El origen de este artículo tiene mucho de experiencia personal. En 2024 atravesé una situación con mi hijo adolescente que me encendió una alarma. De un momento a otro empezó a rechazar ciertos alimentos y a querer comer prácticamente solo ensalada. La "César" se había convertido en su plato principal. Con el tiempo entendí que detrás de esa decisión había algo que hoy circula mucho en redes sociales: la idea de que quienes hacen deporte deberían evitar las harinas porque “engordan” o “restan energía”. Algo que, en realidad, no es cierto.
En ese momento no había dimensionado la situación, así que decidí consultar con su pediatra de cabecera. Su respuesta fue clara: mi hijo, que entonces tenía 11 años, estaba con bajo peso. Me explicó que los varones atraviesan etapas de crecimiento muy rápido y que, si faltan nutrientes esenciales, pueden aparecer consecuencias en el desarrollo de los huesos, los músculos, la energía diaria, el aprendizaje y, especialmente, en el rendimiento escolar.
Esa conversación me llevó a interesarme más en cómo se alimentan hoy los adolescentes y en cómo impactan los hábitos cotidianos —desde lo que comen hasta cuánto duermen o cuánto tiempo pasan frente a las pantallas— en su capacidad de aprender.
Por eso en esta nota vamos a poner el foco en dos aspectos clave al inicio del ciclo lectivo: la importancia del desayuno, una comida fundamental para arrancar el día con energía y concentración, y algunos hábitos de estudio que ayudan a que el tiempo frente a los libros sea realmente efectivo.
Porque la adolescencia no es una etapa sencilla. Es un período de cambios físicos, emocionales y neurológicos muy intensos. El cerebro todavía está en desarrollo —especialmente el lóbulo frontal, que regula las emociones y los impulsos— y por eso el rol de los adultos es clave para acompañar, contener y ofrecer un marco de referencia.
Estoy convencida de que la educación empieza en casa: las familias somos las primeras responsables de ayudar a que los jóvenes crezcan de manera saludable, aprendan a tolerar frustraciones, a levantarse cuando se equivocan y a desarrollar valores como la resiliencia y la empatía en una sociedad que muchas veces parece haberlos olvidado.
Por qué el desayuno es tan importante
Durante la etapa de crecimiento el cuerpo necesita energía constante, micronutrientes y proteínas de buena calidad. No se trata de que los chicos coman más cantidad, sino de distribuir mejor la alimentación a lo largo del día.
Después de muchas horas de ayuno durante la noche, el desayuno cumple una función clave: aporta el combustible que el cerebro necesita para despertarse, concentrarse y sostener la atención en el colegio o Universidad. Cuando esta comida se saltea o es muy pobre en nutrientes, los efectos suelen aparecer rápido: cansancio, falta de concentración y bajo rendimiento escolar.
En chicos y adolescentes que además practican deporte, el desayuno suele ser uno de los puntos más débiles. Y justamente en una etapa de crecimiento eso se nota. El objetivo no es ofrecer “más comida”, sino combinar alimentos que aporten energía, proteína y saciedad para sostener tanto la actividad escolar como la física.

Pero hay un punto clave que muchas veces se pasa por alto: no solo importan las proteínas y la energía, sino también las vitaminas y los minerales. Durante la adolescencia el metabolismo está más activo, y estos micronutrientes son los que permiten que el cuerpo utilice correctamente esa energía.
Por eso es fundamental priorizar la variedad en la alimentación. Incluir verduras, frutas, lácteos, frutos secos, legumbres, cereales integrales, semillas, carnes y huevos garantiza el aporte de vitaminas y minerales necesarios para acompañar el crecimiento, el desarrollo físico y el rendimiento cognitivo.
Cuando hay estructura en las comidas y calidad en los alimentos, el rendimiento mejora y el crecimiento se acompaña de manera mucho más saludable.
3 desayunos simples y nutritivos
- Yogur natural o griego + avena + fruta
Ideal para chicos que entrenan por la tarde.
Aporta proteína para el desarrollo muscular, energía sostenida y mejora la saciedad durante toda la mañana. - Pan + huevo + fruta
Un desayuno completo y muy fácil de preparar, incluso para que lo armen ellos mismos.
Es mucho más nutritivo que tomar solo leche con una tostada o galletitas dulces.
Aporta proteína de buena calidad, energía sostenida y favorece la concentración. - Sándwich de jamón y queso + leche o yogur bebible
Una opción práctica para adolescentes que salen rápido de casa.
Tiene una buena combinación de nutrientes y ayuda a sostener mejor el día escolar.
Es especialmente útil en etapas de crecimiento acelerado.

Más ideas de desayunos y meriendas equilibradas
Para salir de la rutina, algunas combinaciones simples que aseguran variedad de nutrientes:
- Leche + fruta + pan integral + queso
- Yogur + granola + fruta
- Yogur + fruta + semillas + queso
- Fruta + avena + huevo
- Semillas + fruta + huevo + pan

Según explican muchos nutricionistas, uno de los errores más frecuentes en la consulta es que los adolescentes no desayunan, desayunan poco o lo hacen con alimentos con bajo valor nutricional. Las consecuencias suelen ser cansancio, falta de energía y menor rendimiento académico. Muchas veces los padres lo atribuyen simplemente “a la edad”, cuando en realidad la alimentación también juega un papel clave.
7 hábitos de estudio que ayudan a aprender mejor
Cuando leí estos consejos recordé inmediatamente mi propia época de estudiante en la facultad. En tiempos de parciales las horas de estudio parecían eternas. Con los años entendí que no se trataba solo de estudiar más, sino de estudiar mejor.
Uno de mis primeros hábitos era tener todo el material desde el primer día de clases. Y, sobre todo, evitar dejar todo para último momento. También descubrí algo fundamental: prestar atención en clase ahorra muchas horas de estudio después. Si uno escucha bien al profesor, entiende qué temas son realmente importantes y qué aspectos pueden aparecer en un examen.

Otro recurso que siempre me ayudó fue hacer mis propios resúmenes, resaltando palabras clave. Ese ejercicio activa la memoria y permite organizar mejor las ideas.
Cada estudiante tiene su forma de aprender, pero existen algunos hábitos que suelen repetirse entre quienes logran estudiar de manera más efectiva. No necesariamente estudian más horas: estudian de forma más inteligente.

1. Estudian en bloques cortos
El cerebro mantiene mejor la concentración cuando se estudia entre 25 y 40 minutos y luego se hace una pausa breve.
2. Se hacen preguntas
No se limitan a leer. Se preguntan: ¿para qué sirve esto?, ¿qué significa?, ¿en qué contexto se aplica?, ¿por qué ocurre?
3. Explican lo que aprenden
Cuando explicamos un tema en voz alta —a un compañero o incluso a nosotros mismos— el cerebro lo procesa de forma mucho más profunda.
4. Repasan en distintos momentos
No estudian una sola vez. Vuelven al contenido en diferentes momentos para fortalecer la memoria.
5. Conectan ideas
Relacionan lo nuevo con conocimientos previos. Esa conexión ayuda al cerebro a recordar con mayor facilidad.
6. Dividen los temas
En lugar de estudiar todo junto, organizan el contenido en partes pequeñas. Esto reduce la sensación de saturación y mejora la comprensión.
7. Empiezan aunque no tengan ganas
No esperan a sentirse motivados. Muchas veces la motivación aparece después de comenzar.

Un consejo extra:
Anotar dudas o preguntas mientras se estudia para luego consultarlas en clase con el profesor. Ese intercambio también forma parte del aprendizaje.
Acompañar a un adolescente hoy no es una tarea sencilla. Crecen en un mundo atravesado por pantallas, mensajes contradictorios y modelos que muchas veces no tienen en cuenta las necesidades reales del cuerpo y la mente. Por eso, pequeños hábitos cotidianos —como un buen desayuno o aprender a organizar el estudio— pueden marcar una gran diferencia.
La alimentación, el descanso, el tiempo frente a las pantallas y el modo en que estudian forman parte de un mismo engranaje. Cuando ese equilibrio aparece, los chicos no solo rinden mejor en la escuela: también se sienten con más energía, más confianza y mayor bienestar.
Como padres, quizás no podamos controlar todo lo que ocurre afuera, pero sí podemos ofrecer algo fundamental dentro de casa: información, orden, rutinas, acompañamiento y un marco que los ayude a crecer de manera saludable. A veces, todo empieza con algo tan simple como sentarse a desayunar antes de salir al colegio.
Asesoró Daniela V. Repetto, Lic. en Nutrición (M.N.: 4769 M.P.: 1262), @dvrnutri.

