"Real food": por qué la nueva pirámide alimenticia de EE.UU. genera debate entre los cardiólogos - Revista Para Ti
 

"Real food": por qué la nueva pirámide alimenticia de EE.UU. genera debate entre los cardiólogos

El Gobierno de Donald Trump impulsó un giro en la pirámide alimenticia que prioriza carnes rojas, lácteos enteros y grasas saturadas. Especialistas argentinos analizan los beneficios del concepto “alimentos reales” y advierten sobre los riesgos de llevarlo al extremo.

En los últimos días se conoció una novedad que no pasó desapercibida en el mundo de la nutrición y la salud: el Gobierno de Donald Trump decidió invertir la pirámide alimenticia tradicional. A partir de este cambio, se prioriza el consumo de carnes rojas, lácteos enteros y grasas saturadas, mientras que frutas y verduras quedan relegadas a un plano secundario.

La propuesta se enmarca dentro de una tendencia conocida como “real food”, que promueve volver a las fuentes y al consumo de alimentos reales, lo menos procesados posible, en contraposición a la creciente industrialización de la dieta moderna.

El valor del concepto (y sus límites)

Desde la Federación Argentina de Cardiología (FAC), a través de su Comité de Cardiometabolismo, analizan esta tendencia con una mirada equilibrada: reconocen algunos aspectos positivos, pero también advierten sobre afirmaciones que hoy no cuentan con evidencia científica sólida.

“El concepto de alimentos reales es valioso y necesario, especialmente en un contexto donde el alto grado de industrialización domina la oferta alimentaria. Sin embargo, no debe transformarse en un eslogan simplista ni en una nueva forma de ‘dieta milagro’”, explica el Dr. Diego Picchio (MP 3016), cardiólogo integrante de la FAC.

Y agrega un punto clave desde la mirada médica: “Desde la cardiología, lo verdaderamente importante es el patrón alimentario global, su sostenibilidad en el tiempo y su adecuación al riesgo cardiovascular individual”.

¿Qué se considera “real food” y cómo es este plan alimentario?

El enfoque “real food” parte de una idea simple: priorizar alimentos en su estado más natural posible, evitando productos ultraprocesados, con listas largas de ingredientes, aditivos, azúcares agregados o grasas industriales.

Dentro de este esquema, se promueve el consumo de:

  • Carnes frescas, especialmente carnes rojas y cortes sin procesar
  • Lácteos enteros, como leche, yogur y quesos sin agregados
  • Huevos
  • Grasas de origen animal y algunas grasas naturales
  • Alimentos mínimamente procesados, sin refinamientos industriales

A diferencia de las guías tradicionales, este plan reduce el protagonismo de cereales refinados, productos light o bajos en grasa, y cuestiona el uso extendido de alimentos ultraprocesados “funcionales”.

Sin embargo, en el nuevo esquema impulsado desde Estados Unidos, las frutas y verduras quedan relegadas a un lugar secundario, algo que marca una diferencia sustancial respecto de la mayoría de las recomendaciones nutricionales vigentes a nivel mundial.

Las alertas que encendió el nuevo enfoque

Si bien la idea de reducir ultraprocesados y volver a alimentos frescos es compartida por numerosos organismos de salud pública, el reciente cambio en la pirámide alimenticia estadounidense generó señales de alarma entre los especialistas.

En primer lugar, priorizar carnes rojas y lácteos enteros implica un aumento significativo en la ingesta de grasas saturadas, algo que, según la evidencia científica disponible, se asocia a mayor riesgo cardiovascular en ciertos perfiles de población.

Por otro lado, ubicar a las frutas y verduras en el último peldaño contradice la mayoría de las investigaciones nutricionales, que coinciden en su rol protector para la salud del corazón, el metabolismo y la prevención de enfermedades crónicas.

Más allá de las modas alimentarias

Para los expertos, el foco no debería estar en invertir pirámides ni en seguir tendencias virales, sino en construir hábitos alimentarios equilibrados, variados y sostenibles, adaptados a cada persona.

El mensaje es claro: comer “real” no significa comer sin criterio, ni mucho menos desplazar alimentos cuya eficacia preventiva está ampliamente demostrada. Como en casi todo lo que tiene que ver con salud, el equilibrio sigue siendo la clave.

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