La Alta Costura volvió a demostrar por qué sigue siendo el territorio más íntimo y poético de la moda. En el Grand Palais de París, Chanel presentó su colección primavera-verano 2026 bajo la dirección creativa de Matthieu Blazy, en un desfile que funcionó como una pausa en el tiempo: delicado, emocional y profundamente simbólico.

Inspirado en la brevedad y la intensidad de un haiku —“Bird on a mushroom / I saw the beauty at once / Then gone, flown away”—, Blazy propuso una reflexión sobre la esencia misma de la maison. ¿Qué hace a Chanel, Chanel? ¿Cómo desnudar su alma sin caer en la nostalgia? La respuesta llegó en forma de fantasía aviar, transparencias etéreas y una costura que pone el cuerpo y la emoción en el centro.

Un debut que va a lo esencial

“Haute Couture is the very soul of Chanel”, afirmó Matthieu Blazy al presentar su primera colección de Alta Costura para la casa francesa. Y esa declaración se tradujo en una propuesta despojada de exceso narrativo, pero cargada de significado. Lejos de mirar únicamente al pasado, Blazy entendió la costura como un lenguaje vivo: un intercambio íntimo entre quien crea y quien viste.


Desde el primer look, quedó claro que el eje no estaba en el artificio sino en la ligereza, el movimiento y la autoexpresión. La mujer Chanel aparece celebrada en su individualidad, como un lienzo emocional donde la prenda deja de ser objeto para convertirse en relato.

El traje Chanel, entre memoria y transparencia

El clásico traje Chanel abrió el desfile reinterpretado desde la sutileza. Construido en muselina de seda transparente, en tonos suaves y delicados, apareció casi como un recuerdo: delineado, liviano, atravesado por capas de historia y emoción.

En su interior —literalmente expuesto al exterior— surgieron pequeños artefactos sentimentales: cartas de amor bordadas, un frasco de N°5, un lápiz labial rojo. Objetos íntimos realizados en muselina o transformados en joyas, escondidos en bolsillos, cosidos en los forros o suspendidos de la icónica cadena que da peso a las prendas. Un verdadero palimpsesto emocional que resignifica los códigos históricos de la maison.
Aves como símbolo de libertad

A medida que avanzaba la colección, la metamorfosis se volvió evidente: las mujeres comenzaron a transformarse en aves. No de manera literal, sino evocada a través del trabajo artesanal de los ateliers flou y tailleur, junto a los expertos en bordado, tejido y plisado.

Desde looks en negro cuervo que destacaban el dominio del corte y la caída, hasta complejas composiciones cromáticas que imitaban plumajes mediante capas, bordados y texturas, las aves aparecieron como símbolos de libertad y movimiento. Palomas grises, garzas estilizadas, cacatúas crestadas y extravagantes espátulas rosadas desfilaron sin necesidad de recurrir al uso evidente de plumas: la idea estaba sugerida, no impuesta.

Un escenario de cuento
La puesta en escena reforzó la narrativa onírica del desfile. El Grand Palais se transformó en un bosque encantado, poblado por enormes setas que remitían al universo de Alicia en el País de las Maravillas. La paleta cromática, dominada por rosas suaves y tonos luminosos, aportó una sensación de alegría y optimismo que contrastó con el clima gris de París.


Como una conspiración de cuervos o una travesura de urracas, las modelos se reunían alrededor de estas estructuras gigantes para luego desaparecer. La Alta Costura, parecía decir Blazy, es ese instante fugaz de belleza que se revela y se va. Flown away.

Organza, muselina y el arte de la ligereza

En términos textiles, la organza y la muselina fueron protagonistas absolutas. Las transparencias, rematadas con flecos, bordados sutiles y volúmenes etéreos, reforzaron la idea de liberación que Coco Chanel impulsó desde sus primeras colecciones.

Incluso los íconos de la casa se sometieron a este ejercicio de liviandad: el bolso 11.12 abandonó su material tradicional para reinventarse en pura organza, convirtiéndose más en una extensión del cuerpo que en un accesorio rígido.

Alta Costura como pausa poética

En este nuevo capítulo para Chanel, la Alta Costura no se presenta como un ejercicio de nostalgia, sino como un espacio íntimo de conexión. Matthieu Blazy propone prendas que acompañan a la mujer en distintos momentos del día, que se adaptan, que cuentan historias.

Por unos minutos, la moda se detuvo para ofrecer una pausa poética. Luego, como las aves que inspiraron la colección, desapareció. Libre. Inasible. Y profundamente Chanel.

Desfile de Chanel en París 
Desfile de Chanel en París 
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Desfile de Chanel en París 
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Desfile de Chanel en París 
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