"Siempre me gustaron las ventanas. Mucho antes de sacarle fotos, mucho antes de tener un drone o una cámara, ya me quedaba mirándolas. No lo pensaba demasiado, pero algo pasaba ahí: una repetición, un ritmo, un orden que me tranquilizaba".
Así comienza a contar su proyecto “Ventanas” Matias de Caro, creador digital y audiovisual (@mdcaro); graduado en Administración de Empresas en la UBA y cofundador y director creativo de Huerta Coworking (@huertacoworking).

También es el “embajador” argentino del proyecto global “Accidentally Wes Anderson” que celebra y replica en diferente plataformas y formatos la estética y P.O.V del cineasta de culto norteamericano.
P.O.V. Ventanas: mirar hacia arriba y de otra manera

De chico me gustaban mucho las matemáticas y sobre todo las ecuaciones porque había algo reconfortante en que todo cerrara. De izquierda a derecha y de derecha a izquierda el resultado era el mismo. Con el tiempo me di cuenta que mi relación con la arquitectura tiene mucho de eso: buscar equilibrio, simetría, coherencia visual.
Las ventanas son la forma más evidente de esa obsesión. Cuando miro un edificio no veo solo un frente: veo patrones. Veo decisiones, veo alguien que pensó cuánto debía medir cada abertura, a qué distancia una de la otra, qué proporción debía tener respecto del vacío.

En el 2019 me compré el drone para sacar una foto específicamente: las ventanas del Hospital Naval de Clorindo Testa en Caballito. Con esa foto me di cuenta lo que me gustaba: aislar la repetición. Sacar el contexto, el ruido, centrarme únicamente en un patrón.
Ventanas: la calma en el "desequilibrio"
Hay ventanas que son perfectamente idénticas y otras que esconden pequeños cambios: una persiana baja, una cortina corrida, una planta asomando. Me fascina esa tensión entre lo arquitectónico y lo humano. El edificio propone orden; las personas lo alteran.
Muchas de las fotos de esta serie nacieron caminando sin rumbo fijo. Aprendí a mirar para arriba. A frenar en medio de la vereda solo porque algo en la fachada me llamó la atención y anotarlo en un mensaje de whatsapp conmigo mismo con una primer foto sacada con el celular.

A veces es el color, otras veces es la textura o las sombras, pero casi siempre es la repetición lo que me detiene.
Cuando encuentro un edificio que funciona, me tomo mi tiempo. Camino unos metros más, cruzo de vereda, busco el punto exacto donde la perspectiva se ordena.
Me obsesiona que las líneas queden rectas, que el eje central esté donde tiene que estar. Hay algo casi ritual en ese momento: acomodar el encuadre hasta que todo “cierra”. Y cuando finalmente aprieto el disparador y veo la foto, siento la misma satisfacción que cuando una cuenta da exacta.








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Con esta serie busqué reducir la ciudad a formas simples: rectángulos, cuadrados, círculos. Repetición y ritmo. Orden dentro del desorden.
Tal vez sea mi manera de encontrar cierta calma en medio del quilombo urbano. O tal vez sea simplemente una excusa para seguir mirando hacia arriba, buscando la próxima fachada que me obligue a frenar.
Porque al final, más que ventanas, lo que estoy fotografiando es perspectiva. La posibilidad de ver algo que estuvo siempre ahí, pero desde un ángulo distinto.








