Detrás de muchos pueblos fantasma bonaerenses se repite una misma trama: la llegada del ferrocarril impulsó estaciones, comercios y clubes; su retirada dejó andenes vacíos y casas cerradas.

En Lumb, en el partido de Necochea, llegaron a vivir cientos de personas hasta que el tren dejó de pasar y el pueblo se fue vaciando casi por completo. Hoy se calcula que solo quedan dos habitantes permanentes.
Algo similar ocurrió en Quiñihual, en Coronel Suárez, que supo tener más de 700 habitantes gracias al ramal Rosario–Puerto Belgrano. Desde los años 90, tras la caída del servicio, el pueblo quedó casi desierto y hoy solo tiene un habitante estable que atiende el almacén de ramos generales.
Ernestina, en el partido de 25 de Mayo, también creció al calor del tren y la actividad agrícola. A unos 180 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, mantiene casonas antiguas, un colegio emblemático y una estación en silencio, con una atmósfera de pueblo detenido en otra época.
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Lumb: estación vacía, campo infinito y apenas dos habitantes
Lumb es un pequeño paraje del sudeste bonaerense, repartido entre Necochea y San Cayetano. Llegó a albergar a cientos de habitantes y una vida intensa alrededor de la estación del Ferrocarril Sud. Hoy, solo dos personas viven allí de forma permanente y muchas de las construcciones originales resisten al paso del tiempo: galpones rurales, casas bajas, restos de comercios y la señal de la estación.

Desde CABA hay unos 520 kilómetros de ruta, unas seis horas de viaje en auto, por lo que lo más cómodo es usar Necochea como base y planear una visita diurna a Lumb.
Qué hacer en Lumb
- Caminar por los alrededores de la vieja estación y sacar fotos de fachadas y estructuras ferroviarias.
- Recorrer los caminos rurales que rodean el pueblo, con vistas abiertas y casi sin tránsito.
- Combinar la escapada con días de playa en Necochea o con turismo rural en estancias cercanas.
No hay hospedajes ni servicios turísticos en el lugar, por lo que se recomienda llegar con suficiente combustible, agua y algo para comer, y regresar a dormir a una ciudad cercana.
Quiñihual: un solo habitante y una pulpería detenida en el tiempo
En el sudoeste bonaerense, Quiñihual se hizo conocido como “el pueblo de un solo habitante”. Fundado en 1910 como estación clave del ramal Rosario–Puerto Belgrano, llegó a tener cientos de vecinos y una comunidad ferroviaria y rural muy activa. Tras el cierre del tren en los años 90, fue perdiendo población hasta quedar prácticamente vacío.

Hoy, su gran atractivo es el almacén de ramos generales atendido por su único poblador, que mantiene vivo el espíritu de pulpería: estanterías antiguas, mostradores de madera y conversación asegurada para quienes llegan hasta allí. Desde Buenos Aires, el viaje ronda los 500 kilómetros; se puede acceder por Coronel Suárez o Coronel Pringles, siguiendo tramos de la Ruta 76 y caminos rurales.
Qué hacer en Quiñihual
- Visitar la estación de tren, con sus andenes y galpones casi intactos.
- Entrar al almacén, tomar algo fresco y escuchar historias del lugar.
- Programar la escapada como parte de un recorrido más amplio por la zona serrana (Coronel Suárez, Sierra de la Ventana, Coronel Pringles).
Al igual que en Lumb, no hay alojamiento ni servicios turísticos desarrollados, por lo que conviene dormir en alguna ciudad cercana y visitar el pueblo durante el día.
Ernestina: casonas antiguas y una estación en silencio a menos de 200 km
Más cerca de CABA, Ernestina se encuentra en el partido de 25 de Mayo, a unos 177–180 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. Nació a fines del siglo XIX, creció con la llegada del ferrocarril y llegó a tener escuela, teatro, club, hotel y varios comercios. Hoy conserva alrededor de un centenar de habitantes y una atmósfera de pueblo casi vacío, con edificios señoriales y calles de tierra que parecen congeladas en otra época.

Para llegar desde Buenos Aires, se toma la autopista Ezeiza–Cañuelas y luego la Ruta 205 hasta empalmar con la Ruta Provincial 30. A la altura del paraje Forastieri, un camino de tierra lleva directo a Ernestina. En total son algo menos de 200 kilómetros, lo que la convierte en una escapada ideal de un día o de fin de semana corto.
Qué hacer en Ernestina
- Recorrer la calle principal y las casonas históricas, ligadas a la familia fundadora y al antiguo colegio.
- Visitar la estación y sus alrededores, escenario frecuente de producciones fotográficas.
- Charlar con vecinas y vecinos que siguen eligiendo la vida de pueblo.
A diferencia de Lumb y Quiñihual, Ernestina tiene algo más de movimiento y puede combinarse con una visita a 25 de Mayo, que ofrece hospedajes, gastronomía y actividades complementarias.
Consejos para organizar una escapada a pueblos fantasma
Aunque se trate de recorridos dentro de la provincia de Buenos Aires, estos pueblos requieren cierta planificación:
- Revisar el pronóstico y el estado de los caminos de tierra, sobre todo después de lluvias.
- Llevar agua, algo para comer, protector solar y abrigo, según la época del año.
- Cargar combustible antes de salir de las rutas principales.
- Recordar que se trata de comunidades muy pequeñas: respetar los espacios privados, no ingresar a construcciones en riesgo y llevarse la basura.
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