Juliana Marins tenía 26 años, era brasileña y había elegido vivir una experiencia transformadora: recorrer el sudeste asiático como mochilera. Viajaba sola, con lo justo, decidida a disfrutar su juventud con libertad.

El 21 de junio, mientras ascendía el monte Rinjani, uno de los volcanes más altos de Indonesia, Juliana cayó por una pendiente y desapareció. Recién cuatro días después, el 25 de junio, su cuerpo fue hallado por los rescatistas. La noticia conmocionó a Brasil y a las comunidades viajeras de todo el mundo.
La carta de su papá: amor, memoria y fe
Luego de confirmarse su muerte, Manoel Marins, su papá, le dedicó una emotiva carta que compartió con sus seres queridos. En ella, le habla a su hija con la ternura de un padre que no solo llora la pérdida, sino que también honra su vida, su carácter y su libertad.

Esta es la traducción al español de su mensaje:
“Ah, Juju, mi hermosa, mi tesoro, mi hija, mi amor. Siempre fuiste muy especial. Traviesa, inquieta, de sonrisa hermosa y con un inmenso deseo de vivir intensamente. Siempre preocupada por mí y por Estela. Decías que ibas a cuidar de nosotros en la vejez, aunque yo te decía que no era necesario, que debías vivir tu vida.
A comienzos de este año nos dijiste que harías este viaje con mochila ahora que eras joven, y te apoyamos. Cuando te ofrecimos ayudarte económicamente, dijiste que jamás. Y así viajaste con tus propios recursos, fruto de tu trabajo. Y qué feliz estabas cumpliendo ese sueño. Y qué felices fuimos nosotros con tu felicidad.
Queda tu presencia en nuestra casa, en tu cuarto, en tu lugar favorito del sofá. Queda tu presencia marcada en la vida de quienes tuvieron el privilegio de conocerte y convivir con vos.
Y especialmente, en mi corazón, en el de tu mamá y en el de tu hermana.
Vuela, Juju, vuela. Vuela a los brazos del Padre Eterno, que te espera para guardarte para siempre en sus brazos de amor infinito.
Y acá quedamos, con la certeza de que nos reencontraremos un día y haremos ese vuelo en parapente que estábamos planeando para tu cumpleaños. Allá en el cielo, Dios sabrá regalarnos eso.
De quienes siempre te amaron: papi, mami y Mari.”
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