Hay días que una ciudad recuerda para siempre. En Bahía Blanca, el temporal que hace un año convirtió las calles en ríos todavía vive en la memoria de quienes lo atravesaron. No solo por la fuerza del agua, sino por las historias que dejó detrás: rescates desesperados, familias separadas por horas y pérdidas que todavía duelen.
Para Ramiro Asencio, bombero voluntario, ese día comenzó antes del amanecer. Había alerta meteorológica, pero nadie imaginaba la dimensión de lo que vendría. Mientras salía a rescatar vecinos atrapados por la inundación, también pensaba en su esposa, que estaba embarazada.
Durante horas no supo si estaba a salvo. Meses después nació su hija Aurora. “Muchos dicen que una nenita tan chiquita no puede traer tanta felicidad… pero Aurora vino a recomponer muchos corazones”, dice hoy con su beba de siete meses en brazos.

Y en esa frase parece concentrarse algo que la ciudad aprendió después de la tormenta: que incluso cuando el agua arrasa con todo, la vida encuentra la forma de volver a empezar.
-Cuando pensás en aquel día de la inundación, ¿qué es lo primero que se te viene a la mente?
-Es una una mezcla un poco de de de emociones, pero principalmente es que nosotros el día anterior, habíamos armado un un plan para sabiendo que venía una lluvia torrencial, había alerta naranja y nos habíamos preparado para dar una primera respuesta.
A mí me tocó trabajar toda la noche y estaba a contraturno con Flor, que es mi señora. Estando toda la noche en el trabajo, vi la cantidad de agua que había caído durante las primeras horas que ya no era normal... Ella me empezó a llamar porque no podía ingresar la combi a casa a buscarla, las calles estaban muy annegadas.
Entonces yo le dije: "Flor, quédate tranquila que que se van a arreglar con los relevos, de alguna forma". Ella -de igual forma salió con el vehículo de casa -y se fue al cuartel, se puso de acuerdo con el transporte y se vino al trabajo.
No nos cruzamos en la entrada como siempre. Recibimos algunas primeras imágenes de los mismos compañeros con parte de Bahía Inundada. Nosotros teníamos agua de de bote a bote en las veredas, pero no había llegado todavía a las casas. Si bien habían tenido que evacuar alguna parte baja o alguna casa por la lluvia, no había habido servicio de consideración hasta el momento. Era cerca de las 7 de la mañana.

Posterior a eso sale el primer servicio y fuimos con un grupo de compañeros a un paraje en Sauce, a ayudar a una familia que estaba arriba del techo de la casa. Se estaba resguardando ahí porque el nivel del arroyo ya había subido más de lo habitual. Eramos cuatro en el camión, un todoterreno, y nos costó llegar... Cuando estábamos muy cerca, no pudimos avanzar más porque el nivel de agua de la calle hacía flotar al camión. Esa es la primera imagen que se me viene a la a la cabeza... Teníamos que hacer retroceso de una tarea que teníamos asignada.

-¿Hay alguna imagen o sonido de esa jornada que todavía te acompañe?
-Hay imágenes y y sonidos, pero recuerdom cuando voy circulando por las calles, todo lo que fuimos viviendo ese día. Hasta hace muy poco, por ejemplo, en la ruta estuvieron los vehículos de la combi en la que fallecieron las nenas y el chofer. Recordaba eso cada vez que pasaba porque no tuvimos oportunidad de poder ayudar ahí.
-¿En qué momento tomaste dimensión de que no era una emergencia más?
-Cuando flotó el camión que es todoterreno. El agua corría en la calle como si fuera un río y en una parte, el camión no hizo pie y flotó, se corrió hacia un costado... No pudimos llegar a ayudar a esa familia y veía que que todo el alrededor se estaba inundando y que el agua estaba llegando a la ruta.
Entonces tomamos una decisión: dimos aviso a nuestro cuartel que se preparara de otra forma buscando embarcaciones y comenzamos a empezar a cortar el tránsito en la ruta y a evacuarlo. Les pedimos a los conductores que se vuelvan hacia Médanos. Cuando llegamos a a la planta de AGT, es el kilómetro 702, ahí corría el Saladillo de García con muchísima fuerza, había arrastrado vehículos y hasta camiones, flotaban elementos de gran porte. Ahí tomamos dimensión de lo que estaba pasando.

-¿Qué fue lo más difícil que te tocó vivir como bombero ese día?
-Lo más difícil que me tocó fue quedar a la espera de una herramienta y no poder usarla porque no podíamos pasar para el lado del pueblo de Cerri. La espera desesperaba. Y darnos cuenta de que el temporal se iba a cobrar alguna vida. Había mucha gente vulnerable...
-¿Sentís que después de esa inundación cambió algo en vos?
- Siempre fui muy empático con los demás. Y después de lo que viví, elegí darle un poco más de valor a la familia, a compartir los momentos con los amigos.
-Mientras estabas trabajando y ayudando a otros, ¿qué pasaba por dentro tuyo?
-Una vez que nosotros pudimos evacuar la ruta, empezamos a hacer unos rescates en la zona de del Saladillo de García, había familias que estaban encerradas en los vehículos y no podían salir de ahí por sus propios medios. Entonces se me viene a la mente la primera familia que rescatamos, se pudieron refugiar y con mis compañeros nos abrazamos. Fue una emoción muy grande porque estaban en una muy mala situación y solos no iban a poder salir de ésa.
Pensábamos en nuestros compañeros, en las familias de nuestros compañeros que sabíamos que podían de alguna forma estar afectado por el evento. Sabíamos que era de gran magnitud, pero no cuánto había afectado a la localidad porque la comunicación era prácticamente nula con nuestro cuartel.
Casi a la ncohe pudimos comunicarnos. Sabía que mi hijo estaba bien porque Flor que es mi señora ya se había comunicado con él y fueron casi las últimas comunicaciones que tuve con ella y y que en nuestra casa, todo estaba bien porque vivimos en una zona alta. Entonces, por un lado me daba tranquilidad, pero después pensaban en mis compañeros que vivían en otra zona.
-¿En algún momento tuviste miedo?
-Tuve miedo porque es difícil trabajar en un ámbito en el cual no se puede tener el control. Cuando vos no podés controlar el ambiente donde estás trabajando, es muy difícil.
Y sobre todo la experiencia que nos dio la inundación es que tapa todo, no sabés qué hay abajo. La fuerza del agua es muy grande y te puede arrastrar. Como arrastró el camión. Entonces era la responsabilidad de no perder la herramienta y comprometer a nuestros compañeros, porque la decisión también era muy compartida.

-¿Cómo se hace para seguir cuando el cansancio es físico, pero también emocional?
El cansancio físico eh fue terrible porque eh no estábamos preparado nosotros para para una inundación y para trabajar en una inundación. Teníamos botas puestas, se llenaban de agua, la ropa pesaba y caminábamos trechos largos para para alcanzar, por ejemplo, estos vehículos que estaban parados y traíamos a la gente en andas, arriba, o ayudábamos a caminar o a mover cosas y durante mucho tiempo, nos cansábamos y la idea siempre fue mantener el ánimo del equipo para que no se viniera abajo.
Siempre hubo apoyo para que no ganara lo emocional ante lo que estaba pasando.
-Ese día no pudiste comunicarte con tu esposa embarazada. ¿Cómo viviste esas horas?
-Mi esposa trabaja justo en la planta de gas que está enfrente de lo que es el Saladillo de García, que es uno de los arroyos que se desbordó. Pude entablar alguna conversación telefónica en la que me dijo que estaba bien, que se habían podido resguardar. Eso me dio un poco de tranquilidad, pero estaba embarazada y esa situación me jugó bastante en contra, aunque tenía la seguridad de que mis compañeros la iban a cuidar.
Me había dado alguna información también de que nuestra casa estaba bien, de que nuestro hijo también estaba bien, que estaban en lo de los abuelos, que ella se había podido evacuar. Pero con el paso de las horas, las antenas de los teléfonos cayeron. Después de un tiempo largo, pudimos subir a los camiones y ahí tener comunicación por radio.
Se hicieron como las 5 de la mañana y no había mucha más fuerza para seguir. Vinieron mis amigos con sus botes y me dijeron "Vamos a ver a Flor". Había pasado todo el día y toda la noche... A las 5 de la mañana volvimos al lugar donde trabajaba Flor y nos pudimos reencontrar.
Nos abrazamos. Nos dijimos todo lo que teníamos que decirnos con ese abrazo. Toda esta experiencia marcó el nacimiento de mi hija que se llama Aurora. Ella venía con un propósito.

-¿Cómo te marcó Aurora?
-Todos dicen: "No puede traer tanta felicidad una nenita tan chiquita". Después del día del temporal, como no estaban las condiciones para que que Flor esté en casa, viajó a Dorrego, una localidad vecina que queda como a 100 km de Bahía Blanca. Ahí la estaban esperando para que estuviera cómoda y se quedara unos días descansando tras el estrés recibido. Pero al otro día, ella se volvió para Cerri y cumplió con su misión, que era ayudar como todos nosotros: estuvo operando dentro de la guardia la radio, los teléfonos, anotando los requerimientos de los vecinos, asignando los recursos con Aurorita en la panza.

Cada uno que venía le tocaba la panza. Cuando pateaba, muchos compañeros se acercaban para sentir cómo pateaba y cómo se manifestaba. Eso fue algo muy lindo dentro de tantas cosas tristes que vivimos. Cada vez me cuesta más porque esto me revuelve todo...
-Dijiste que a la gente le cuesta reponerse. ¿Qué ves hoy en los vecinos, un año después?
-Es impresionante lo que le cuesta reponerse a la gente todo lo que vivió. Pasó un año y en cualquier lado, siempre hay algo que lo relaciono a la inundación y la gente te empieza a contar lo que vivió. Cuesta reponerse de las pérdidas, del sufrimiento, de lo que costó toda la vida y que de un segundo al otro, ya lo no lo tenés más. Y tenés que trabajar duro en pos de que la cosa mejore.
-¿Qué heridas quedan cuando el agua baja?
Quizás esto de las pérdidas de lo material que te dije recién. Y más que nada en la gente grande veo esto de que perdieron los recuerdos, las cosas de valor, las fotos, las cartas... Eso duele más que una mesa o la tele.
-¿Cómo impactó la inundación en tu propia familia?
-En mi familia la inundación impactó de varias maneras. Por parte de Flor, sus papás, sus tíos, sus primos fueron afectados y hubo que mandar gente a ayudar a limpiar, a acomodar un poco la casa para que pudieran vivir. Fuimos refugio de nuestra familia y de muchas personas. En la casa de mi abuela que se había salvada porque está en una zona alta, se quedaron más de 10 personas.
-¿Se habla lo suficiente de lo emocional después de una tragedia así?
-No, nunca se habla lo suficiente. Nosotros tenemos charlas individuales, grupales. Un día nos juntamos con mis compañeros a hablar, teníamos planificado una charla de dos o tres horas y habían pasado seis y teníamos que ir a trabajar el otro día... Pero había que escuchar hasta el último pedazo de historia para poder armarla y recomponerla. Ese trabajo nos ayudó mucho.
-Meses después nació Aurora. ¿Qué significó su llegada en ese contexto?
-Nosotros teníamos fecha para el 9 de julio, Aurora se hizo esperar hasta el 18. Toda la gente estaba muy pendiente de ese nacimiento por lo especial que es la mamá y por todo lo que significó en ese contexto.
Siempre le digo a Flor que para todo lo que nos proponemos en la vida, siempre sale el sol. O sea, pase lo que pase, siempre sale el sol. Y por eso, la llamamos Aurora, que significa la de los rayos del sol naciente. Por eso elegimos su nombre.

-¿Sentís que ella representa algo más que un nacimiento?
-Y sí, representa algo más que un nacimiento. Creo que se encargó de recomponer los corazones de más de uno de mis compañeros, de la familia. Es muy grande la responsabilidad que tuvo, mi hija.
Al principio, todos querían venir a verla y encontrar ese momento para tenerla a upa y conocerla. Ella es unión, es alegría, fortaleza... Ya tiene 7 meses y estamos muy felices.
-¿Te cambió la forma de mirar todo lo que pasó?
-Y obvio que sí. Si bien yo ya tengo tengo un hijo que se llama Demián, tiene 18 años y hoy en día es bombero, cuando tenés un bebé cambian las prioridades. Cambian las formas de ver las cosas.
-¿Hay algo que te gustaría que ella sepa algún día sobre lo que viviste en esa inundación?
-Sé que esto pasa a ser una historia que tenemos que aprender y a recordar a todos los actoresque fueron parte. Ella ella va a saber.
- ¿Dónde encontraste fuerzas en los meses posteriores?
-Como todo lo que se rompe, se tiene que recomponer. Hubo mucho trabajo en los días posteriores, los meses posteriores a este evento. Nosotros recibimos ayuda de mucha gente, de muchos lugares del país. Muchos compañeros fueron afectados y fue estar ahí para que el resto estuviera mejor, también para sanarme, compartir las alegrías y dividir las tristezas. Fue la forma de encontrar la la fuerza para los días que siguieron.
-¿Qué te devolvió la alegría?
-Si la enumero, en principio, fue el nacimiento de mi nena, después el pase a bombero de mi hijo, porque él de alguna forma asumió ese compromiso de tantos años que estuvo en el cuartel para eh para hacer al fin y al cabo lo que somos nosotros. Saber que la familia y los amigos estaban bien es lo que lo que me trajo la alegría. Y ver cómo las familias se podían ir recomponiendo también.
-Si tuvieras que definir este año en una palabra, ¿cuál sería?
-Sería resiliencia.
-¿Qué le dirías hoy a las familias que todavía están intentando reconstruirse?
-Creo que las alentaría hacia la resiliencia, que se apoyen en eso, que todos tenemos la capacidad de salir adelante, siempre hay que ir para adelante. Resiliencia sería la palabra y es lo que también le diría a todas esas personas que intentan reconstruirse en lo material y en lo espiritual también.
-¿Qué aprendiste sobre la vida, la vocación y la familia después de todo esto?
-Que -como dice el papá de Flor- que hay que vivir el momento.

-Este fin de semana celebrás 25 años como bombero. Si mirás hacia atrás, ¿qué ves en ese joven que empezó?
-La vocación es algo que se lleva dentro. Creo que todos tienen que tener vocación en algo en la vida y la familia es el pilar fundamental para llevar adelante todo. Si no encontrás el apoyo en tu familia, es muy difícil sobre todo en la actividad que llevamos adelante.
Este fin cumplo 25 años de que se entré la escuela como cadete de bombero. Me invitó un amigo que se llama Fernando, me dijo, "Che, estoy yendo al cuartel, abren inscripciones, van a abrir en la escuela de bombero". Con toda la ilusión, fui al cuartel y traje la ficha para casa para completar la inscripción. Ahí empezó todo un camino que me dio montones de cosas, sobre todo me dio la vocación, el profesionalismo de ser bombero y después me trajo todo el resto, amigos, familia satisfacciones de todo tipo.

-¿Recordás tu primera salida? ¿Qué sentiste?
-La primera salida fue un cable caído. Mi primer incendio, me bajé del camión y salí corriendo. Mi padrino me enseñó que me tenía que tomar las cosas con calma, que tenía que ver la situación, todo eso. Que después fui aprendiendo y con el paso del tiempo, la experiencia te la da el servicio.
-¿Hubo algún momento en estos años en que dudaste de seguir?
-En el camino quedan un montón de compañeros y siempre hay que poner en la balanza, aunque a veces cuesta, la familia, el trabajo, antes que los bomberos, pero se puede.
-¿Qué te sostuvo durante tanto tiempo en el cuartel?
-Fue la vocación. El lema del bombero es sacrificio, valor y abnegación. Eso fueron las tres cosas que me sostuvieron durante todo el tiempo. Las ganas de ayudar, una vez que entrás en un círculo que se te cierra por todos lados, cada vez que pueda ayudar a una persona, un rescate, un incendio, te pones de acuerdo con otros cuarteles y te juntás en una cruzada solidaria y salís a dar una ayuda profesional. Ni hablar de los compañero que tengo y todos los amigos que conocí.

-¿Ser bombero se elige una vez o se elige todos los días?
-Sí, o sea, muchas veces estamos cansados, llegamos a la casa, estamos cenando y suena la alarma, y ahí elegís si vos querés ser bombero y dejar lo que tenés que hacer, una fiesta con la familia, un 25 de diciembre, un 31 a la noche, un cumpleaños... Todo el tiempo estás eligiendo ir a ayudar, sabés que alguien te está necesitando.
-¿Cuánto resigna la familia cuando uno elige esta vocación?
-Se resigna mucho. Salir un fin de semana a disfrutar, las fiestas... Justo tengo la suerte de poder compartir la profesión con toda la familia. Entonces, si bien muchas veces sale en charla o tenemos diferencia entre las ideas, al fin y al cabo, todos estamos en la misma dentro de la familia. Así que no no he tenido conversaciones difíciles por eso.
-¿Te imaginás otros 25 años con el uniforme puesto?
-Yo creo que lo voy a dejar sentado: cuando me entierren quiero que me pongan el traje de bombero. Creo que después de los 60 años ya no podemos salir más, tenemos la misión que cumplir dentro del cuartel, ayudar de otra forma, pero siempre voy a lucir el uniforme de bombero representando a mi institución donde sea que tenga que ser.
-Si pudieras hablar con el Ramiro que recién empezaba, ¿qué le dirías?
-Le diría que es el camino, que siempre se capacite, que siempre cuide a la familia, que la respete, que se cuide y cuide a los compañeros ante todo, que siempre sea humilde, que sepa por que está y por qué ingresó a la escuela de cadetes de bomberos.
-¿Qué significa hoy, para vos, la palabra “vocación”?
-Para mí es vocación es servicio, es entregarse. Es hacer las cosas desde el corazón, con sentido, con un propósito, con una responsabilidad. Este año cumplimos 40 años también en el cuartel, una noble institución que me dio todo lo que tengo.


