En la Patagonia, donde el petróleo marca el ritmo de la economía y del crecimiento de muchas ciudades, las mujeres empiezan a ocupar espacios que durante décadas estuvieron reservados casi exclusivamente para hombres.
Pero detrás de cada avance hay historias personales de esfuerzo, decisiones difíciles y convicciones que se sostienen en el tiempo.

La de Mariana Cofré es una de ellas. Fue mamá a los 17 años, terminó el secundario siendo madre de tres hijos y comenzó a trabajar muy joven. Con el tiempo encontró en el sindicalismo un espacio desde el cual defender derechos laborales y acompañar a otros trabajadores.
Hoy es concejala en Neuquén por el Movimiento Popular Neuquino y secretaria de la Secretaría de Mujeres y Familia del Sindicato de Petróleo y Gas Privado, un rol desde el que impulsa la participación femenina en una de las industrias más importantes del país.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, comparte su historia y su mirada sobre los desafíos que aún enfrentan las mujeres en el sector energético.
-Tenías 19 años cuando empezaste a interesarte por las condiciones laborales. ¿De dónde nació esa sensibilidad tan temprana por los derechos de los trabajadores?
-En realidad nació mucho antes. Desde muy chica, en mi casa, siendo la única mujer entre tres hermanos mayores, siempre fui la que reaccionaba cuando veía algo injusto. No toleraba el abuso ni las desigualdades y naturalmente salía a defender.
En la escuela me pasaba lo mismo. En la primaria ya reclamaba cuando algo no era justo y en el secundario fui delegada. Ahí empecé a entender que no se trataba solo de reaccionar, sino de representar y organizar.

Cuando empecé a trabajar y viví en carne propia lo que significa depender de un salario, esa sensibilidad tomó más fuerza. Entendí que el trabajo no es solo una fuente de ingreso: es dignidad. Y cuando uno sabe lo que cuesta cada oportunidad, entiende que defender derechos no es confrontar, sino garantizar respeto.
-¿Recordás el momento en que decidiste que no ibas a mirar para otro lado frente a las injusticias laborales?
-No fue un día puntual, sino una acumulación de situaciones. Reclamos que no eran escuchados, decisiones que afectaban a compañeros sin explicación. Entendí que quejarse en silencio no cambia nada. Si uno está dentro del sistema, también tiene la responsabilidad de involucrarse.
-Fuiste mamá a los 17. ¿Cómo influyó esa experiencia en tu forma de trabajar y liderar?
-Ser mamá a los 17 no fue solo asumir una responsabilidad temprana, también fue enfrentar la mirada social. Había juicio, rechazo y comentarios por ser “tan chica”. Eso te endurece, pero también te forma.
No podía recaer en mi mamá con mi responsabilidad. La peleamos juntas. Ella había perdido su trabajo como bancaria y yo estaba embarazada. Trabajamos de todo para salir adelante.
Con el tiempo llegó mi primer empleo en blanco, en 2003, en Grupo Exa, una empresa de informática donde también fui la primera mujer. Allí tuve mi primer jefe y mentor, alguien que me dio la oportunidad de demostrar mi capacidad. Y cuando alguien confía en vos, cambia tu perspectiva.
Ese proceso me enseñó algo que me acompaña hasta hoy: nadie va a venir a resolver tu vida. Tenés que prepararte, trabajar y sostenerte en tus convicciones.
Cada etapa fue una escuela. Terminé el secundario en 2010 siendo mamá de tres hijos y el año pasado me recibí como Técnica Superior en Relaciones Laborales. Hoy tengo cuatro hijos y una nieta de cuatro años.

-Cuando ingresaste a Venver en 2013 como la primera mujer contratada, ¿qué fue lo más difícil: la resistencia externa o tus propios miedos?
-Siempre hay miedos cuando uno entra a un espacio donde nadie se parece a vos, como era el petróleo en ese momento. Pero lo más desafiante fue la mirada externa, esa sensación de estar siendo evaluada constantemente.
Ingresé como recepcionista y, a los cuatro meses, ya era responsable de Recursos Humanos. Ese crecimiento se dio por trabajo, compromiso y preparación. Con el tiempo mis compañeros supieron adaptarse a mi presencia como compañera y yo a ellos.
Aprendí que la única forma de atravesar esos desafíos es trabajar y dejar que los resultados hablen.
-¿Hubo algún momento en el que pensaste en bajar los brazos?
Momentos difíciles siempre hay. Pero bajar los brazos nunca fue una opción real. Cuando uno entiende que su esfuerzo abre camino para otros, el cansancio pesa menos.
Además tuve una madre que me enseñó algo muy claro: cuando hay personas que dependen de vos, no hay demasiado tiempo para lamentarse. Hay que seguir adelante.
-Hoy sos concejala en Neuquén. ¿Qué te dio el sindicalismo para tu rol político?
-El sindicalismo me dio militancia, esfuerzo y una mirada muy clara sobre la realidad de la gente. También me dio herramientas de gestión y capacidad de negociación.
En el gremio aprendés que no alcanza con tener buenas intenciones: hay que estar presente, escuchar y resolver problemas concretos. Esa lógica es la misma que intento llevar a la política.
Para mí la política tiene que servir para mejorar la vida de las personas y no para servirse de ella.
-Hoy hay alrededor de 1500 mujeres afiliadas al sindicato en la Cuenca Neuquina. ¿Qué cambió en la industria para que eso sea posible?
-Cambió la decisión política y sindical. Durante años la mujer fue invisible en el campo.
Bajo la conducción histórica de Guillermo Pereyra, quien sostuvo el sindicato durante 45 años, comenzó un proceso de apertura. Hoy, con Marcelo Rucci, ese legado no solo continúa sino que se fortalece.
Las oportunidades se abren por capacidad y formación. La tecnología ayudó, pero lo determinante fue confiar en el mérito.
Cuando asumió Marcelo Rucci no llegábamos a 800 mujeres; hoy somos más de 3000 en apenas cuatro años. Ese crecimiento es resultado de gestión y convicción sindical.
-¿En qué áreas siguen existiendo más resistencias para la incorporación femenina?
-Principalmente en los sectores operativos más exigentes y en los mandos medios. Todavía hay una cultura que asocia los “fierros” exclusivamente con hombres. Pero cada vez que una compañera demuestra capacidad operativa o liderazgo, esa resistencia pierde sentido.
-Muchas empresas aún no cumplen el 30%. ¿Qué herramientas tiene el sindicato?
-En nuestro sindicato la incorporación de mujeres no es una cuestión de cupo, sino de capacidad.
No creemos en llenar planillas para cumplir números. Creemos en abrir oportunidades reales. Hablar solamente de cupo muchas veces termina subestimando el talento de las mujeres.

La mujer petrolera no necesita un lugar reservado; necesita la oportunidad de demostrar lo que sabe hacer.
Desde los comienzos hasta hoy pasamos de una presencia casi simbólica a más de 3000 mujeres en la actividad. Ese crecimiento no se explica por una obligación legal, sino por una decisión política y gremial de incorporar por mérito, formación y capacidad operativa.
-¿La brecha hoy es salarial, cultural o de acceso a oportunidades?
En nuestro gremio no existe brecha salarial: a igual tarea corresponde igual remuneración. La brecha es cultural y de acceso a los puestos estratégicos y mejor remunerados.
-¿Qué prejuicios siguen vigentes en los yacimientos?
-El de la “debilidad” o el de la “maternidad”. Son mitos que se derrumban cuando ves a mujeres trabajando bajo cero o en condiciones extremas con total profesionalismo.
-Decís que este trabajo es 24/7. ¿Cómo se compatibiliza la vida familiar con ese nivel de compromiso?
-Es un desafío grande. El petróleo es exigente para todos, pero históricamente a la mujer se le cargó más la responsabilidad del hogar. Por eso impulsamos mejores diagramas y condiciones laborales. No se trata de elegir entre familia o profesión, sino de construir equilibrio.
-¿El cupo femenino fue una puerta de entrada o una etiqueta difícil de llevar?
-Fue una herramienta necesaria en su momento. Pero la etiqueta desaparece cuando se demuestra capacidad. No buscamos lugares simbólicos, sino oportunidades reales.
-¿Qué significa el 8 de marzo en una industria como la petrolera?
En una industria como el petróleo, el 8 de marzo no es un día de festejo. Es un día de memoria. Recordamos a las mujeres que lucharon para conquistar derechos e igualdad, muchas veces enfrentando prejuicios y resistencias que hoy todavía estamos terminando de derribar.
También es un día para reafirmar que lo logrado no se negocia y que todavía queda camino por recorrer.
Y mientras el mundo habla del 8M, nosotras estamos en el campo, en las plantas y en los equipos de trabajo, haciendo lo que sabemos hacer: trabajar. Porque la mejor forma de honrar esa historia es seguir demostrando, todos los días, que el compromiso y la capacidad no tienen género.
-¿La igualdad en el petróleo es una batalla ganada o recién empieza?
-Es un proceso que está en marcha. Se avanzó mucho en los últimos años, especialmente en el acceso de las mujeres a la actividad, pero todavía queda camino por recorrer.
La igualdad real se va a consolidar cuando el género deje de ser un tema de conversación y lo que importe sea únicamente la preparación, el trabajo y el compromiso de cada persona dentro de la industria.
-¿Cuál fue el momento en el que sentiste orgullo de ser mujer en este sector?
Cuando se creó la Secretaría de la Mujer dentro del sindicato bajo la gestión de Guillermo Pereyra. Las mujeres dejaron de estar solas y pasaron a tener respaldo institucional. Eso marcó un antes y un después y es un orgullo inmenso.
-¿Qué legado querés dejar?
-Quiero dejar un camino más claro para las que vienen. Que la mujer que ingrese mañana a la industria no tenga que atravesar las mismas barreras que muchas tuvimos que enfrentar para ser reconocidas.
Que pueda trabajar, crecer y hacer carrera en igualdad de condiciones, donde lo que realmente se valore sea la capacidad, la responsabilidad y el compromiso con el trabajo.
-¿Cuál es el techo de cristal que todavía querés romper?
El de la toma de decisiones operativas. Todavía necesitamos ver más mujeres dirigiendo equipos, liderando operaciones y ocupando responsabilidades en distintos niveles de la actividad.
El desafío ya no es solo ingresar al sector, sino poder desarrollarse y crecer profesionalmente en todos los espacios. Cuando más mujeres participen también en los ámbitos donde se toman decisiones, la industria va a reflejar mejor la capacidad y el talento que ya existe en el campo.
-¿La agenda de género en la industria petrolera está realmente instalada o todavía es un discurso?
-Está en transición. Hay avances reales, pero todavía falta que muchas empresas lo asuman como convicción y no solo como obligación.
-Vaca Muerta es uno de los motores económicos del país. ¿Qué rol deberían ocupar las mujeres en esta nueva etapa de desarrollo energético?
-Un rol central y técnico. No somos acompañantes del desarrollo: somos parte de la fuerza laboral que impulsa el país.
-¿Qué políticas públicas hacen falta para acelerar la equidad en Oil & Gas?
-En primer lugar, fortalecer la formación técnica y profesional. La industria petrolera requiere capacitación específica y es importante que más personas tengan acceso a esa formación desde el inicio. Cuando se amplían las oportunidades de capacitación en oficios y carreras vinculadas a la energía, también se amplía la posibilidad de ingreso a la actividad.
También es clave acompañar el crecimiento de la industria con infraestructura y planificación que estén a la altura de lo que representa Vaca Muerta para el país. El desarrollo energético necesita trabajadores preparados, condiciones laborales claras y oportunidades reales de crecimiento dentro de la actividad.
En este sentido, nuestro secretario general Marcelo Rucci lo ha planteado en muchas oportunidades: el crecimiento de la industria debe ir de la mano del desarrollo de su gente. Vaca Muerta no solo es un proyecto energético, también es una oportunidad de trabajo y desarrollo para miles de familias.
Por eso la discusión no pasa solo por cuántas mujeres ingresan a la industria, sino por garantizar que las oportunidades se construyan desde la formación, el mérito y la preparación. Cuando la capacitación y el acceso al trabajo se amplían, la industria crece y se vuelve más sólida para todos.
-Si tuvieras que hablarle a una chica de 18 años que piensa que el petróleo “no es para ella”, ¿qué le dirías?
-Le diría que no se limite antes de intentarlo. Muchas veces nos dicen que ciertos trabajos no son para nosotras, y eso termina condicionando decisiones.
El petróleo, como cualquier otra actividad, es un lugar de trabajo que exige preparación, responsabilidad y compromiso. Si una mujer tiene ganas de aprender, capacitarse y trabajar, tiene que animarse.
Nada reemplaza al esfuerzo y a la formación. Cuando uno demuestra capacidad y seriedad, el respeto llega. Y lo importante es entender que el futuro profesional no lo define el género, lo define el trabajo que cada uno está dispuesto a hacer.
-¿El petróleo argentino está preparado para ser realmente inclusivo o todavía es un club de hombres?
-Históricamente lo fue. Pero esa realidad está cambiando. Cada vez hay más mujeres capacitadas ocupando distintos roles y demostrando que el trabajo en el campo, en las plantas o en la operación no tiene género.
Hoy el desafío ya no es solo ingresar, sino consolidar ese lugar y seguir creciendo dentro de la industria. Cuando las oportunidades se abren y el mérito es lo que cuenta, la presencia de mujeres deja de ser una excepción para convertirse en parte natural de la actividad.


