Bajo los cielos del mundo: Recorrida por las 8 salas del museo de Frida Kahlo en México – Revista Para Ti
 

Bajo los cielos del mundo: Recorrida por las 8 salas del museo de Frida Kahlo en México

Considero que planificar un viaje es el escenario posible donde voy sentando las bases –expectativas, curiosidades, anhelos- de lo que finalmente constituirá el descubrimiento de un nuevo camino. Así, al recrear las emociones que quedaron grabadas en mi memoria, concluyo cada uno de mis paseos mirando el firmamento, agradeciendo la oportunidad de haber conocido un nuevo destino y llevar de la mano al lector por los mismos caminos que he recorrido bajo los cielos del mundo.
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Arribamos a la ciudad de México, una metrópolis  desordenada y  tumultuosa donde solo en algunos parques y barrios como el de Coyoacán conseguimos el silencio y la armonía que buscamos en vacaciones. 

Barrio Coyoacán. Alrededor hay muchos mercados locales y restaurantes con terrazas al aire libre para tomar un café o parar para almorzar un “antojito” en el mercado que solía frecuentar la pareja.

Coyoacán se encuentra en el distrito más antiguo de la ciudad: Colonia del Carmen; tiene construcciones bajas y coloniales, calles empedradas, plazas, casonas pintadas con colores fuertes y amplios jardines.

En este barrio, que en épocas pasadas fue un pueblo tranquilo del sur, está la Casa Azul donde vivió Frida Kahlo. La casa es de estilo colonial, de una planta cuadrada con patio central alrededor del cual se encuentran ubicadas las habitaciones. 

Actualmente es un museo que recibe al año muchísimos viajeros locales y de todas partes del mundo, por esto es importante reservar la entrada con anticipación pues se agotan rápidamente y las filas que parecen interminables son en realidad, la de grupos de visitantes que ya tienen asignado su horario para entrar. 

Entrada a la casa-museo de Frida Kahlo.
En las aceras frente al museo, hay algunos vendedores que ofrecen muñecas de trapo que lucen y 
visten como Frida Kahlo. 

Llegamos hasta allí, siguiendo el Circuito Sur con el ticket del bus turístico; lo hicimos con el propósito de conocer más sobre la vida enigmática de la artista a través de los espacios que había habitado, detalles, objetos de uso diario y la obra de la pintora mexicana que expresó en un momento de su vida: “Lo único que sé es que pinto porque lo necesito”.

En esta casa, el principal atractivo son los objetos personales y cotidianos de Frida que dan cuenta de su vida y transmiten los sentimientos que la animaban. La obra de Frida Kahlo, influida por el arte popular mexicano, generó una biografía llena de sufrimiento.Pudimos visitar la habitación y el estudio de la pintora tal como los dejó antes de morir. Las camas donde padeció el dolor que inspiró luego sus pinturas. Los aparatos ortopédicos que la acompañaron el resto de su vida, así como vestidos, zapatos y joyas. 

Objetos personales y obras de Frida.
Las muletas, los corsés y las medicinas son testimonios de sus malestares físicos, así como de las cirugías a las que fue sometida la pintora mexicana.
Su atril junto a su silla de ruedas. Frida apunto en su diario algunos de los significados de los colores que utilizaba, “el azul es 'electricidad y pureza', y el amarillo es 'locura, enfermedad, miedo, parte del sol y de la alegría'", afirmaba.
En el Estudio, se encuentra el caballete que le regaló Nelson Rockefeller a Frida, así como sus pinceles y sus libros.

El recorrido iniciado en los jardines continuó por los diferentes espacios del taller, la cocina, el comedor, mezclado con fotografías, documentos, la habitación de Diego Rivera. Terminamos el paseo nuevamente en el patio mexicano repleto de cactus, plantas, macetas, una fuente y piezas prehispánicas. 

La Recámara de su errante esposo Diego Rivera. Una fotografía de la artista adorna el espacio sobre la cabecera de la cama, un gran cofre de madera laqueada en Michoacán muestra paisajes mexicanos. Sobre la cama se han conservado su ropa de manta, sus zapatos, sus sombreros, unos bastones tallados en madera y varios de sus morrales de cuero.

Además, la casa muestra el amor profundo que sentían Frida y Diego por México y que Carlos Pellicer, escritor y museólogo amigo de la pareja, describió de esta manera: “Pintada de azul, por fuera y por dentro, parece alojar un poco de cielo. Es la casa típica de la tranquilidad pueblerina donde la buena mesa y el buen sueño le dan a uno la energía suficiente para vivir sin mayores sobresaltos y pacíficamente morir…”


Entre los varios sitios de la casa que se destacan figura un espacio dedicado a la vestimenta de Frida: la sala de composición visual llamada “Las apariencias engañan”, exposición de vestidos que abarca desde el día que contrajo poliomielitis hasta su muerte. 

Dado que el cuerpo de la artista había sido desarticulado a raíz del accidente y de la enfermedad que tuvo de pequeña, esto se reflejó en un vestuario tan fragmentado como ella. Las blusas de corte cuadrado y holgadas en enfoques geométricos con bordados recargados obligaban al espectador a fijar su mirada en la parte superior del cuerpo de Frida. 

Patio de la casa de Coyoacán.

También en este espacio pudimos apreciar los vestidos tradicionales de las mujeres del sur mejicano, accesorios típicos,  tocados; en particular, parte del calzado que usó Kahlo, las prótesis, los zapatos ortopédicos que la acompañaron gran parte de su existencia, y los vestidos de grandes modistos internacionales que se inspiraron en la personalidad de Frida para desarrollar sus creaciones.

Vestidos de Frida.
Vestidos e indumentaria de Frida
Fragmentación.

Otro sitio especial es la cocina, decorada con colores brillantes. A pesar del paso del tiempo aún pareciera acechar -entre ollas, utensilios colgados, vasijas de barro, sillas de paja y cocinas de carbón- el espíritu alegre de los amigos, artistas e intelectuales que asistían a las fiestas en las cuales se servía infinidad de platos típicamente mexicanos. 

La Cocina es típica de las construcciones antiguas mexicanas, con sus ollas de barro colgadas en paredes y las cazuelas sobre el fogón. Este espacio es testimonio evidente de la variedad de guisos que se preparaban en la Casa Azul. Tanto Diego como Frida gustaban de agasajar a sus comensales con platillos de la gastronomía tradicional mexicana.

Especial atención merecen las dos habitaciones que alternaba Frida de día y de noche. En ellas (la soledad de su infancia por la poliomielitis y posteriormente el accidente que fracturó sus costillas y la dejó prácticamente paralítica) permaneció largos periodos en ambas camas o en silla de ruedas, siempre inmovilizada por corsés. Pasaba tanto tiempo allí que hizo del dolor su compañero, hecho reflejado en muchas de sus obras en las que utilizó la pintura como herramienta de escape. 

En la recámara que Frida usaba de día, su madre mandó colocar un espejo en el dintel después del accidente que Frida sufriera en un autobús. Como no podía moverse a ningún lado comenzó a pintar autorretratos. “Pinto autorretratos porque estoy sola muy a menudo y porque soy la persona que más conozco”, dijo la pintora.
En su Recámara de Noche se guarda la colección de mariposas enmarcadas 
que fue obsequio del escultor japonés Isamu Noguchi, además del retrato fotográfico  de Frida, hecho por su amigo y amante, el fotógrafo Nickolas Muray.
Imagen positiva.

Frida Kahlo se ocupó decididamente de su aspecto físico para mostrar al mundo una imagen positiva de fuerza y seguridad personales. Gracias a su temperamento y gran talento se transformó en una personalidad admirada por las mujeres de su época. Usaba ropa autóctona y llevaba, tanto en gestos como en conversaciones, la cultura mexicana.

Después de su convalecencia, Frida frecuentó ambientes de artistas e intelectuales de la época e inició una relación con Diego Rivera, gran muralista de México y militante del Partido Comunista. 

León Trotski, que había obtenido asilo en México, permaneció un tiempo en casa del matrimonio 
pero debido a desencuentros amistosos y políticos entre ambos hombres, se mudó en 1939.
El patio interior de la escalera, se encontraron retratos de José María Estrada. Este pintor tapatío solía plasmar en sus lienzos imágenes sencillas de aquellos primeros burgueses mexicanos que ya podían costear sus retratos y deseaban dejarlos para su familia y la posteridad. 
En su Comedor convivieron grandes personalidades de la cultura y artistas de la época. Tiene trasteros de madera pintados en amarillo llenos de objetos de arte popular. Los judas de cartón, hechos de papel maché que cuelgan de las esquinas del comedor fueron realizados por la artesana mexicana Carmen Caballero. Sobre la mesa del comedor, Frida Kahlo solía colocar manteles provenientes de diferentes zonas del país que mostraban gran variedad de puntadas de aguja, labores de gancho, aplicaciones y bordados de colores y deshilados.
Sobre una pared, en una de las habitaciones, figura una admirable colección de ex votos mexicanos, esos pequeños cuadritos anónimos que representan escenas de santos, arte popular que integra la magia con la religión. En las piezas se invocaban los favores de entidades sobrenaturales y como agradecimiento daban testimonio de su devoción.
Las esculturas de Magaña talladas en piedra o madera se encuentran en todos los rincones de la casa y representan a la gente del pueblo realizando las actividades de su labor diaria.

Con Rivera, Frida contrajo matrimonio. Constituyeron una pareja dominada por la pasión, los escándalos y la tortura de la infidelidad; tanto fue así que la madre de Frida se refería al casamiento de su hija como “la unión de un elefante y una paloma”.Huelga puntualizar que Frida Kahlo fue una mujer atormentada. Después de cumplir 47 años enfermó de neumonía y falleció. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas descansan en un jarrón precolombino de la Casa Azul.

Dejamos esos cielos de México, con una frase de la pintora que refleja su actitud ante la vida: “Doctor, si me deja tomar este tequila le prometo no beber en mi funeral”.

Más información en parati.com.ar

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