Es una construcción centenaria que se transformó en punto de encuentro, pausa y disfrute.
Con sus vitrales traídos de Francia, su torre de cuento y un hall de entrada que aún conserva una chimenea original, “El Castillo” de San Pedro —como lo llaman los vecinos—volvió a abrir sus puertas como casa de té y pastelería artesanal, y hoy combina memoria y diseño.

Levantado en 1914 por el agrónomo francés Henry Garret, quien revolucionó la producción de duraznos en la región, el castillo fue obra del Estudio García y Porta (la placa de la puerta indica: “V y F Pagano”) responsables de varias joyas arquitectónicas de la ciudad.
Con estilo Art Nouveau, materiales de primera línea y finos detalles estructurales y decorativos, como candelabros, pisos y techos originales y espejos antiguos y vitrales importados desde Francia, la casa fue sinónimo de elegancia durante décadas.

Luego pasó a manos de la familia Veiga. La anfitriona de la casa, Olga Veiga, fue una reconocida docente de la localidad que en varios ocasiones, la abrió para celebrar las graduaciones de sus alumnos además de fiestas de bodas de amigos y familiares.
Larga y nueva vida al Castillo de San Pedro

A poco más de dos horas de la Ciudad de Buenos Aires, recostada sobre la costa del río Paraná, San Pedro es un destino encantador que llama la atención no solo por su paisaje ribereño y vegetación sino también por su entorno urbano, histórico y encantador.
Sus calles invitan al paseo y a la observación y admiración de decenas de construcciones antiguas que sorprenden por su valor arquitectónico y cultural.
Y en ese recorrido sobresale El Castillo, llamado así por su destacada torre de cuento de hadas.
Después de años de abandono, el edificio cobró nueva vida de la mano de un cálido local gastronómico a cargo de dos jóvenes emprendedores locales, Natalia Tronconi y Agustin Paoloni,
Se trata de Bohemia, una casa de té que se armó y diseñó conservando la estructura original del edificio, respetando sus detalles y restaurando casi todo lo que pudieron con amor y respeto por la esencia original de El Castillo de San Pedro, que bien podría haber sido conocido como El Palacio de San Pedro debido a su apariencia señorial.
Un paseo por El Castillo y una pausa en una Casa de Té

Hoy, algunos de sus ambientes siguen cerrados, y la torre se mantiene inaccesible por seguridad.
Pero el salón principal brilla otra vez con su araña de cristal y sus sillones Luis XV. Un jardín arbolado alrededor completan la escena alrededor de esta propiedad que durante su períodos de abandona fue objeto de leyendas y, por supuesto, considerada una “mansión embrujada” por los niños sampedrinos.
La casa de té Bohemia -ideal para “brunchear” y merendar en San Pedro- solo ocupa algunos salones del edificio. Pero si bien tres habitaciones y algunos sectores de la casa permanecen cerrados, el edificio se encuentra en buenas condiciones, y su conservación se llevó adelante respetando y reutilizando la esencia de “Castillo/Palacio de San Pedro”.
Como ejemplo, los techos son originales, gran parte de los muebles de la cocina se hicieron a partir de antiguas mesas de luz que pertenecieron a Olga Veiga. Y el baño en uso tiene los azulejos rosados originales de la casa.

Bohemia (en Instagram @bohemiacasadeteydeco) permitió a muchos vecinos conocer por primera vez por dentro la misteriosa casa que los había fascinado por fuera, y recorrerla es acceder a un pedazo vivo de historia, admirar la arquitectura de otra época y redescubrir el encanto de una restauración sensible con la tradición y memoria.







