Por qué cuidar el intestino puede ayudar a mejorar la ansiedad y el estado de ánimo - Revista Para Ti
 

Por qué cuidar el intestino puede ayudar a mejorar la ansiedad y el estado de ánimo

La ciencia muestra que el intestino influye en el ánimo, la ansiedad y la depresión. Con hábitos saludables, podemos fortalecer nuestra salud intestinal y acompañar los tratamientos indicados para estas problemáticas. Esto no reemplaza la psicoterapia ni la medicación cuando son necesarias, sino que aporta una mirada más integral sobre nuestra salud emocional. 
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No es solo una sensación compartida en conversaciones: en Argentina, muchas personas experimentan malestar emocional de manera cotidiana, que a veces incluso se acompaña de trastornos del sueño. 

Según estudios de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, cerca del 49 % de la población argentina, presenta síntomas de ansiedad moderados o severos, y más del 40 % muestra síntomas compatibles con depresión, con mayor impacto en mujeres. Estas cifras reflejan la magnitud del malestar emocional y su efecto directo en la calidad de vida. 

En el Hospital de Clínicas (UBA) se reportó un aumento de casi el 30 % en las consultas por ansiedad y depresión entre 2023 y 2024, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes. 

En los últimos años, la ciencia comenzó a explicar que ansiedad y depresión no son solo estados pasajeros, sino procesos complejos que involucran al cerebro y al sistema nervioso. Cuando se produce desregulación de los neurotransmisores (GABA, Serotonina, Dopamina, Noradrenalina, entre otros), pueden aparecer síntomas de ansiedad o depresión, a menudo acompañados de alteraciones del sueño, sensación de agotamiento, irritabilidad y falta de concentración. 

Comprender la ansiedad y la depresión desde esta mirada más amplia permite pensar en abordajes integrales, que consideren tanto la salud mental como el funcionamiento biológico del cuerpo. Aquí es donde la salud intestinal juega un papel clave. 

El intestino cumple un rol mucho más activo de lo que se creía. Produce cerca del 90 % de la serotonina, importante para el bienestar emocional, y aproximadamente el 50 % de la dopamina, esencial para la motivación, el placer y la energía mental. Muchos tratamientos médicos buscan regular estos neurotransmisores, pero el intestino es quien participa directamente en su síntesis.  

Cuando la microbiota intestinal —las bacterias que habitan nuestro intestino— se altera por estrés, alimentación inadecuada, inflamación o tóxicos, la producción de estas sustancias se ve afectada y el eje intestino-cerebro se desregula. Aproximadamente el 60 % de la información que llega a nuestro cerebro proviene del intestino, lo que muestra lo influyente que es su funcionamiento. 

Este eje funciona como una autopista de doble sentido: lo que pasa en el intestino impacta en el cerebro y lo que ocurre emocionalmente afecta al intestino. Por eso, estados prolongados de ansiedad y depresión suelen acompañarse de inflamación intestinal, mayor vulnerabilidad al estrés y disbiosis (alteración de las bacterias y demás microorganismos de la microbiota del intestino). 

Tanto el estrés sostenido como trastornos del sueño, pueden aumentar la permeabilidad intestinal, dejando pasar sustancias inflamatorias a la sangre. Esta inflamación puede alcanzar al cerebro, afectando circuitos relacionados con ánimo, concentración y energía. A nivel clínico, esto se traduce en síntomas como ansiedad persistente, bajo estado de ánimo, niebla mental, fatiga e irritabilidad, y se crea un círculo difícil de romper entre estrés, ansiedad y descanso insuficiente. 

Distintas investigaciones recientes en gastroenterología, neurociencias y medicina del sueño coinciden en la siguiente afirmación: estrés crónico, intestino inflamado, trastornos del sueño y malestar emocional forman un sistema interconectado. Abordar solo uno de estos aspectos suele ser insuficiente. 

La buena noticia  

Podemos ser protagonistas de nuestra buena salud. Actuar sobre el intestino con hábitos concretos ayuda a equilibrar el eje intestino-cerebro y acompaña los tratamientos indicados por los profesionales. 

Algunos pasos concretos para cuidar la microbiota y favorecer el ánimo y la energía son: 

  • Alimentación mediterránea rica en fibras, colores y grasas saludables  omega 3: frutas, verduras, legumbres (lentejas, garbanzos, porotos), pescados y mariscos, carnes blancas, aceite de oliva extra virgen, frutos secos y semillas (nueces, almendras, castañas de cajú, chía, lino) y cereales integrales (avena, quinoa, arroz o pasta integral integral). Entre estos alimentos hay prebióticos, qué son los que alimentan a las bacterias buenas del intestino, como banana, puerro y espárragos, y probióticos, que son bacterias sanas que ayudan a que tu intestino funcione mejor, como las que encontramos en yogur, kéfir, chucrut o kimchi. Los psicobióticos son justamente estos prebióticos y probióticos que, al ser consumidos en cantidades adecuadas, mejoran la salud mental al influir en el eje intestino-cerebro; y como consecuencia, ayudan a reducir la ansiedad, el estrés y los síntomas depresivos, mediante la producción de los neurotransmisores necesarios. 
  • Almidón resistente: papa, boniato, arroz o pasta cocidos y luego enfriados hasta el día siguiente. Éstos son fundamentales para mejorar tu microbiota. 
  • Reducir alimentos ultraprocesados, azúcares refinados, grasas trans y aditivos, alcohol, tabaco, conservantes, y por último, los edulcorantes están en estudio; su efecto no es determinante, pero conviene moderarlos. 
  • Suplementación supervisada: omega-3 (déficit frecuente en la población), magnesio, complejo B, vitaminas C y D, polifenoles (compuestos antioxidantes naturales presentes en frutas, verduras, frutos secos, té, cacao y aceite de oliva) y, en casos necesarios, glutamina ( aminoácido o molécula que forma proteinas), para sellar la barrera intestinal. Todo bajo indicación médica. 
  • Cocinar al vapor protege la microbiota y mantiene nutrientes. 
  • Realizar actividad física: salir a caminar, bailar, nadar, correr o trotar, yoga, pilates y entrenamiento de fuerza. Se aumentan los neurotransmisores del “bienestar” con  mejor ánimo, reducción de ansiedad y aumento de energía. También se liberan endorfinas, se reduce el cortisol, se regula el sueño, se favorecen las conexiones neuronales y también se refuerza la sensación de control y autoestima. 

Fuente: Dra. Florencia Clementi, Médica cirujana general, con formación en nutrición (MN 121.854). Fundadora y directora de Clementi Centro Médico de Medicina Estética y Regenerativa, Bienestar y Longevidad.

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