó emocionada.

El inicio nocturno del ascenso respondió a una estrategia habitual: evitar el calor y el viento, y llegar antes del mediodía a la cima. Con linternas frontales y en completa oscuridad, avanzaron sin mirar demasiado alrededor. “Uno no ve por dónde va, pero es mejor para no marearse. Cuando amaneció, ya estábamos a 300 metros de la cumbre. Miré hacia atrás y no podía creer todo lo que habíamos hecho”, relató.

Al llegar, la emoción fue compartida. “Estábamos felices. Somos mujeres grandes y muy mandadas”, resumió Amalia. Durante el trayecto se sostuvieron entre las tres, con palabras de aliento y apoyo constante.

Una historia marcada por un diagnóstico que lo cambió todo

Alcanzar la cima de un volcán de casi 4 mil metros no es casualidad. Detrás hay años de entrenamiento, compromiso y fortaleza emocional, especialmente considerando la edad de Amalia.

Su transformación comenzó a los 47 años, cuando recibió un diagnóstico médico que marcó un antes y un después. El sobrepeso le estaba generando problemas articulares y el mensaje fue contundente. “El médico me dijo que si no bajaba de peso iba a terminar en una silla de ruedas”, recordó.

A ese cuadro se sumaba una depresión que había comenzado tras el nacimiento de su tercera hija. Sin embargo, lejos de rendirse, Amalia decidió cambiar su vida. Empezó a correr y con el tiempo, a competir en carreras de larga distancia.

Estaba tan gordita que ya tenía artrosis en la rodilla. Mi profesora me incentivó a correr y ahí empezó todo”, contó. Los cambios físicos llegaron, pero también los reconocimientos y la motivación por asumir desafíos cada vez mayores.

La montaña siempre estuvo presente. “Yo vengo de la nieve y de las montañas. De chica andaba por esos lugares. Por eso siempre me tiró la montaña”, explicó sobre su vínculo con el Volcán Lanín.

Y lejos de poner un punto final a su historia, Amalia ya piensa en su próximo gran objetivo: el Volcán Domuyo, el más alto de la Patagonia, con 4.707 metros de altura, ubicado en la Cordillera del Viento, al norte de Neuquén.

Con energía, determinación y nuevos sueños por delante, Amalia sigue demostrando que nunca es tarde para superarse.

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