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Por qué la gente odia la moda: la teoría de Valerie Steele

Esta semana de Colecciones también queremos pensar y repensar la moda. Así, seleccionamos un fragmento del libro “Fashion Theory. Hacia una teoría cultural de la moda” de Valerie Steele, una magnífica mirada desde diversas perspectivas.

Valerie Steele es doctora en historia, curadora del Museo del Fashion Institute of Technology de Nueva York y referente ineludible de los Estudios de Moda.

La investigadora de la moda Valerie Steele. Foto: Hernán Cristiano.

En el libro Fashion Theory. Hacia una teoría cultural de la moda explora el espacio que ocupan la moda y sus imágenes en el consumo, en la cultura urbana, en la literatura y en el arte.

A continuación, un fragmento de uno de los capítulos más emblemáticos del libro, separado por subtítulos que no forman parte del texto original pero que organizarán la lectura.

Por qué la gente odia la moda

Tal vez “odia” sea una palabra excesiva, pero al menos mucha gente la desprecia y la denuncia. La oposición a la moda ya lleva varios siglos y aún goza de excelente salud, sobre todo en Inglaterra y en los Estados Unidos, donde abunda la gente que reacciona con diversos grados de hostilidad ante la sola idea de la moda.

Sin embargo, incluso en países más afines al rubro hay una ambivalencia de fondo, expresada a la perfección en el anuncio publicitario de Moschino que combina la imagen de una mujer hermosa, pero vampírica, con el eslogan Stop the fashion system (‘Paren el sistema de la moda’).

La moda es opresiva, en especial para las mujeres. En el discurso cotidiano son frecuentes las referencias a la moda como tirana, así como a los modistos se los tilda de dictadores. A la inversa, los obedientes son ridiculizados como “esclavos de la moda”, o bien, en la terminología actual, como fashion victims o “víctimas de la moda”.

En el siglo XIX, los reformistas de la vestimenta tildaban la moda de “monstruo” y “demonio” empeñado en la “subyugación” y la “degradación” de la humanidad, en especial de las mujeres, que se sometían “con gemidos de dolor al azote caprichoso de la moda”. Aunque el vocabulario actual ha cambiado, las ideas subyacentes son bastante similares.

Foto: Photo by Sheridan Morley/News UK/REX/Shutterstock (212718m) Naomi Campbell falling over Vivienne Westwood Fashion Show, Paris, France – 1993

Qué es la moda

La moda es una forma irracional de fetichismo femenino. Algunos caracterizan a la moda tirana como una divinidad femenina, y se preguntan, por ende, si las mujeres son sus víctimas o sus devotas.

“La moda es la diosa de la mujer, porque es como la mujer”, declaró un escritor victoriano: Varium et mutabile semper femina (‘La mujer es siempre variable y cambiante’, Virg. En. IV 569-570). Esta imagen de la diosa voluble desplaza sutilmente el énfasis desde la metáfora del poder hacia la aún más problemática cuestión de la irracionalidad. La moda se relaciona a menudo con las “insensateces”, término que abarca tanto el absurdo como la estupidez.

“La moda y la idiotez son eternas gemelas”, declaró otro autor victoriano. La vestimenta lisa y llana puede ser necesaria por razones de protección y decencia, pero las modas extravagantes, absurdas o caprichosamente cambiantes carecen de toda utilidad. Los cambios de la moda suelen parecer misteriosos, arbitrarios e insensatos… excepto como parte de una conspiración para que la gente se vea obligada a comprar ropa nueva.

La moda es la hija dilecta del capitalismo. Tal como observó alguna vez Kennedy Fraser en The New Yorker, la moda no solo es calificada de opresiva e irracional, sino “además condenada por estar a merced del comercio más corrupto”.

De hecho, la exhortación irónica de Moschino a acabar con el “sistema de la moda” supone la destrucción revolucionaria de una corporación mundial.

Exhibición “China Chic East Meets West”. Museo del FIT, Nueva York. Foto © Irving Solero.

La moda, una industria explotadora

La explotación de los obreros que trabajan en la industria de la indumentaria es un tema recurrente en la literatura del comunismo. Como dice Friedrich Engels en La situación de la clase obrera en Inglaterra (1979), es “curioso que justamente la producción de artículos para el adorno de las damas burguesas acarree las consecuencias más tristes para la salud de los obreros”.

Cabe presumir que el sufrimiento de los obreros sería menos injustificable si se los empleara en una labor más productiva para la sociedad que la fabricación de chucherías inútiles. Pero el sistema de la moda también victimiza en potencia a los burgueses, que sucumben a la coerción de comprar ropa nueva antes de que se haya gastado la vieja. ¿Por qué están dispuestos a dilapidar su capital en nombre de la moda?

Los pecados de la moda

La moda se asocia con los pecados de la lujuria y la soberbia. La historia demuestra que la moda ya era objeto de oprobio mucho antes del surgimiento del capitalismo, cuando los hombres eran al menos tan coquetos y extravagantes para vestirse como las mujeres.

Markus Lupfer Spring Summer 2018 Ready-to-Wear London Fashion Week Copyright Catwalking.com

De acuerdo con el Génesis, el origen de la vestimenta es el pecado. Y tal como explicó san Agustín, una vez que Adán y Eva experimentaron la lujuria (o al menos Adán lo hizo; san Agustín no estaba seguro respecto de Eva), sintieron vergüenza.

Y aunque la ropa pasó a ser un mal necesario tras la caída de la humanidad, el vestido y el adorno podían muy bien tornarse voluptuosos y seductores.

La moda incomoda

La moda es incómoda, insalubre y fomenta perniciosas distinciones jerárquicas. Las consecuencias sociales negativas de la moda se perciben vastas. El grueso de la crítica se enfoca en la inconveniencia y la incomodidad de la indumentaria femenina, pero siempre hay unos cuantos hombres que se quejan de artículos tales como la corbata.

También las modas masculinas se han asociado a riesgos para la salud. Por ejemplo, se dice que los calzoncillos y los pantalones ajustados reducen la cantidad y la vitalidad del esperma; y los hombres, tal como las mujeres, pueden caerse cuando caminan con zapatos de plataforma o ahorcarse sin querer con una chalina larga.

Butch Chanel, festival Wigstock, Nueva York, 1992. Foto © Michael James O’Brien, ca. 2013.

Muchos hombres de izquierda han denostado el traje empresarial (tan alabado por las feministas) como chaleco de fuerza que consolida el sistema de clases.

“La moda suele despertar suspicacias porque marca diferencias de rango”, observa la periodista Christa Worthington, “sobre todo en los Estados Unidos, donde no podemos admitir la existencia de clases”.

En cuanto a los países del tercer mundo, los cañones a veces apuntan contra el traje empresarial, acusado de uniforme neocolonialista, pero es mucho mayor la hostilidad contra las modas femeninas. En el Congo, por ejemplo, se han prohibido las minifaldas y los pantalones para mujeres por contravenir las normas locales de moralidad.

La moda promueve el “mito de la belleza”. Los supuestos efectos psicológicos de la moda son aún más nocivos que el dolor físico. “La moda puede ser muy estresante para quienes tienen el cuerpo imperfecto”, agrega Worthington. Creyendo (con o sin razón) que no darán la talla, esas personas odian las modas que no les sientan bien y envidian a quienes pueden usarlas.

La moda es innatural y artificial

Hoy hay mucha gente convencida de que la moda fomenta la anorexia entre las jóvenes porque promueve imágenes de modelos delgadas con ropas exiguas. Esto en realidad es tan lógico como decir que la música country causa adulterio y alcoholismo. Sin embargo, es casi un artículo de fe para –tal vez– la mayoría de las mujeres estadounidenses.

A medida que la obesidad se generaliza en el mundo industrializado, especialmente en los Estados Unidos, es probable que escalen estas quejas sobre la moda, en vista de que muchas mujeres la relacionan con problemas de imagen física.

La moda es innatural y artificial. La ideología utilitarista tiende a imponerse cada vez más en los debates contemporáneos sobre la moda.

The Corset. © Museo del FIT, Nueva York.

Sin embargo, esta ideología es muy debatible, porque, desde luego, la moda, el placer, la belleza y el arte son en esencia inútiles. Tal como señala Elizabeth Wilson en su brillante libro Adorned in Dreams, “la tesis dice que la moda es opresiva; la antítesis, que nos da placer”.

La miríada de críticas a la moda se apuntala en el supuesto generalizado según el cual “la ropa solo se justifica por su función: la utilidad”, que a su vez conduce al debate sobre lo que es o no es natural. Pero la ropa “nunca es funcional en primer lugar” –argumenta Wilson– ni los seres humanos “son naturales”.

Vivimos en culturas socialmente construidas, y es precisamente la artificialidad y la falta de propósito lo que confiere valor a la moda como vehículo estético para la fantasía.

La portada del libro de Valerie Steele.

La autora: Valerie Steele

Valerie Steele es Doctora en Historia por la Universidad de Yale, directora y curadora del Museo del Fashion Institute of Technology de Nueva York, en donde -desde 1997- ha organizado numerosas exposiciones, entre las cuales se destacan El corset (2000), Una historia queer de la moda (2013-2014), Danza y moda (2014-205) y La musa de Proust (2016-2017). Es editora y fundadora de Fashion Theory: The Journal of Dress, Body & Culture, la primera revista académica dedicada a los estudios de moda, y ha escrito o compilado más de 25 libros, entre los cuales se pueden mencionar Women of Fashion (1991), Fetish: Fashion, Sex and Power (1996), The Berg Companion to Fashion (2010), y Fashion Designers A-Z (2012).

Steele combina la investigación académica rigurosa con una excepcional habilidad para comunicarse con un público amplio, y ha jugado un rol fundamental en la creación del campo disciplinario de los estudios de moda tal como lo conocemos hoy.

The Washington Post la describe como una de las “mujeres más inteligentes de la moda”, Suzy Menkes la apodó “el Freud de la moda”, y la revista Business of Fashion la incluyó dentro de su prestigiosa lista de personalidades que dan forma a la industria global de la moda.

Su libro Fashion Theory. Hacia una teoría cultural de la moda  (Ampersand, 2018), traducido por Lilia Mosconi, es la primera compilación de sus textos en lengua española.

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