En los últimos años, el llamado “chip sexual” empezó a instalarse con fuerza en conversaciones cotidianas, redes sociales y hasta en consultorios médicos. Promete más energía, mayor deseo y una sensación general de bienestar que lo volvió especialmente atractivo.
Pero, como suele pasar con las soluciones rápidas, no todo es tan simple. ¿Funciona realmente? ¿Es seguro? ¿Para quién está indicado?
“Cuando se menciona el “chip sexual”, en realidad se está hablando del pellet de testosterona: un pequeño dispositivo, del tamaño de un grano de arroz, que se implanta debajo de la piel y libera hormonas de forma continua durante un período de entre 3 y 6 meses, hasta que se reabsorbe", explicó Marina Gelin, médica ginecóloga, especialista en endocrinología ginecológica y ginecología infanto-juvenil del Servicio de Ginecología del Hospital Italiano (MN 126.755).
“La testosterona es una hormona que producimos tanto mujeres como hombres, aunque en diferentes cantidades. Está asociada —aunque no es el único factor— con el deseo sexual. A partir de los 35 años, sus niveles comienzan a disminuir de forma natural", aseguró la especialista.
Esto explica por qué muchas personas buscan alternativas para compensar esa baja, especialmente cuando sienten cambios en su energía o en su vida sexual.

De promesa “milagrosa” a debate médico
“El boom del chip sexual creció rápidamente, impulsado en gran parte por testimonios de celebridades que aseguraban sentirse más jóvenes, con más energía, mejor rendimiento físico, mayor deseo sexual e incluso mejoras en el pelo, las uñas y la concentración", expresó la experta.
Sin embargo, la especialista advierte que el entusiasmo no siempre está respaldado por evidencia científica sólida.
“Actualmente, ninguna sociedad médica avala su uso como terapia de reemplazo hormonal, y esto se debe a varios motivos importantes", aseveró Gelin.
Los riesgos y limitaciones que tenés que conocer
Según explica Gelin, existen varios puntos clave a tener en cuenta antes de considerar este tratamiento:
“• No se puede retirar fácilmente: una vez colocado, si aparecen efectos adversos, no puede extraerse de manera simple.
• Falta de formulaciones adecuadas para mujeres: aunque la testosterona puede indicarse en casos específicos de deseo sexual hipoactivo, en Argentina no existen presentaciones comerciales con dosis diseñadas para mujeres.
• Efectos a largo plazo desconocidos: especialmente en relación con posibles riesgos como cáncer de mama o de endometrio.
• Falta de regulación clara: al no haber productos aprobados por ANMAT, muchas veces deben prepararse en laboratorios sin controles estrictos sobre su composición.
• Beneficios no comprobados: no hay evidencia sólida que respalde muchas de las mejoras que se le atribuyen, como mayor fuerza, mejor salud ósea o impacto en la salud mental.”
Entonces, ¿vale la pena?
“Las hormonas son fundamentales para el funcionamiento del cuerpo, pero no existen soluciones mágicas. En el caso del deseo sexual, su origen es mucho más complejo: intervienen factores emocionales, físicos, vinculares y personales", afirmó la ginecóloga.
La especialista remarca que el deseo no depende únicamente de lo hormonal, sino también de cómo te sentís en distintos aspectos de tu vida.
“Cómo nos sentimos con nuestro cuerpo, con nuestra pareja (si la hay), con nuestras emociones y con nuestra vida en general también influye —y mucho—", detalló la médica.
“Más allá de modas o promesas rápidas, hay algo que sigue siendo clave: los hábitos. Rodearte de personas que te hagan bien, no fumar, moverte, cuidar lo que comés y trabajar en tu bienestar emocional siguen siendo pilares reales y comprobados para sentirte mejor, también en lo sexual", concluyó Gelin.




