Sueño, corazón y mujer: por qué dormir bien es clave para nuestra salud cardiovascular - Revista Para Ti
 

Sueño, corazón y mujer: por qué dormir bien es clave para nuestra salud cardiovascular

Dormir bien no es un lujo: es una necesidad biológica que protege el corazón, regula el metabolismo y mejora la salud integral. Qué pasa cuando el descanso falla —y por qué nos afecta más a nosotras.

Cada noche, mientras dormimos, nuestro organismo lleva a cabo una tarea extraordinaria: consolida la memoria, repara células y tejidos y regula el metabolismo, pero muy especialmente protege al sistema cardiovascular. 

Sin embargo, la falta de sueño y la mala calidad del mismo se han consolidado como una real “epidemia mundial”, afectando a más del 30% de la población adulta, con un franco predominio del sexo femenino. 

Es importante destacar que dormir bien no es un lujo, sino una necesidad biológica tan importante como alimentarse, tomar líquidos o respirar. No por casualidad, la naturaleza humana nos indica que debemos pasar aproximadamente un tercio de nuestra vida durmiendo. 

Las fases del sueño 

El sueño no es un momento de pausa en nuestra fisiología, sino una fase activa en la cual, a pesar de la ausencia del estado de conciencia, el cerebro muestra altos niveles de actividad eléctrica, especialmente en la fase REM, que es donde ocurren la mayoría de los sueños vívidos. 

Es interesante saber que dormir no es un estado uniforme, sino que se organiza en ciclos que se repiten a lo largo de la noche. 

La fase inicial, que va entre la vigilia y el sueño, ya evidencia efectos benéficos para el corazón, reduciendo la actividad del sistema simpático y generando una disminución de la frecuencia cardíaca y la presión arterial. 

A medida que descendemos a la segunda fase, llamada sueño estable, que representa cerca del 50% del sueño total, se profundiza la disminución de la presión arterial y de la temperatura corporal y comienza también la consolidación de la memoria. 

La fase siguiente, o de sueño profundo, cumple funciones fisiológicas claves: ayuda a restaurar el metabolismo, favorece la reparación tisular y fortalece el sistema inmunológico. En esta etapa también se activa con mayor intensidad el sistema glinfático, encargado de eliminar metabolitos y proteínas potencialmente neurotóxicas del cerebro. 

Por último aparece la fase REM o de movimientos oculares rápidos, que puede ocupar hasta el 25% del sueño total. Es la etapa onírica, con una actividad cerebral similar a la vigilia, donde se consolida la plasticidad neuronal y disminuyen las hormonas del estrés. 

¿Por qué el sueño afecta nuestro corazón? 

Cuando el sueño es insuficiente o se fragmenta a lo largo de la noche, este proceso se interrumpe y las consecuencias de la pérdida de esta recuperación biológica aumentan el riesgo cardiovascular. 

Los mecanismos implicados van desde una mayor activación del sistema simpático, generando hipertensión arterial y la posibilidad de arritmias, hasta una pérdida de la regulación metabólica que favorece la resistencia a la insulina. 

A esto se agregan incrementos en el cortisol y una disregulación de hormonas que intervienen en la regulación del apetito, aumentando la grelina, responsable de incrementar el apetito, y disminuyendo la leptina, que interviene en el proceso de saciedad. La consecuencia es una mayor incidencia de obesidad y diabetes, a lo que se agrega un aumento en la producción de mediadores inflamatorios vasculares que, sumado a lo anterior, acelera los procesos ateroscleróticos. 

De hecho, la evidencia acumulada en los últimos años es consistente: dormir menos de seis horas por noche de forma crónica se asocia con un incremento significativo del riesgo de infarto de miocardio, accidente cerebrovascular e insuficiencia cardíaca. 

La apnea del sueño: la gran subdiagnosticada 

El síndrome de apnea obstructiva del sueño es un trastorno caracterizado por pausas repetidas en la respiración mientras la persona duerme. 

Este trastorno, que se presenta con síntomas como ronquidos fuertes, fatiga y somnolencia diurna, es muy prevalente en la población adulta y, para peor, está marcadamente subdiagnosticado, hecho que preocupa ya que potencia el daño cardíaco, aumentando considerablemente el riesgo cardiovascular. 

La mujer tiene un riesgo propio 

Hoy sabemos que el corazón femenino tiene su propia biología, y que la falta de sueño la afecta de manera diferente. Existen múltiples circunstancias, tanto hormonales como clínicas y psicosociales, que hacen de la mujer un grupo especialmente vulnerable a sufrir trastornos del sueño. 

Durante la vida fértil, los cambios hormonales del ciclo menstrual impactan sobre la calidad del sueño. Son frecuentes las consultas médicas por insomnio que generalmente se manifiesta en los días previos a la menstruación, al caer la progesterona. 

Por otra parte, la caída del estrógeno que se da progresivamente a partir de la menopausia trae un cambio en la arquitectura del sueño, con más despertares nocturnos y mayor sensibilidad al calor y al ruido. Los sofocos y sudores nocturnos, frecuentes en esta etapa de la vida, también actúan como disruptores adicionales. 

Un hecho importante es que las mujeres suelen ocupar simultáneamente el rol de madres, profesionales y cuidadoras de familiares mayores, lo que genera también una fragmentación crónica del sueño, pocas veces reconocida como un problema médico. 

Qué puede hacer hoy por su corazón y su sueño: 

  • Intente dormir al menos siete horas diarias 
  • Mantenga un horario regular de sueño, incluso los fines de semana 
  • Evite pantallas al menos 30 minutos antes de acostarse 
  • Reduzca el consumo de cafeína después del mediodía 
  • Su dormitorio debe ser un ambiente fresco, oscuro y silencioso 
  • Realice actividad física regularmente, especialmente ejercicio aeróbico 
  • Evite el ejercicio intenso en las últimas horas del día 
  • Si está por entrar en la perimenopausia, hable con su médico sobre el impacto hormonal en el sueño 
  • Evite las siestas largas, el alcohol y los sedantes como “ayudas para dormir” 
  • No normalice el cansancio crónico: consulte si duerme mal de forma persistente 

Dormir bien también es prevención 

El sueño no es simplemente un momento de descanso. Es un proceso biológico esencial que protege el corazón, regula el metabolismo y contribuye al equilibrio general del organismo. 

Por eso, cuidar la calidad del sueño debería ser considerado una parte fundamental de la prevención cardiovascular, especialmente en la mujer. 

“El sueño no es un lujo. Es un acto de prevención cardiovascular tan importante como controlar la presión arterial, el sobrepeso o el colesterol.” 

Fuente: Dr. Mario Boskis, Cardiólogo, especialista en Longevidad Saludable y Gerociencia, Miembro de la Sociedad Argentina de Cardiología (MN 74.002) 

 
 

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