A 21 años del tsunami de Tailandia: la historia de Carolina Vardabasso, la argentina que volvió a vivir después de perderlo todo - Revista Para Ti
 

A 21 años del tsunami de Tailandia: la historia de Carolina Vardabasso, la argentina que volvió a vivir después de perderlo todo

El 26 de diciembre de 2004, Carolina Vardabasso sobrevivió al tsunami que devastó el sudeste asiático, pero perdió a su marido y a su bebé de un año. El duelo, la culpa y la lenta reconstrucción de su vida.
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El 26 de diciembre de 2004, Carolina Vardabasso Blanco estaba de vacaciones en las islas Phi Phi, en Tailandia, junto a su marido, Diego Talevi, y su hijo Bruno, de apenas doce meses. Habían viajado desde Malasia, donde vivían por trabajo, para pasar unos días de descanso en un lugar que prometía calma. El mar, ese día, no cumplió la promesa.

El tsunami arrasó con la isla en cuestión de minutos. Carolina sobrevivió. Diego y Bruno no.

El año pasado, Carolina habló de lo ocurrido con una templanza que no niega el dolor. No lo suaviza ni lo embellece. Lo nombra. “Entendí que las cosas malas no solo les pasan a los otros. Le pueden pasar a cualquiera”, dice. Y aclara algo fundamental: entender no significa aceptar. “Nunca voy a poder aceptar que ellos hayan muerto en el mejor momento de mi vida”.

Una vida antes del mar

Carolina y Diego se habían conocido en unas vacaciones en Florianópolis. Ella vivía en Rosario; él, en Buenos Aires. Durante tres años sostuvieron una relación a distancia hasta que se casaron, en enero de 2000. Compraron un departamento y empezaron a proyectar una vida juntos.

Poco después, Diego recibió una propuesta laboral para trasladarse a Asia. Decidieron aceptar. Bruno nació en Singapur en diciembre de 2003 y fue profundamente deseado. Durante esos años, viajaban siempre que podían y aprovechaban su estadía para conocer distintos destinos de la región.

Pasar la Navidad de 2004 en Phi Phi Islands parecía una elección lógica: poco tiempo libre, vuelos largos de regreso a la Argentina y un destino tranquilo, ideal para viajar con un bebé.

Cuando el paraíso se volvió infierno

El 26 de diciembre, Carolina estaba en la habitación del hotel preparando una mochila para una excursión. Diego había salido a buscar dinero. Cuando volvió, estaba alterado. “Dame al gordo y vamos”, le dijo. Afuera había gritos, gente corriendo. Algo no estaba bien.

El agua empezó a entrar de golpe. Primero a los tobillos. Después a la cintura. Carolina nunca se dio vuelta para mirar. Caminó como pudo, empujada por la corriente. En un momento, Diego —con Bruno en brazos— se separó de ella y se sostuvo de un balcón. Fue la última vez que los vio.

A Carolina el agua la arrastró. Perdió el control del cuerpo, el aire, la orientación. “Hubo un momento en el que pensé: hasta acá llegué”, recuerda. Cuando el movimiento cesó, pudo respirar. Estaba atrapada bajo un techo, desde donde fue rescatada. Salió con vida. Con heridas. En shock. Y completamente sola.

El después inmediato

Esa misma tarde fue trasladada a Phuket, donde recibió atención médica. Pasaron horas hasta que pudo pedir un teléfono. Anotó a Diego y a Bruno en listas de personas desaparecidas. Todavía no dimensionaba la magnitud de la tragedia.

Al día siguiente, logró comunicarse con su mamá. Le dijo que estaban bien. La verdad llegó después. Fue su madre quien le confirmó que los cuerpos habían sido encontrados. Carolina dice que, en el fondo, ya lo sabía.

Regresó primero a Singapur, donde estuvo internada durante semanas, y luego a la Argentina.

Vivir sin ellos

El duelo no fue lineal ni breve. Carolina habla de la culpa como uno de los sentimientos más difíciles de atravesar. “Cuando no hay un culpable, te empezás a culpar vos”, explica. Las hipótesis —qué hubiera pasado si hacía algo distinto— se repiten una y otra vez, incluso después de años de terapia.

Durante un tiempo vivió en Buenos Aires, en el departamento que había comprado con Diego. No quería volver a Rosario. Sentía que quedarse allí era aferrarse a lo último que le quedaba de su proyecto de vida.

Hizo terapia intensiva. A veces varias veces por semana. “No hay una forma de volver atrás. Tenés que aprender a vivir con eso”, dice.

Con el tiempo, volvió a trabajar, reconstruyó su autonomía, aprendió a sostenerse sola. “Tuve que empezar de cero. Desde pagar una boleta hasta generar mis propios ingresos”.

Seguir

Carolina no romantiza la tragedia ni habla de “aprendizajes” fáciles. Dice algo más honesto: que uno sigue, incluso cuando no quiere. Que levantarse al día siguiente no siempre es una elección, pero ocurre.

Años después del tsunami, volvió al mar. No fue inmediato. No fue sencillo. Pero fue posible.

En 2011 dio una charla TEDx en Rosario. Allí dijo algo que resume su recorrido: que quedarse en el lugar de víctima es comprensible, pero quedarse para siempre es una forma de perderse. “Aunque el camino no siempre se elija, vale la pena transitarlo”, afirmó.

Veintiún años después, Carolina sigue extrañando todos los días. Pero también sigue viva. Y eso, para ella, ya no es poco.

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