La vida de Fanny Finchelman no sigue una línea recta. Es una trama hecha de desplazamientos, búsquedas y segundas oportunidades.
Arquitecta y urbanista de formación, artista del vidrio por vocación descubierta en la adultez, su historia es la de una mujer que se animó a reinventarse y a escuchar una intuición que la llevó, literalmente, a otro material y a otro lenguaje.
La vida (y nueva vida) de Fanny Finchelman a través del vidrio

En 1978 Fanny Finchelman dejó Buenos Aires para instalarse en Israel. Y lo que comenzó como un proyecto académico se transformó, con el tiempo, en una nueva vida.
Allí realizó un Máster en Urbanismo y Planificación Regional, ejerció su profesión y se integró a una cultura que terminó formando parte de su identidad.
Durante años, su carrera estuvo ligada al pensamiento urbano, a los proyectos rigurosos y a la planificación meticulosa.

Años más tarde, y por motivos laborales de su ex marido, Fanny regresó a la Argentina. Fue un retorno transitorio —una década en Buenos Aires— pero decisivo. Con una trayectoria consolidada, apareció un descubrimiento inesperado que cambió su rumbo profesional: la vitrofusión.
Ese encuentro con el vidrio marcó el inicio de una nueva etapa. Una segunda vuelta creativa que no negó su pasado como arquitecta, sino que lo integró de manera natural. Su formación técnica, su comprensión del espacio y de la escala se convirtieron en una ventaja diferencial a la hora de pensar obras de arte concebidas para habitarse.

“El vidrio es un material extraordinario: aunque está hecho de algo tan simple como la arena, su versatilidad ofrece infinitas posibilidades de expresión artística -expresa Fanny- Puede ser transparente, vibrante, y crear reflejos y juegos de luz y color muy diversos. Investigar y perfeccionar estas cualidades únicas me ha cautivado desde siempre”.
Del urbanismo al arte en vidrio: el viaje de Fanny Finchelman

Lejos de abandonar la arquitectura, Finchelman encontró la forma de unir ambos mundos.
Hoy crea obras de arte en vidrio pensadas específicamente para espacios interiores y exteriores, y trabaja como una verdadera socia creativa en proyectos de diseño, tanto comerciales como residenciales.
Su mirada arquitectónica le permite adaptar cada pieza al entorno, dialogar con la luz, los materiales y la circulación, y pensar el arte como parte integral del espacio.
Sus obras ya fueron exhibidas en París, Buenos Aires, Jerusalén y Tel Aviv, y más recientemente en ferias internacionales de primer nivel como Art Basel y AQUA Art Miami, consolidando una proyección que confirma que nunca es tarde para empezar de nuevo.

En el diseño interior contemporáneo, el vidrio ocupa un lugar cada vez más relevante. Su belleza atemporal y su versatilidad lo convierten en un material capaz de transformar ambientes y elevarlos. Y en ese cruce entre arte y funcionalidad, el trabajo de Finchelman se vuelve especialmente potente.

“Una de las cualidades más destacadas del arte en vidrio es su capacidad de jugar con la luz y crear una ilusión de amplitud espacial. Elementos de vidrio como ventanas, divisiones y superficies permiten que la luz natural inunde el interior, haciendo que el espacio se sienta más abierto y aireado”.
Además, afirma que el uso de vidrio colorido y texturizado aporta acentos y profundidad al diseño del ambiente.
Los vidrios preciosos de Fanny Finchelman


“Las obras de vidrio —esculturas, lámparas y piezas murales— funcionan como puntos focales que atraen la mirada, aportan una sensación de lujo y una identidad visual única a los espacios. La transparencia y el brillo del vidrio hacen que las obras sean lo suficientemente versátiles como para adaptarse a distintos estilos de diseño”, afirma Fanny Finchelman.
Y destaca que la transparencia permite algo más: borrar límites. “El arte en vidrio puede traer el exterior hacia el interior, creando una conexión con la naturaleza. Muros de vidrio o ventanas de piso a techo ofrecen vistas ininterrumpidas del entorno y difuminan el límite entre los espacios interiores y exteriores”.




Fanny Finchelman
Con la mirada entrenada de arquitecta, Finchelman no pierde de vista el uso cotidiano de los espacios y advierte: “El arte en vidrio no está destinado solo a la estética, sino también a cumplir funciones prácticas".
Y agrega: "Superficies de vidrio, estanterías y revestimientos murales para baños y cocinas ofrecen una apariencia contemporánea, son duraderos, fáciles de limpiar y funcionales. El vidrio se integra de manera armónica con una amplia variedad de materiales comunes en el diseño contemporáneo y complementa materiales como el acero, la madera y el hormigón, creando una composición equilibrada y armoniosa”.

La historia de Fanny Finchelman es, definitivamente, una historia de migración, de reinvención y de creatividad. Una confirmación de que los recorridos no siempre son lineales y de que, a veces, la verdadera vocación aparece cuando una se permite mirar —y crear— con otra mirada.


