La puerta se abrió, pero nada volvió a ser como antes. Después de más de dos semanas cerrada, la Escuela Mariano Moreno N°40 de San Cristóbal volvió a recibir a su comunidad. No hubo apuro, ni rutina, ni ese murmullo habitual de mochilas y recreos. El regreso fue distinto, atravesado por una ausencia que lo ocupa todo: la de Ian Cabrera, el alumno de 13 años asesinado dentro del colegio.
Durante días, el edificio permaneció en silencio, bajo peritajes judiciales. Recién ahora, con las investigaciones avanzadas, se habilitó la reapertura. Pero volver no significa retomar la normalidad. Significa, primero, animarse a entrar otra vez.
El tiempo necesario para reconstruir
Las primeras jornadas no estuvieron pensadas para enseñar contenidos, sino para algo mucho más urgente: ordenar, limpiar, reunirse, hablar.
Docentes y directivos volvieron antes que los alumnos. Se encontraron entre ellos, compartieron impresiones, intentaron poner en palabras lo que todavía cuesta entender. También comenzaron a preparar un regreso cuidado, progresivo, que contemple no solo lo pedagógico, sino sobre todo lo emocional.
Porque no hay forma de volver de golpe a un lugar que quedó atravesado por la violencia.
Aprender a volver
El regreso de los estudiantes será escalonado. No por una cuestión organizativa, sino por una necesidad más profunda: respetar los tiempos de cada uno.
Habrá espacios de encuentro, actividades más livianas, momentos para hablar o simplemente para estar. En algunos casos, las clases serán reducidas. En otros, directamente postergadas unos días más.
La prioridad no es el programa escolar. Es el cuidado.
Es poder mirar al otro, reconocer lo que pasó y empezar, de a poco, a reconstruir una idea de escuela que hoy se siente distinta.
Una herida que atraviesa a todos
Lo que ocurrió en San Cristóbal dejó una marca que excede las paredes del colegio. Interpela a familias, docentes y a toda la comunidad.
Porque cuando la violencia irrumpe en un espacio que debería ser seguro, todo se desordena. Las certezas se rompen. Y lo cotidiano se vuelve frágil.
En ese contexto, volver es un acto complejo. No es solo abrir una puerta. Es habitar un lugar que ya no es el mismo.
El primer paso
Este lunes no fue el regreso a clases. Fue algo anterior. Fue el primer paso de un proceso más largo, más difícil, pero también necesario: el de volver a encontrarse, a nombrar lo que duele y a reconstruir, entre todos, una forma posible de seguir.
El regreso de los alumnos no será inmediato ni uniforme. La decisión fue avanzar de forma progresiva, respetando los tiempos emocionales de cada grupo.
Desde el miércoles habrá actividades lúdicas y un encuentro general hacia el final de la semana, para el Nivel Inicial. Nivel Primario tendrá primeros días destinados a reuniones; las clases se retoman recién el viernes. En cuanto a Nivel secundario (turno mañana), el más afectado,habrá instancias de diálogo antes de volver al aula, también el viernes y con horario reducido.
Más que contenidos, lo urgente ahora es otra cosa: hablar, procesar, acompañar. Porque hay cosas que no se superan. Pero sí se aprenden a transitar.

