La muerte de Héctor Alterio, a los 96 años, generó una profunda conmoción tanto en la Argentina como en España, los dos países que marcaron su vida personal y profesional. Dueño de una trayectoria excepcional, también construyó una historia familiar sólida, atravesada por el compromiso, el trabajo y el amor por el oficio.
Una compañera de toda la vida
Alterio nació en Buenos Aires en 1929 y se casó en 1969 con Ángela “Tita” Bacaicoa, su compañera durante más de cinco décadas. Juntos atravesaron los años de mayor crecimiento profesional del actor y también uno de los momentos más difíciles de su vida: el exilio en España en 1975, luego de haber sido amenazado por la Triple A en un contexto de fuerte violencia política en la Argentina.
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Instalados en Madrid, reconstruyeron su vida familiar sin romper nunca el vínculo con el país natal de Alterio, al que regresó en numerosas oportunidades para trabajar y recibir homenajes.
Ernesto y Malena Alterio, el legado familiar
Héctor Alterio fue padre de Ernesto Alterio, nacido en 1970, y Malena Alterio, nacida en 1974. Ambos crecieron rodeados de escenarios, ensayos y rodajes, y con el tiempo siguieron los pasos de su padre en la actuación.

Ernesto desarrolló una carrera sólida en cine, teatro y televisión, con trabajos destacados tanto en España como en Argentina. Malena, por su parte, se convirtió en una de las actrices más reconocidas de la escena española, con gran popularidad y prestigio artístico.

Aunque siempre mantuvo un perfil bajo en su rol de padre, Alterio acompañó de cerca el recorrido profesional de sus hijos y celebró sus logros, orgulloso de que el amor por el arte continuara en la familia.
Una vida marcada por el exilio y el reconocimiento
En España, Héctor Alterio consolidó una segunda etapa de su carrera y trabajó con figuras clave del cine europeo. Sin embargo, nunca dejó de actuar en producciones argentinas y fue parte de películas fundamentales como La tregua, Camila, La historia oficial —ganadora del Oscar— y El hijo de la novia, entre muchas otras.

En 2004 recibió el Goya de Honor, y en los últimos años fue distinguido en la Argentina como Personalidad Emérita de la Cultura, reconocimiento que celebró junto a su familia. El premio fue entregada por sus propios hijos, en una ceremonia que será recordada por siempre.
La última aparición en pantalla, junto a su hijo
El recorrido artístico y familiar de Héctor Alterio tuvo también un cierre profundamente simbólico. Su última aparición en pantalla fue en la serie española Su Majestad, una comedia de Prime Video, donde compartió una escena con su hijo Ernesto Alterio.

La participación fue breve pero cargada de sentido: en el segundo episodio, Alterio interpretó a un anciano que dialoga con la princesa doña Pilar, personaje de Anna Castillo, en una escena atravesada por el humor y la ternura, que hoy queda resignificada como su despedida involuntaria de las cámaras.

En diálogo con la agencia EFE, el actor destacó lo especial de ese momento: “Fue algo fugaz, pero muy divertido trabajar con él. La casualidad de estar juntos en una escena con un guion tan divertido fue un regalo inesperado”, dijo sobre la experiencia compartida con su hijo.

Padre e hijo ya habían coincidido anteriormente en la serie Vientos de agua, de Juan José Campanella, donde interpretaron al mismo personaje en distintas etapas de su vida. Esa complicidad artística y humana volvió a quedar reflejada en Su Majestad, que terminó convirtiéndose, sin que nadie lo supiera entonces, en la última huella audiovisual de Héctor Alterio.

La historia de Héctor Alterio es, así, la de un artista inmenso, pero también la de un hombre profundamente ligado a su familia, que lo acompañó en cada etapa de una vida dedicada por completo al arte.
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