Nico Cabré y Laurita Fernández se conocieron en 2018 durante los ensayos de la obra musical "Sugar", donde compartían elenco y protagonismo. En ese entonces, la conexión entre ambos fue inmediata: pasaban muchas horas juntos en la sala de ensayo, en la previa al estreno y en las funciones que consolidaron el gran éxito teatral del año.
Ese vínculo laboral creció en confianza y cercanía hasta que, meses después, comenzaron a aparecer los primeros rumores de romance.

A mediados de 2018, confirmaron públicamente que estaban en pareja. Lo hicieron con naturalidad, sin grandes declaraciones, pero evitando el misterio: la bailarina habló brevemente en los medios asegurando que estaba feliz, mientras Cabré –siempre más reservado– se limitó a acompañar los dichos sin entrar en detalles.
Al poco tiempo, comenzaron a mostrarse más integrados en la vida cotidiana: compartían momentos en familia, salidas y escapadas, y la relación se veía consolidada. Fernández vivía en Capital Federal y Cabré alternaba su tiempo entre sus compromisos laborales y el tiempo con su hija, Rufina. Aunque no convivían formalmente, pasaban muchos días juntos y habían encontrado una dinámica que funcionaba.
La relación fue intensa, afectuosa y muy acompañada por el público, que seguía cada paso de la pareja tanto en redes como en los ciclos televisivos donde Laurita trabajaba.
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La pareja atravesó varias crisis. La primera ruptura fue en 2019, aunque se reconciliaron meses después. El golpe definitivo llegó en 2020, en plena pandemia, cuando decidieron convivir por un tiempo en un intento de apuntalar la relación.
Esa convivencia, según ambos contaron en entrevistas posteriores, fue un punto de inflexión: las diferencias cotidianas, los ritmos de trabajo distintos y el desgaste emocional los llevaron a tomar distancia.

Finalmente, la separación definitiva se produjo entre fines de 2020 y comienzos de 2021. Laurita fue quien confirmó la noticia públicamente, asegurando que había sido una decisión tomada con respeto y cariño, y remarcando que no había terceros: simplemente la relación no funcionaba como antes.
El motivo principal –según coincidieron en distintas notas– fue el desgaste natural de la pareja, diferencias en la convivencia y proyectos de vida que empezaban a tomar caminos distintos. La separación fue en buenos términos y, como ambos expresaron, con afecto y sin conflictos mediáticos.
Hoy, cuatro años después de aquella ruptura, sus vidas avanzaron por caminos separados. Laurita se consolidó como conductora, actriz y figura central del mundo del espectáculo. Hizo teatro, televisión y radio, y se enfocó fuertemente en su carrera actoral y de conducción. Mantiene un perfil activo en redes sociales, donde comparte proyectos, rutinas de entrenamiento y su vida cotidiana.
Nicolás Cabré, por su parte, siguió apostando al teatro y eligió un perfil aún más reservado. Muy enfocado en su rol como padre y en trabajos teatrales, mantiene una vida más tranquila, alejada de la exposición mediática constante. En diciembre, se casará con Rocío Pardo.
Aunque la relación terminó, ambos continuaron sus vidas sin cruces públicos ni conflictos posteriores, manteniendo la discreción que caracterizó a la pareja desde el inicio.
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