Cuando te hacés un tatuaje, el sistema inmunológico reacciona de inmediato. Para tu cuerpo, la tinta es un cuerpo extraño que debe ser controlado. Es acá donde entran en juego los macrófagos, unas células encargadas de "comerse" las partículas de pigmento. El problema, según explica el investigador del Instituto de Investigación Biomédica (IRB) de Bellvitge, Santiago González Gallego, es que estas células no siempre pueden destruir la tinta debido a la composición y el tamaño de sus partículas.
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Como resultado, una parte del pigmento permanece en la piel, pero otra es transportada a través de los vasos linfáticos hasta los ganglios más cercanos. "Los ganglios linfáticos de una persona tatuada van a estar tatuados el resto de su vida", afirma el investigador al periódico La Voz de Galicia, con contundencia. Esto provoca que el ganglio cambie su coloración original por el tono predominante del diseño, un fenómeno que, si bien es conocido en medicina, ahora se estudia bajo la lupa de cómo afecta la respuesta inmunitaria a largo plazo.
¿Existe un riesgo real para la salud?
El tono de la investigación no busca ser alarmista, sino aportar claridad sobre una práctica sumamente extendida. González Gallego plantea que, aunque la mayoría de las personas no presentan complicaciones, existen interrogantes sobre la acumulación de metales y sustancias sintéticas en órganos que no están diseñados para almacenarlos. El experto subraya la importancia de ser conscientes de la permanencia de estos materiales.

Al ser consultado por el medio gallego sobre la seguridad de los pigmentos, el científico fue muy claro: "El problema es que no sabemos qué pasa cuando esos componentes están décadas en nuestro organismo", advierte. Según su análisis, el mayor desafío aparece cuando estos pigmentos acumulados en los ganglios interfieren en diagnósticos médicos de rutina, ya que un ganglio pigmentado puede mostrar una inflamación o una densidad que confunda a los especialistas durante una ecografía o una tomografía.
Cómo cuidar tu piel (y tu sistema linfático) después del tattoo
Si ya tenés tatuajes o estás por pasar por las agujas, la clave está en el acompañamiento que le des a tu piel. La prevención empieza por entender que el tatuaje es una decisión que el cuerpo debe gestionar de por vida. González Gallego sugiere que la información es nuestra mejor herramienta antes de elegir un diseño de grandes dimensiones.

"No es lo mismo tener un tatuaje pequeño de un nombre que tener toda la espalda o un brazo completo tatuado", explica el investigador, haciendo hincapié en que la carga de tinta que el sistema linfático debe procesar es proporcional al tamaño del dibujo. Para proteger la zona, es vital el uso de protección solar extrema, ya que la radiación degrada los pigmentos y facilita que micropartículas químicas migren con mayor facilidad hacia los ganglios.
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